Horacio Cárdenas Zardoni
Experiencia personal, o más bien vecinal. Corrían los tiempos en los que Jericó Abramo Masso era presidente municipal de Saltillo. Como en su cuatrienio, porque era de cuatro años, no de tres, el período de gobierno, no había espacio para las discusiones, los debates ni las negociaciones, solo sus chicharrones tronaban, antes de comérselos sin convidarle a nadie, se le ocurrió que la mejor manera de mejorar la vialidad de la ciudad era la de cerrar las vueltas a la izquierda en los camellones.
No lo vamos a negar, sí el tráfico era una pesadilla, poca cosa comparada con la migraña en la que se ha convertido después, pero eso de cerrar las vueltas a la izquierda, y una de dos, mandaron a la gente que necesitaba y necesita dar vuelta a tres, cuatro, kilómetros adelante, donde hay un semáforo con vuelta, o de plano desviaron el tránsito de quienes dan vuelta, por las calles de las colonias, ocasionando un volumen de movimiento vehicular que nunca habían experimentado antes.
Concretamente en el cruce de bulevar Venustiano Carranza e Hinojosa, desde la época de Flores Tapia había un semáforo con vuelta a la izquierda en el camellón, el cual era utilizado por muchos conductores que iban hacia el poniente por esta calle, y por las ambulancias, que llevaban pacientes a la Clínica 2 del Seguro Social. Pues Jericó canceló la vuelta, con lo que según él, mejoró la vialidad de Carranza en un 28%… por supuesto jamás hubo nadie midiendo nada, pero así era él, así sigue siendo, por si se le ofrece el dato. De un plumazo la vida de los habitantes de Jardín se complicó en un 28%… o más, el llevar un enfermo al Seguro se volvió mucho más peligroso de lo que jamás había sido, y él tan ufano.
No importaron las quejas de los afectados, los datos expuestos. La propuesta que alguien le hizo fue la de convertir la calle Roble en vialidad de un solo sentido, solución que obligaba a la gente a recorrer tres cuadras adicionales para poder entrar a su colonia, pero que mal que bien liberaba la vialidad un tanto, solución que duró exactamente dos semanas, hasta que se quitó, para dejar las cosas como estaban antes. A la hora que le reclamaron al alcaldete, dijo que, como un vecino se había opuesto a la medida, que beneficiaba a miles de conductores, quedaba sin efecto y punto.
Fue entonces que oímos por primera vez esa, que si un vecino se sentía afectado por una disposición del ayuntamiento, con que pusiera su queja, invalidaba aquella. Que raro… porque no fue un vecino, sino muchísimos los conductores que se quejaron de la cancelación de las vueltas a la izquierda que recetó Abramo por todo Saltillo, y no se volvió a abrir ninguna. Lo que nos da la idea de que la ley funciona cuando el ayuntamiento quiere y le conviene a cierto grupo de gente influyente entre los funcionarios públicos de alto nivel, y cuando no, no.
Hace pocos días se dio a conocer la noticia de que el cabildo de la capital había votado unánimemente para autorizar la construcción de un edificio de departamentos en un predio en la esquina de Avenida México y la calle Cumbres, al norte de la ciudad. La nota decía que era en la colonia República, aunque más bien sería en la colonia Latinoamericana, y en el predio de 650 metros cuadrados, se procederá a erigir diez departamentos.
Alguien podrá decir que no son muchos, y podrá tener razón, si lo comparamos con los novecientos que amenazan tener en Parque Centro cuando esté terminado, por allá en el año 2100, o los cien que se autorizaron para la Colonia La Salle, pero de todos modos implica un cambio en el uso del suelo, de H3 a H5, o algo así, no me pregunte la nomenclatura, que solo sacan a relucir en casos como este, para justificar el palo dado, que ni dios quita.
Se supone que, apegándonos a lo que habíamos dicho antes, para autorizar esta clase de modificaciones al uso del suelo, y para la autorización de proyectos específicos, se debe consultar con los vecinos, preguntarles si están de acuerdo, y en este caso, poder presentar un documento en el que consten los nombres y las firmas de los vecinos que se verán afectados por la construcción.
Todavía nos acordamos cuando se autorizó la construcción del edificio que ahora ocupa AGSAL, en la colonia República, los vecinos hicieron todo lo que pudieron para impedirlo. La zona, con casas unifamiliares de cierto nivel económica, consideraron que para empezar era una violación a la privacidad, que desde un edificio de varios pisos, se tuviera vista a su propiedad, y tenían razón. ¿Se logró algo?, nada, el edificio se hizo, ellos tuvieron que subir sus bardas, y ni modo.
Todo esto nos da la impresión de que la autoridad hace lo que se le da su gana, a ella y a los capitalistas que pueden emprender proyectos que rompen, primero con la ley, segundo con el estado de cosas, y además inventan encuestas, arman listas con gente que ni siquiera habita en el sector o transita por él. Ejemplos sobran, y no hay nada, parece, que pueda funcionar. Recordamos aquí varios ejemplos, no son los únicos, se dan por todos lados.
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