Horacio Cárdenas Zardoni
Hablemos de dos diferencias enormes entre Saltillo y la Ciudad de México. En esta última tiembla, tiembla muy seguido y cuando lo hace, a veces lo hace muy fuerte, no se caen muchos edificios, los que se tenían que venir abajo por estar mal hechos, ya se cayeron, pero se siente bastante feo, al grado que quienes lo han sentido en carne propia, se aterrorizan cuando pasa un camión o un tren, pensando que se trata de otro terremoto. La otra gran diferencia es que la capital del país está considerada el ‘manifestódromo’ más grande del mundo, prácticamente no hay día de la semana, ¡del año!, en que no haya plantones, marchas, movilizaciones, cierres de calles y avenidas, huelgas de hambre, o como aquellos simpáticos señores de la agrupación de los 400 pueblos, que gustaban de desnudarse a la menor provocación.
Por el contrario, en Saltillo no tiembla, y cuando lo llega a hacer, lo tomamos como variedad y como sorpresa, siendo pocos los que lo reconocen en primera instancia como un sismo, antes piensan que fue una explosión en alguna fábrica, un accidente o algo así. ¿y de las manifestaciones?, tampoco las tenemos así como para preocupar a nadie. Por allí cuentan algunos historiadores que las iglesias grandes de Saltillo, la Catedral, San Juan Nepomuceno, el Santuario de Guadalupe, no tienen atrio que pueda mencionarse, porque acá no había una indiada regular, que ameritara meterla en un corral para escuchar la misa dominical y recibir el adoctrinamiento. Y pues sí, seguimos siendo relativamente pocos en Saltillo, lo cual no deja de ser una bendición.
Pero esto no quiere decir que no haya motivos para protestar, ni gente dispuesta a ello. Yo le confieso que hace un par de años, en diciembre me acuerdo, hubo una manifestación de personal médico, que protestaba porque según, no les renovaban sus plazas porque el gobierno de Coahuila no se quería incorporar al IMSS Bienestar. Me tocó en el momento preciso que comenzaban a cerrar el bulevar Venustiano Carranza, y siendo chilango y adivinándoles sus aviesas intenciones, aceleré para sacarles la vuelta, hubo un par de enfermeros o mediquitos que intentaron plantárseme enfrente, me querían de su primera víctima propiciatoria, pero no lo lograron, me les escapé entre una lluvia de obscenidades que con toda atingencia les devolví.
Otra de la que me libré por los puros pelos fue más o menos hace un año, cuando grupos de motociclistas tomaron el Distribuidor Vial El Sarape, en protesta porque la Fiscalía General de Justicia no había actuado con la velocidad que debían, de hecho rara vez lo hacen, en el caso de Jonathan Chávez, arrollado por una camioneta Jeep, cuyo conductor se saltó el rojo del semáforo. Siendo gente del asfalto, los manifestantes supieron dónde pegarle a las autoridades, manteniendo su bloqueo durante varias horas, hasta que doblaron las manitas.
Ahora que el lunes de la semana pasada los integrantes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, sospechosa y convenencieramente respondieron a la convocatoria de la Coordinadora Nacional de lo mismo, se movilizaron para paralizar la ciudad de Saltillo, y ya de pasada otras 35 ciudades de la república, en demanda, según el sello de la casa, de un 100% de aumento al salario, plazas, como 800, y ya entrados en gastos, la derogación de la reforma a la Ley del ISSSTE del año 2007, nos damos cuenta que Saltillo se ha convertido en una ciudad muy fácil de desquiciar, y por ese medio, apretarles el pescuezo a las autoridades, para que se hablen entre ellas, y puedan darles una respuesta razonable a los manifestantes.
Otra de las manifestaciones exitosas, fue aquella que protagonizaron los estudiantes del Tec Saltillo, hoy burocráticamente rebautizado como Tecnológico Nacional de México sucursal Saltillo, quienes protestaban porque el entonces alcalde de la ciudad José María Fraustro Siller había convertido en cantina la explanada principal de la institución educativa, mientras se ponía hasta atrás de borracho, que hasta hubo que conducirlo llevándolo del cincho, para regocijo de sus gobernados y la burla del entonces gobernador Riquelme, Tuvieron diez días cerrada la principal vialidad de Saltillo en aquel septiembre de 2023, el tráfico fue caótico, y más o menos lograron sus objetivos.
Los manifestantes se vuelven cada vez más ingeniosos. A sabiendas que son pocos, se ubican en sitios estratégicos donde producen el mayor perjuicio posible, y consiguen poner a las autoridades en jaque. Por supuesto, etas no tienen la capacidad de respuesta para desviar el tráfico, habilitar vías alternas, hacer retroceder a los que quedaron atorados, habilidades que deberían ir desarrollando a la voz de ya, pues cada vez se va a poner peor.
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