Editorial

A grandes remedios, grandes males   

Por Horacio Cárdenas Zardoni

En algún momento del siglo XIX hubo un incendio terrible en la ciudad de Chicago. No siempre fue la ciudad moderna que es hoy, llena de rascacielos, que compite con otras urbes norteamericanas por las mejores y más costosas urbanizaciones. En aquellos años había allá el equivalente a nuestras ciudades perdidas, chabolas como dicen en Brasil, o asentamientos irregulares, que les llaman elegante y asépticamente los burócratas. Y también como suele ocurrir, vivían allí gran cantidad de personas que se dedicaban a toda clase de actividades fuera de la ley. 

Bueno, pues la anécdota, por lo demás verídica, es que buscando a un delincuente especialmente molesto, la policía de Chicago rodeó aquel barrio de casuchas, y a algún oficial con más entusiasmo que cerebro, se le ocurrió prender fuego a la casa en la que presumían que se había ido a esconder el ladronzuelo este. Como resultado de lo que luego dieron en llamar ‘operativo’, capturaron al delincuente, medio intoxicado, a lo que el jefe de la policía, no sin cierto humor, comentó que la operación había sido todo un éxito… de no ser porque se quemaron como ochenta casas, hubo muertos, heridos e intoxicados. Y es que resulta que nadie, de los que andaban en eso ese día, pensó que las llamas podrían extenderse a las casas vecinas, como finalmente ocurrió, estando como estaban, pegadas unas con otras, y estando construidas con materiales altamente inflamables, ocurrió lo que nadie pensó.

Pero no todo ha de ser malo, dicen, como efecto del incendio de Chicago, quedó libre un área de terreno razonablemente grande, como para continuar construyendo hacia las alturas, los criminales se dieron cuenta de que con la policía de la ciudad mejor ni meterse, y bueno, así se han logrado avances sociales, utilizando métodos que son el puro terror. 

Nos acordamos de la anécdota porque, en Saltillo se están tomando algunas medidas por parte de las autoridades, que en teoría tienen el objetivo de mejorar aspectos tan específicos como la movilidad, o más bien, la ausencia de ella, pues el tráfico está cada vez más infame en la ciudad. Y si normalmente es incómodo el estar atorado en el tránsito durante los meses fríos, ahora que comienza el calor, al embotellamiento hay que agregarle la desesperación que provoca estar encerrado en una lata que eleva la temperatura tranquilamente entre cinco y diez grados, en comparación con el exterior del vehículo. 

Así de viejos somos: cuando Enrique Martínez y Martínez, siendo gobernador del estado, se planteó la construcción del distribuidor vial Venustiano Carranza, obra que luego él y sus alelotes presumieron que era la única obra humana que se veía desde la luna… así de modestos eran aquellos muchachos de entonces, el aguafiestas que siempre he sido, se me ocurrió decir que lo único que iban a lograr era transferir los cuellos de botella para metros más adelante, concretamente el cruce de bulevar Carranza con la calle Canadá en Virreyes, al cruce de Nazario Ortiz Garza con Isidro López Zertuche por un lado y Adolfo López Mateos por el otro, aunque en honor a la verdad, nos falló un poco, porque luego vino Humberto Moreira y construyó un sistema de puentes, el primero de ellos ubicado frente a la distribuidora de carros del propio Martínez, pero lo otro se cumplió, en los otros cruces el tráfico es un infierno, como lo es toda la ciudad.

El DV Venustiano Carranza planteaba un acceso hacia Nazario Ortiz hacia el sur poniente desde el carril más izquierdo, el de pretendida alta velocidad, que fue funcional un tiempo, pero que luego padeció de lo normal, la saturación. Y más porque con el incremento del tráfico que viene de Pedro Figueroa y Luis Donaldo Colosio, muchos de los vehículos trataban, y en la mayoría de los casos, lograba, atravesar los tres carriles de circulación, para incorporarse a Nazario, eso sí, poniendo en riesgo a los demás y poniéndose en riesgo ellos mismos, pero por lo general había pocos accidentes, más atribuibles a nuestra muy saltillera actitud como conductores, de no querer dejar pasar a nadie, nos pida el paso con la direccional o se aviente a la brava, si hubiera otra cultura vial, eso también lo dijimos en su momento, no haría falta un distribuidor vial de tantos más cuantos millones, como tampoco las medidas remediales emprendidas por el ayuntamiento que preside Javier Díaz González.

Con su ya no tan flamante Instituto de Movilidad, más bien un poco abollado a estas escasas alturas, el municipio decidió tomar el toro por los cuernos, o al conductor por las multas, y dispuso que se prohibía la maniobra descrita antes, la de cruzar todo Carranza para subir al acceso a Nazario. Pusieron topes, pusieron fantasmas, y como la gente quiso seguir haciendo lo que venía haciendo desde hace años, le recetó multas con una alegría que hizo sonreír a la tesorera y al propio alcalde. 

Todo correcto, ya el flujo vehicular comenzó a portarse como una sedita… para los que vienen de la carretera y toman Venustiano Carranza o Nazario Ortiz, pero para los otros… ¡pobres diablos! De por sí que la lateral de Carranza viniendo de norte a sur, era una pesadilla a la altura de Colosio y Figueroa. Bueno, pues con la disposición de cancelar el cruce, la pesadilla se multiplicó por cuatro. Las filas se prolongan por cientos de metros, estorbando, o más bien imposibilitando la incorporación a Carranza, pues todo el tránsito tiene que desfogar a Nazario hacia el oriente, y mire lo que son las cosas, la maniobra que pretendieron evitar, ahora es obligada, pues los carros y camiones tienen que cruzar toda esta vialidad para dar vuelta en “U” en el cruce con bulevar Sarmiento. Ni que decir que hoy por hoy, es uno de los puntos más conflictivos de todo Saltillo, ya lo era bastante, pero mandando todo el tráfico vehicular para allá, vino a complicarse todavía más… ahorita, más lo que venga después.

Ojalá en el ayuntamiento hubiera un área de revisión de las medidas tomadas, lo que no sirve, revertirlo, una corrección es mucho más bienvenida y agradecida que amacharse en el error. Se supone que para eso hacen estudios y pilotos, pero si acaso las va a haber, no se han visto, y ya se acumulan dos que tres. Por lo pronto esto está resultando bastante incómodo para los que transitan, a fuerza, por allí, y viene el verano, y cada vez hay  más carros, y…


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