Ciudad de México, 10/04/26 (Más).- El agua se ha convertido en un factor clave que debe integrarse en las grandes decisiones económicas de América Latina, ante una creciente brecha de inversión y el impacto directo que tiene en sectores estratégicos como la energía, la agricultura y la infraestructura digital.
De acuerdo con información de EL PAÍS, la región enfrenta un rezago significativo en financiamiento para recursos hídricos y saneamiento, con una brecha global que supera los 300 mil millones de dólares, lo que ya no solo representa un problema social, sino un riesgo económico en un contexto de cambio climático y transformación tecnológica.
El recurso hídrico sostiene sistemas productivos esenciales, desde la seguridad alimentaria hasta la operación de centros de datos necesarios para plataformas digitales e inteligencia artificial, que requieren grandes volúmenes de agua para su funcionamiento.
Sin embargo, fenómenos como sequías prolongadas, inundaciones y estrés hídrico están afectando la producción, elevando precios y generando inestabilidad en cadenas de suministro.
En América Latina, estos impactos ya se reflejan en tensiones económicas concretas. Ejemplo de ello es la histórica bajante del río Paraná entre 2020 y 2023, que afectó las exportaciones agrícolas de Argentina, así como las sequías registradas en Brasil y Chile en 2021 y 2022, que redujeron la generación hidroeléctrica y obligaron al uso de fuentes más costosas.
A esta situación se suma un rezago social significativo: millones de personas carecen de acceso a agua potable y saneamiento, lo que limita tanto la equidad como el desarrollo productivo en la región.
Frente a este panorama, organismos internacionales han comenzado a impulsar nuevas estrategias.
Durante los Diálogos Regionales del Agua en Santiago de Chile en 2025, entidades como CEPAL, CAF y GWP presentaron una iniciativa para movilizar al menos 20 mil millones de dólares en infraestructura hídrica resiliente al clima hacia 2030.
El objetivo es cerrar una brecha regional estimada en 37 mil millones de dólares anuales, para lo cual se requiere multiplicar entre tres y cinco veces la inversión actual, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con agua limpia y saneamiento.
Especialistas advierten que el manejo del agua ya no puede abordarse de forma aislada, sino que debe integrarse a políticas climáticas, energéticas, industriales y financieras, como parte de una visión estratégica que fortalezca la competitividad de los países.
En 2026 podría marcar un punto de inflexión, impulsado por reformas en los bancos de desarrollo, mayor financiamiento climático y una nueva arquitectura de cooperación internacional, en la que el agua se consolide como un eje central de la seguridad económica y el desarrollo sostenible en América Latina.
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