Copenhague, Dinamarca, 20/01/25 (Más / IA).- La infelicidad, frecuentemente percibida como un estado indeseable, tiene un papel crucial en la vida humana. Alejandro Cencerrado, investigador del Instituto de la Felicidad de Copenhague y autor del libro ‘En defensa de la infelicidad’ (Destino, 2022), plantea que las emociones negativas no solo son inevitables, sino necesarias para el bienestar individual y social.
Durante 20 años, Cencerrado llevó un diario en el que puntuaba su felicidad diaria en una escala del 0 al 10, un método que le permitió reflexionar profundamente sobre las emociones y su impacto en la vida. Su formación en Física le dotó de herramientas para abordar de manera metódica este tema, que posteriormente convirtió en objeto de estudio profesional. En su obra, el autor defiende que emociones como la tristeza, la culpa o la soledad cumplen funciones sociales esenciales, ayudándonos a construir relaciones más saludables y a evitar aquellas que pueden ser perjudiciales.
“La infelicidad no es un fallo del sistema. Sin ella, andaríamos muy perdidos”, asegura Cencerrado, quien señala que vivimos en un mundo saturado por imágenes de felicidad aparente, sobre todo en las redes sociales. Este fenómeno, según él, afecta particularmente a los jóvenes, generándoles una percepción errónea de que son los únicos que se sienten inseguros o solos.
En cuanto al impacto de las redes sociales, el autor apunta que estas amplifican estándares inalcanzables de belleza, lo que repercute directamente en la autoestima de las personas. Sin embargo, destaca que el factor determinante en el desarrollo de una autoestima saludable es el apoyo emocional recibido en la infancia. “Como padres, debemos ser conscientes de que dar apoyo emocional a nuestros hijos es clave, pero no significa permitirles todo”, comenta.

Cencerrado también analiza cómo la felicidad varía con la edad, describiendo una curva en forma de U: alta en la juventud, descendente en la mediana edad debido al estrés laboral y familiar, y nuevamente ascendente en la jubilación.
A nivel global, observa patrones particulares: mientras que en Latinoamérica la satisfacción con la vida es atípicamente alta, los países nórdicos lideran los índices de felicidad gracias a la fortaleza de su estado de bienestar y la baja corrupción. En contraste, la sociabilidad estrecha característica de los países latinoamericanos, aunque fomenta relaciones personales intensas, también puede ser un caldo de cultivo para la corrupción.
Otro aspecto central de su análisis es la relación entre riqueza y felicidad. Según Cencerrado, el dinero contribuye a la felicidad solo hasta que las necesidades básicas están cubiertas. “Los muy ricos, que suelen desarrollar una obsesión por acumular más, tienden a ser menos felices que quienes simplemente tienen suficiente”, afirma.
Uno de los hallazgos más significativos de sus investigaciones es el impacto devastador de la soledad en el bienestar. “La soledad es peor para la felicidad que enfermedades como el párkinson o la diabetes”, señala. El sentimiento de aislamiento, explica, está profundamente arraigado en nuestra naturaleza como seres sociales y debería ser tratado con la misma urgencia que cualquier condición médica.

En su libro, Cencerrado también explora cómo el trabajo afecta nuestra felicidad, señalando que esta no depende únicamente del salario, sino del ambiente laboral y las relaciones con compañeros y superiores. Además, comparte reflexiones sobre cómo nuestra capacidad de adaptación nos lleva a idealizar el pasado o a percibir que siempre hay algo mejor en el horizonte. “Gracias al contraste entre lo negativo y lo positivo, sabemos disfrutar de las partes buenas de la vida”, concluye.
Con estas perspectivas, Alejandro Cencerrado invita a repensar el significado de la felicidad, aceptando que la infelicidad es una pieza fundamental para construir una vida plena y auténtica.
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Existe la dinámica de contraste, oscilación y balance en la vida social humana, yendo gradualmente entre yuxtapuestos, pero a veces repentinamente, con el impacto en las emociones que éso puede causar.
Desde la Dialéctica en Grecia (y aún antes) hasta los conceptos de FRECUENCIA propuestos por Nikola Tesla, la oscilación y cambio continuo, son base de la Zoociedad IN-humana.
La vida puede tener una gráfica de forma de «U» (o no) para la felicidad, pero más bien tiene forma de «Campana de Gauss» donde crece gradualmente desde el nacimiento, alcanza un máximo y después decrece hasta la fase de morir…. Evidentemente. Pero hay más por reflexionar, decidir y actuar por las emociones y RESULTADOS de la vida. Saludos cordiales desde Hermosillo, Sonora, México 🇲🇽