Por Horacio Cárdenas Zardoni
Sabemos que los informes de gobierno, así como se estilan en México, son una ceremonia para el lucimiento personal de quien los rinde. Todo el aparato de gobierno está puesto desde semanas y meses antes para evitar que cualquier incidente pueda empañar, no digamos opacar, el momento en el que más debe brillar el gobernante.
Por lo general la talacha de control suele ser eficiente, a la oposición la seducen, la controlan, la presionan, la compran, la chantajean, lo que sea necesario, con tal de que abandonen sus pruritos ideológicos, sus propios afanes protagónicos, o cualquier motivación superficial o soterrada que pudieran tener para echarle a perder su fiesta al mandatario. De estas cosas sabemos poco los ciudadanos de a pie, terminamos dándonos cuenta porque quienes todos los días del año son aguerridos, respondones y contestatarios, se portan como seditas. Sonríen, aplauden, demuestran tener una educación que normalmente se tienen bien guardada, desafortunadamente tendemos a creer que portándose de manera majadera se ganan simpatías, adeptos y votos, bueno, pues para los informes se portan como gente decente.
De hecho el ceremonial, durante los largos años en los que solamente un partido gobernaba, y los demás cuando mucho le servían de paleros, no requería demasiado cuidado de parte de los estrategas de relaciones públicas del gobernante, pero luego cuando comenzó a haber la apertura que mal que bien gozamos, el formato tuvo que ir evolucionando, para igual, mantener protegida la figura y el estado de ánimo del patrón de todos, no fuera que cualquier opositor le fuera a echar a perder el evento, que quería y había encargado que saliera perfectamente coreografiado. Es por eso por lo que ya no hay aquello de la sorpresa, del a ver qué dice el presidente, el gobernador o el alcalde. No, de un tiempo para acá, el informe como tal se va y se entrega, por parte de algún funcionario subordinado, sí de alto nivel, pero no el mero mero, quien se apersona para entregar el documento que pretendidamente contiene todo lo realizado durante el último ejercicio. Siendo así la cosa, con dos, tres o más días de antelación, se supone que el cabildo o los diputados, en cada caso, tienen la oportunidad de leer el documento, hacer sus anotaciones, para hacérselas saber al ejecutivo, y responda a las dudas que se le plantean.
Ah pero aparte de eso, ahora el esquema del informe incluye además la presencia de los funcionarios del gabinete del mandatario, ya no es este quien da la cara por cada una de las preguntas que le hagan. Durante la ceremonia de lucimiento, está prohibida, o digamos que se ve mal, la interpelación, la interrupción de un discurso que viene perfectamente hilado y cronometrado. Para eso son los secretarios y sus comparecencias, allí sí que cada quien explique el porqué y el para qué de cada cosa, además de que se supone que las tienen más frescas que lo que las pueda tener el mandatario.
El informe del presidente municipal de Saltillo no fue la excepción… muy al estilo de años recientes, se había entregado al cabildo tres días antes, con lo que ninguno de los regidores, sobre todo los de oposición, pudieron decir que algo fue sorpresa, para nada. Y si los regidores no preguntan nada, ellos que se supone que son los representantes del pueblo, ¿pues qué puede uno como triste ciudadano de a pie, preguntarle al mandatario?, poco o nada.
Pero bueno, de las cosas que a nosotros nos hicieron algo de ruido de un discurso que lo mismo contó con elementos de presunción, que otros de lo que se hizo pasar como autocrítica, todo esto armado para dar la apariencia de un equilibrio, y que la gente que asistió, y quienes lo vieron y escucharon, se llevaran la impresión de sinceridad. Que es de lo que más se suele apreciar en un político, sobre todo en aquellos que se dicen humanos y humanistas.
Lo que nos llamó la atención fue que el alcalde Javier Díaz González mencionó como un gran logro de la administración el haber incorporado 250 litros por segundo más a la red de distribución de agua, tema que por lo demás, es de los que más le interesan a la población de la capital, aquejada frecuentemente de escasez, sea por razones de mantenimiento, robo de cable, o simple abatimiento de los pozos.
Todos contentos, montón de aplausos ante el dato del aumento y más todavía ante la promesa de una cantidad todavía mayor para el año venidero, pero lo que no explicó el alcalde es ¿Qué onda con la veda que existe para la perforación de nuevos pozos?, y ya más puntualmente, ¿qué onda con la nueva Ley de Aguas Nacionales, nos autoriza a sacar más, o nos restringe?, y mientras acá, saque y saque agua de pozos que están en un nivel todavía no crítico, pero acerçandose peligrosamente a él. ¿Qué onda con esto?, ¿lo tendrán también lucidoramente resuelto?
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