Para contrarrestar el incremento en las tasas de suicidio entre los jóvenes se requiere una respuesta que se enfoque en el bienestar integral de los jóvenes, abordando sus necesidades emocionales, mentales y físicas de manera holística.
Por: Carlos Ordóñez Pérez
/Animal Político
A lo largo de los años se ha trabajado para desestigmatizar el diálogo en torno a la salud mental y el suicidio, promoviendo un mayor conocimiento y conciencia en la sociedad a través de programas de apoyo emocional hasta investigaciones sobre factores de riesgo. Sin embargo, sigue siendo vital mantener y ampliar estos esfuerzos para reducir el número de vidas perdidas y proporcionar ayuda a quienes luchan en silencio.
Hasta 2022 en México se registró una tasa de suicidios de 6.2 por cada 100 mil habitantes, es decir, poco más de ocho mil suicidios consumados, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Ante este panorama es importante que analicemos con qué herramientas contamos para abonar a la prevención.
En los últimos años hemos sido testigos de un preocupante aumento en las tasas de suicidio entre los jóvenes, lo que ha generado una alarma generalizada en nuestras comunidades. Esta escalada en los números no solo es un triste recordatorio de las luchas internas que muchos jóvenes enfrentan en silencio, sino también una llamada de atención para adoptar enfoques integrales en la prevención del suicidio.
Para contrarrestar esta situación se requiere una respuesta que no sólo aborde los síntomas superficiales, sino que también vaya a la raíz del problema. Esto significa enfocarse en el bienestar integral de los jóvenes, abordando sus necesidades emocionales, mentales y físicas de manera holística.
Cuatro factores de los que deberíamos de estar hablando
- Señales de alerta
El primer paso para la prevención del suicidio es el reconocimiento de las señales de alerta. Los cambios en el comportamiento, el aislamiento social, la expresión de pensamientos negativos o devastadores y el descuido en el autocuidado, son indicadores que no deben pasarse por alto. Vencer nuestra indiferencia e incomodidad con los temas difíciles, como el suicidio, y asumir un rol protagónico para educarnos sobre las señales de alerta es esencial en este esfuerzo. Reconocer estas señales en círculos de amigos, familiares y compañeros puede marcar la diferencia en la vida de alguien que está luchando.
- Resiliencia
La resiliencia no es indiferencia a lo que sentimos sino el profundo reconocimiento de nuestras emociones y capacidades para sobreponernos a las adversidades de la vida de manera saludable. Enseñar y desarrollar habilidades de afrontamiento, así como la capacidad de adaptación y confianza en sí mismos puede ayudar a nuestra juventud a construir una base sólida para superar momentos difíciles.
- Bienestar integral
La prevención del suicidio va más allá de simplemente abordar el tema mental. Necesitamos promover activamente el bienestar integral, que incluye la atención a la salud emocional, mental y física por igual. Fomentar hábitos saludables, como el ejercicio regular, una dieta equilibrada y la práctica de técnicas de relajación, puede tener un impacto significativo en la salud de las juventudes.
Como parte del bienestar integral se contempla al bienestar emocional y físico que están estrechamente entrelazados. La falta de sueño, una mala alimentación y la falta de actividad física contribuyen al deterioro de nuestra salud mental. Redefinir conceptos erróneamente aprendidos como la compasión, autocompasión, y la vulnerabilidad también es fundamental. Asimismo, fomentar la práctica de la gratitud y los actos de bondad puede ayudar a las personas a desarrollar una percepción más positiva de sí mismas y su entorno.
Enfrentar el aumento de las tasas de suicidio en jóvenes es una tarea que no puede abordarse con enfoques fragmentados o soluciones rápidas. La prevención del suicidio exige un enfoque integral.
- Conexiones significativas
Las relaciones significativas con otras personas son fundamentales. Estas constituyen la base de nuestras redes de apoyo, son ese espacio seguro donde podemos ser tal como somos sin temor a ser juzgadas, donde se nos recibe con compasión y conectamos a través de nuestras vulnerabilidades como seres humanos que enfrentan desafíos emocionales. Nuestra juventud, y todas las personas, deben contar con este tipo de relaciones esenciales para nuestro bienestar.
* Carlos Ordóñez Pérez es director nacional de Bienestar Estudiantil del Tecnológico de Monterrey.
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