Washington, D. C., 23/09/26 (Más).- Autoridades de Estados Unidos mantienen una alerta creciente por el desarrollo de capacidades de los cárteles latinoamericanos para operar drones cada vez más sofisticados, especialmente ante indicios de que organizaciones criminales buscan incorporar conocimientos adquiridos directamente en la guerra entre Rusia y Ucrania, donde esta tecnología se ha convertido en una de las principales herramientas de reconocimiento y combate.
De acuerdo con información publicada por The Washington Post, una evaluación interna del gobierno estadounidense advierte que el avance tecnológico de los grupos del narcotráfico podría complicar las operaciones para frenar el tráfico de drogas y combatir sus estructuras criminales.
Funcionarios conocedores del análisis señalaron además que las autoridades antinarcóticos de Estados Unidos y México no estarían suficientemente preparadas para enfrentar la evolución acelerada de estas capacidades. Una de las principales preocupaciones radica en el reclutamiento de personas con experiencia reciente en el frente de batalla ucraniano.
Según funcionarios estadounidenses y mexicanos consultados por el diario, los cárteles han recurrido al dinero y, en algunos casos, a amenazas para atraer principalmente a ciudadanos colombianos que regresan de Ucrania, mientras que también existen indicios de que integrantes vinculados con organizaciones criminales han sido enviados a ese país para adquirir experiencia militar.
El conocimiento obtenido en ese conflicto podría permitir a las organizaciones mejorar el alcance y efectividad de sus aeronaves no tripuladas.
Las autoridades han detectado interés en frecuencias alternativas de comunicación, mecanismos para evadir sistemas de interferencia electrónica y modelos capaces de permanecer durante más tiempo en vuelo, además de transportar cargas mayores que los aparatos empleados actualmente por los grupos criminales.
Uno de los funcionarios estadounidenses consultados anticipó que las habilidades adquiridas mediante experiencia militar directa podrían comenzar a reflejarse en las operaciones de los cárteles durante los próximos meses. “Regresarán en mejores condiciones, mucho mejor entrenados y con equipos muy superiores”, afirmó una fuente vinculada con operaciones antinarcóticos.

El Departamento de Estado estadounidense informó que mantiene coordinación con agencias policiales de su país y con autoridades ucranianas para adoptar medidas que mitiguen el riesgo de transferencia de habilidades de combate, al tiempo que incorpora conocimientos derivados del conflicto europeo para contrarrestar la amenaza que representan los drones de los cárteles.
Los departamentos de Justicia y la Administración de Control de Drogas no ofrecieron comentarios al periódico.
Los drones ya forman parte de las operaciones cotidianas de diversas organizaciones mexicanas. Las autoridades han documentado su utilización para vigilar movimientos de las fuerzas de seguridad, explorar rutas utilizadas para el contrabando y obtener información sobre operativos desplegados en ambos lados de la frontera. A estas tareas se suma la preocupación por su potencial utilización para transportar explosivos o realizar ataques.
Estados Unidos ha respondido incrementando sus capacidades antidrones. Según la información conocida por The Washington Post, durante un periodo comprendido entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre fueron empleados sistemas láser de alta energía a los que mandos militares atribuyeron el derribo de 11 aeronaves no tripuladas consideradas vinculados a los cárteles.
El general retirado Glen D. VanHerck, excomandante del Comando Norte de Estados Unidos y del Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica, consideró que la evolución de estas capacidades podría extender el desafío más allá de la vigilancia fronteriza. “Utilizarán técnicas para contrarrestar nuestros drones de vigilancia, e incluso podrían llegar a atacarlos de formas propias de un escenario de combate”, señaló.
Para VanHerck, uno de los riesgos más importantes podría presentarse fuera de la franja fronteriza, donde grupos criminales podrían recurrir a drones cargados con explosivos para atacar tanto a fuerzas de seguridad mexicanas como a organizaciones rivales. La posibilidad genera preocupación debido al aumento de la capacidad de carga y autonomía de algunas aeronaves detectadas por los servicios de inteligencia.
Un funcionario de inteligencia mexicano indicó que al menos una organización criminal cuenta ya con drones de entre seis y ocho hélices capaces de realizar vuelos de varias horas y transportar cargas superiores a 150 libras.
Otro reporte de inteligencia señala que integrantes de un cártel habrían viajado a China para adquirir aparatos que pueden ser equipados con rifles y actualmente estarían desarrollando conocimientos para operarlos.
A esta situación se suma la posible transferencia de conocimientos desde Colombia, donde diversos grupos armados mantienen relaciones con organizaciones mexicanas. El Clan del Golfo, por ejemplo, ha sostenido vínculos con el Cártel de Sinaloa dentro de las redes dedicadas al tráfico internacional de cocaína.
Especialistas colombianos que regresan de Ucrania pueden recibir ofertas económicas para viajar a México e instruir a grupos de operadores conocidos como “droneros”, de acuerdo con un funcionario mexicano.
Un colombiano que combate actualmente en Ucrania relató al periódico estadounidense que decenas de sus compatriotas se encuentran desplegados en zonas de guerra y que algunos reciben capacitación para pilotar drones y acondicionarlos con explosivos. El entrenamiento, explicó, puede realizarse mediante cursos relativamente breves impartidos dentro de las fuerzas ucranianas.

Ucrania ha minimizado la posibilidad de que el reclutamiento internacional sea utilizado de manera generalizada con ese propósito. Taras Palianytsia, funcionario de la oficina encargada de reclutar extranjeros para el Ministerio de Defensa ucraniano, señaló que los aspirantes son sometidos a revisiones de antecedentes para detectar posibles intenciones criminales y sostuvo que quienes eventualmente pudieran ingresar con objetivos de ese tipo serían una proporción reducida.
El aprendizaje acumulado también preocupa por la experiencia que ya existe en Colombia con aeronaves no tripuladas utilizadas por organizaciones armadas.
Datos de Armed Conflict Location & Event Data muestran que los incidentes violentos relacionados con drones armados pasaron de 38 durante 2024 a 149 en 2025, mientras que para principios de septiembre de 2026 ya se habían registrado más de 200 sucesos, superando el total de todo el año anterior.
La incorporación de estas tecnologías representa un nuevo desafío para las estrategias antidrogas debido a la capacidad histórica de las organizaciones criminales para modificar rápidamente sus métodos frente a las acciones gubernamentales. Operativos estadounidenses contra embarcaciones utilizadas en el tráfico de narcóticos han llevado, según reportes previos, a cambios de rutas, mayor utilización de barcos comerciales y nuevos mecanismos de transporte aéreo y marítimo.
Funcionarios de ambos países consideran por ello que la disputa tecnológica continuará escalando mientras los grupos criminales busquen sistemas capaces de sortear interferencias electrónicas, radares y otras herramientas diseñadas para neutralizar aeronaves no tripuladas.
El elevado poder financiero de las organizaciones constituye otro elemento de preocupación para las instituciones encargadas de combatirlas. “Sabemos que los narcotraficantes tienen mucho más dinero que nosotros”, afirmó uno de los funcionarios estadounidenses. “¿Cuál es el próximo gran problema al que nos enfrentaremos? Los drones”.
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