Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 07/09/2026 (Más).- La Sierra de Zapalinamé enfrenta una creciente presión por el avance de la mancha urbana, mientras que desde la Dirección de Medio Ambiente de Saltillo se plantea como una de las principales acciones ambientales la esterilización y control de animales en condición de calle.
Durante este año, Más el periódico digital de Coahuila, documentó que más de 922 hectáreas de la cara urbana de la sierra quedaron fuera del decreto de protección del área natural protegida, en una franja que comprende más de nueve kilómetros entre Santa Emilia y el Cañón de Bocanegra.
La superficie representa una de las zonas donde la ciudad ha avanzado hacia las faldas de la Sierra mediante la construcción de fraccionamientos, vialidades y asentamientos, modificando espacios que anteriormente formaban parte del entorno natural de Zapalinamé.
La expansión no es reciente: las investigaciones publicadas por este medio permitieron reconstruir cómo el crecimiento inmobiliario se ha extendido hacia esta zona desde hace décadas, con nuevos desarrollos y desmontes que han transformado paulatinamente el paisaje de la montaña.
El impacto de este crecimiento va más allá de la pérdida visual de áreas verdes. La transformación del territorio reduce el hábitat disponible para las especies que viven en la sierra y acerca a la fauna silvestre a las zonas habitacionales, al mismo tiempo que aumenta la presión sobre un ecosistema relevante para la ciudad.
Zapalinamé también tiene importancia para Saltillo por su relación con el agua. La sierra forma parte del sistema natural que favorece la infiltración de las precipitaciones hacia el subsuelo, en una ciudad que depende principalmente de los acuíferos para abastecer a su población.
Pese a la relevancia ambiental de la zona, las presiones sobre su territorio no han desaparecido. Las autoridades han reconocido la necesidad de establecer límites al crecimiento urbano y considerar aspectos como la disponibilidad de agua y las áreas de amortiguamiento para determinar hacia dónde puede continuar expandiéndose Saltillo.
En paralelo, el director de Medio Ambiente, Emmanuel Olache Valdés, centró parte de sus declaraciones en la problemática de los perros y gatos que se encuentran en condición de calle, así como en la necesidad de fortalecer los programas de esterilización para evitar su reproducción.

El funcionario señaló que una estrategia de esterilización masiva podría aplicarse en Saltillo, aunque bajo mecanismos que permitan identificar a los animales intervenidos y conocer posteriormente su ubicación y condición.
“Se puede hacer, creo yo, pero de una manera muy correcta”, expresó Olache Valdés al referirse a este tipo de programas.
Entre las medidas planteadas está la colocación de chips en los animales para contar con registros, conocer cuáles han sido esterilizados y facilitar su localización cuando exista algún reporte. También señaló que el Municipio ha sostenido conversaciones con ciudades como Austin para conocer experiencias en materia de control y bienestar animal.
Olache Valdés estimó que en Saltillo existen más de 100 mil perros y gatos en condición de calle, aunque consideró que la cifra podría ser mayor. Añadió que los reportes de animales maltratados, en malas condiciones o expuestos a riesgos han aumentado conforme la población tiene mayor conocimiento sobre bienestar animal.
El funcionario también advirtió que no todos los animales que se encuentran en la vía pública carecen de propietario. Explicó que algunas personas les proporcionan alimento o agua, pero no asumen formalmente su cuidado, por lo que permitir que permanezcan en la calle también puede considerarse una forma de maltrato.
Mientras el Municipio busca establecer mecanismos para identificar y controlar a los animales de compañía que deambulan por la ciudad, la fauna silvestre enfrenta en Zapalinamé la reducción de los espacios naturales donde encuentra alimento, refugio y condiciones para reproducirse.
El reto ambiental para Saltillo, por tanto, no se limita al control de perros y gatos; la conservación de Zapalinamé implica decidir hasta dónde puede avanzar la ciudad, qué áreas deben permanecer protegidas y cómo evitar que el crecimiento urbano continúe fragmentando el hábitat de las especies que todavía sobreviven en las inmediaciones de la capital coahuilense.
Con más de 922 hectáreas de bosque fuera del área protegida y una ciudad que continúa creciendo hacia las faldas de la montaña, el futuro de Zapalinamé dependerá no solamente de las acciones para atender a los animales que ya se encuentran en las calles, sino también de la capacidad de preservar el territorio natural que todavía permanece en pie.
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