Editorial

AGUAS REMOTAS


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Ha de ser padre que lo mandan a uno como gerente a un pueblo remoto, a encargarse de las operaciones de una empresa que cambia de dueño cada jueves y domingo, y a la que lo único que le interesa es que las utilidades sigan fluyendo de manera continua, y si se puede, que sean todavía más copiosas, que los accionistas ya ve que nunca están conformes con la cifra que viene en el cheque de las utilidades.
Además que si tiene uno a un montón de empleados que se hagan cargo de cada uno de los aspectos del funcionamiento de la compañía, la labor de uno se convierte exclusivamente en un asunto de relaciones públicas, de política, y de ‘sensibilizar’ a la población de que hagan lo que uno dice, porque si no… las cosas se pueden poner bastante feas, más de lo que jamás han estado en el pasado y todavía en el presente.


Algo así nos imaginamos que ocurre con el actual gerente de Aguas de Saltillo, quien efectivamente, se la vive en las relaciones públicas, y en espantar con el petate del muerto de que el agua que cae del cielo, y que en cualquier otra parte del universo sirve para lo que sirve el agua, acá no, nomás no sirve para recargar los mantos acuíferos, sino solo para causar estragos en la infraestructura urbana y dolores de cabeza entre la población que habita o trata de circular por esas zonas que nomás llueve, se convierten en lagunas casi impracticables, tan es así, que el municipio tuvo que poner una emulación folclórica de semáforos, para que la gente le tanteé el agua a los camotes del riesgo de aventarse en el estanque, o quedarse de este lado esperando que baje, sin saber a ciencia cierta cuando ocurrirá esto.


Ahora que en días pasados el municipio de Saltillo inauguró un nuevo pozo en Carneros, para desde allá lejos traer agua hasta la ciudad, no pudo evitar el gerente Iván Vicente presumir lo que él considera las grandes mejoras que AgSal ha puesto en marcha para el mejor funcionamiento de la infraestructura del agua en la ciudad. En lo que es una demostración clara de que no tiene ni idea de cómo es la gente de México en general y de Saltillo en particular, esa presunción de que los pozos que opera la empresa paramunicipal se realiza de manera remota, es una invitación a todo aquel que tenga ganas de ir a robarse algo, que puede ser desde poco y poco valioso hasta mucho y muy caro.


La declaración la hizo Vicente García el mismo día en que en el estado de México se registraban impresionantes bloqueos de piperos, que venden agua a la población, siendo la sospecha de la autoridad mexiquense que el negocio irregular puede alcanzar tranquilamente a 200 empresas, operando en 40 municipios de la entidad, una tercera parte del total, respaldando el dato de que alrededor del 40% del líquido que se comercializa en el Estado de México es robada. Los piperos están enojados, luego de que la Secretaría de Seguridad federal decomisara nada más y nada menos que 300 pipas en días pasados y asegurara como cuarenta sitios donde se realizaba la ordeña de la tubería que conduce el líquido, y que anunciara que no parará hasta que no quede una sola gota de agua que no facture el gobierno y pague el pueblo bueno y sabio.


Lo han venido manejando desde hace ya varios años con el nombre de huachicol del agua, que efectivamente es menos productivo que el huachicol de combustibles, pero malo no es el negocio, además de que es menos riesgoso perforar un ducto presurizado que uno de agua, que citando las palabras de un clásico macusapano con complejo de mesías, es tan sencillo como sacar agua de un pozo. Y sí, el huachicol del agua es de lo más sencillo, se perfora, se conecta una válvula, y ya si es uno muy desesperado, le conecta una bomba para que extraiga más rápido, y así mandar más pipas a sitios donde el agua de la red no llega ¿y cómo iba a llegar si la ordeñan antes?
Habría que pensar en redefinir lo que es México, país guadalupano y futbolero, al que además le queda el mote de huachicolero, yo huachicoleo, tú huachicoleas, todos huachicoleamos, no necesariamente sacando lo que no es nuestro de algún lado, pero sí comprándolo, muchas veces sin siquiera saber.


Muchos de los pozos de AgSal están lejos de la mancha urbana, uno pensaría que los cuida un operador, que haga las veces de cuidador y vigilante, ahora resulta que no, la empresita bajo el mando de Vicente ha dado paso a la automatización, ahora funcionan de manera remota. Muy bien, qué bueno que exista la tecnología, y qué bueno que la apliquen, nada más que… imagínese que un grupito de vagos, pandilleros, delincuentes entran en la instalación, la desconectan para robarse el cable de cobre, el transformador si traen en qué cargarlo, alguna bomba, ¿y porqué no?, hasta un buen trancazo de agua que poder ir a vender a alguna de las colonias o ejidos donde esta escasa.
De aquí a que suena la alarma, de aquí a que notifican a la policía, algún agrupamiento rural, montado, de drones, o lo que sea, que para eso no les ha faltado imaginación, de aquí a que se movilizan al sitio con pertrechos y en número suficiente… aquellos capaz que ya se fueron. Sí, mucha tecnlogía, pero sin el respaldo de fuerza pública, resulta poco menos que inútil.


En fin, no vaya a ser que por tanto presumir, Saltillo se nos convierta en un municipio donde se huachicolea el agua, sacada de los mismos tubos que deberían traérnosla para incorporarla a la red. Cosa de saber callar ciertas cosas.


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