Horacio Cárdenas Zardoni
Habiendo nacido y crecido en una familia católica, y católica a la mexicana, nos llamaba bastante la atención ver cómo otras familias, de otras religiones y de otras culturas, vivían su religiosidad.
A qué más que la verdad, al menos en la mía, y mire que algunas cosas se solían tomar con gran seriedad, lo de la religión era algo muy, pero muy por encimita, casi casi que era más importante la cuestión social, la de cumplir con las tradiciones familiares, por lo menos las de los mayores, que algo relativo a la práctica de un credo, el catolicismo en específico. Eso en cuanto a los sacramentos, que si nos vamos a los ritos, esto era todavía más “light”, con las connotaciones que tiene esta palabra en nuestra cultura, no las cosas como son, ni a profundidad, sino el equivalente a una barnizadita que no aguanta ni la primera lluvia.
Por otro lado, veía, veo gente que se sabe las escrituras de memoria, y no solo eso, sino que es capaz de citar la metadata a nivel de párrafo y versículo, mientras que a uno le hicieron aprenderse las oraciones como el proverbial loro, ellos son capaces de disertar durante horas sobre significados e interpretaciones, ah, pero no se detienen en eso, como los católicos que saliendo de misa ya están pensando, no eso lo hacían durante la homilía, ya están cometiendo el siguiente pecado, no, los vecinos norman su conducta conforme a lo que está mandado, sin subterfugios, sin engaños a sí mismos, y sí, no voy a negar que de vez en cuando caigan en tentación, pero el puro sufrimiento que esto les causa, es suficiente castigo por lo que cometieron o pensaron en cometer.
También otro detallazo del tamaño del cielo y del infierno es el de la culpa, mientras que los católicos, desde el bautismo hasta la extremaunción se la viven sufriendo por los pecados, desde el original hasta el último de su historial personal, sin importar cuantas veces los hayan confesado, cuanto se hayan arrepentido, y cuantas veces se los hayan perdonado, incluyendo indulgencias plenarias, que buscan como Indiana Jones el Santo Grial, los protestantes viven el perdón con una alegría que a nosotros nos está vedada. De hecho nos atreveríamos a aventurar que el fuego del infierno no es más que una continuación del purgatorio que vivimos cada uno de nuestros días en esta tierra. Sí, nosotros vivimos una religión de lo más descafeinada, pero lo acabamos pagando con creces… me retracto, lo quedamos a deber para la vida eterna.
Viene esta disquisición porque en su visita por Coahuila, el secretario de organización del Comité nacional del Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Beltrán, orgullo del nepotismo de Ya Saben Quién, lanzó el gran objetivo del movimiento, partido, imperio, o lo que sea que es MORENA, de que en Coahuila buscarán la afiliación de un cuarto de millón de personas, para lo cual están dispuestos a recorrer casa por casa y voto por voto… tache esto último, nomás lo de casa por casa, con tal de que “todos los hombres y mujeres libres de Coahuila se sumen al partido movimiento”…
Aquí se ve la pequeñez de Coahuila en el concierto nacional, la meta a nivel país es de que MORENA logre afiliar a diez millones de nuevos integrantes, aparte de los… ¿cuántos miembros tiene MORENA?… bueno, los equis, ye, o ene que tiene ya como sus bases. Un cuarto de milloncito más, y que estos sean coahuileños como que no pinta demasiado, pero digamos que es consistente con la proporción de población que tiene nuestro estado respecto del total de México. Con tres millones, pasaditos, de habitantes, Coahuila ocupa algo menos del 3% del total nacional de 130 millones, migrantes más, migrantes menos. Entonces que 250 mil coahuilenses se sumen a MORENA los pondría todavía un poco abajo, pero eso quizá sea porque Coahuila no es un bastión morenista, de hecho es el último del priísmo que conserva su pureza jurásica, para envidia de todos los que se han rajado, y que voltean a nuestros arenales sus ojitos llenos de nostalgia por lo que fue, y que no va a regresar, más que como los dinosaurios, convertidos en gallinas y patos, y conste que no estoy yo sugiriendo que los morenistas son la versión reducidísima de lo que eran los priístas antes del cataclismo que los arrojó de Los Pinos, y tanto, que ya ni Pinos hay.
¿Cómo son, o cómo serán los prosélitos que Luisa María Alcalde, Andy López y Carolina Rangel, quieren integrar al padrón de miembros, militantes, activistas de MORENA, y con vistas a qué? Esta última parte es sencilla de responder, lo que quieren es conservar el poder, el que ya tienen, y arrasar con lo que injustamente les ha sido negado, a saber, Coahuila y un puñado de puestos de elección popular en la geografía nacional, y quede claro que no descansarán hasta que todo el mapa de México esté pintado de guinda, y para no andarse con pequeñeces, desde Panamá hasta reconquistar todo lo que Santa Anna le cedió a los norteamericanos luego de vergonzosa captura que siguió a tremebunda borrachera.
Ahora lo bueno ¿qué clase de miembros quiere MORENA?, ¿los quiere como católicos mexicanos, que se sepan nomás el nombre del partido, quien es su mesías, que va a reencarnar al tercer sexenio, y que cada tres horas hay que rezar viendo a La Chingada “es un honor estar con Obrador”?, o quieren algo más elaborado, gente entrona, de izquierda, capaz de cuestionar a la propia izquierda, gente que sea honesta a ultranza, modesta de esa que no viaja en helicóptero jamás en su vida, ni tiene más propiedades que dedos en las manos y en los pies?
La cuestión importa. Mucha gente se afiliará a MORENA ante la promesa de ser incluido en algún programa de beneficio económico, entiéndase pensión, beca, apoyo o en el colmo de la felicidad, un espacio en la nómina con cajón para hincarle el diente al presupuesto, mientras que otra quiere entrarle como evangelista, de preferencia desde una curul de diputado federal o senador, conformándose con una diputación local o una regiduría.
No es nada más plantar su huella o poner una equis donde dice nombre, afiliarse a un partido no es cualquier cosa, queda uno marcado de por vida. ¿los coahuilenses se van a dejar tatuar el águila republicana con tinta color sangre quemada? Está por verse, si la dirigencia actual, tan balín como es, logra arrimar ese cuarto de millón, como si fueran aspirantes al poder judicial, o le queda mal a la sagrada familia, con todo lo que esto puede significar de una vida en el purgatorio, y la eternidad en el ostracismo del infierno.
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