Por Horacio Cárdenas Zardoni
A veces se pregunta uno ¿qué clase de autoridades tenemos?, y es que se les ocurre cada cosa…
Es cierto, yo también he trabajado para la burocracia, y desde muy temprano me ilustraron con la regla de oro: haz lo que quieras, pero que no cueste mucho, de preferencia que no cueste absolutamente nada, pero que contribuya a mostrar el compromiso del patrón, alcalde, gobernador, presidente, quien sea, para la solución de los grandes problemas, responsabilidad de cada uno de ellos. Y allí tiene a los burócratas, con la dificilísima misión de tener grandes ideas, que no requieran gastar dinero, porque este, el presupuestado por departamento, está ya destinado a cualquier otra cosa que no tiene que ver con la chamba de la dependencia.
No lo voy a negar, hay veces que se les ocurren buenas ideas, y que esas ideas puestas en práctica, contribuyen a la mejor convivencia entre los ciudadanos, que al final de cuentas, esa es la función principal de cualquiera y todos los gobiernos, que la gente no ande de la greña, y que de preferencia, oriente el esfuerzo de cada uno en uno colectivo hacia objetivos comunes. ¿se oye fácil?, se oye bonito, porque fácil, definitivamente que no lo es.
Allí tiene usted una de la grandes ideas que se le han ocurrido a las autoridades municipales, aquí en Saltillo, a raíz del desquiciante caos registrado en días pasados, en que los cielos parecía que se nos caían encima en forma de lluvia y granizo, provocando inundaciones por distintos sectores de la ciudad, anegando vialidades grandes y pequeñas, la dirección de Protección civil del ayuntamiento tomó la decisión, sesuda por demás, de colocar semáforos pluviales.
Esa sí que es una idea, y hay que reconocer que a veces las ideas, buenas y malas, se tardan. ¿Cuántos años tiene el titular del área, Francisco Martínez Ávalos en ese o parecidos puestos?, a veces se lo encuentra uno en el gobierno del estado, a veces en el municipio, pero no deja de estar, sospechamos que se ha convertido en uno de esos indispensables, que, como nadie de los que llega en el nuevo gobierno tiene la más remota idea de qué demonios es eso de la protección civil, pues lo dejan a cargo, que alguna virtud debe tener para caerles bien a los jefes, que no lo mueven.
Inundaciones las hay cada año, y es hasta tres o cuatro sexenios después que ha estado a cargo, que se le ocurrió lo de los semáforos pluviales. Ah, pero déjeme decirle, no se le ocurrió como una acción de prevención, sino que es la típica que se apega al dicho de ‘ahogado el niño, a tapar el pozo’, la propuesta es eminentemente reactiva.
Con tantos carros que quedaron varados por aquí y por allá porque sus conductores fallaron en medir adecuadamente la profundidad del agua en calles y avenidas que no tendrían porqué inundarse en primer lugar, pues había que buscar una solución, una referencia, un algo que les avise a los despistados, pero eso sí, muy temerarios y valerosos saltillenses, que no deben arriesgarse a tratar de atravesar una corriente de agua, pues corren riesgo.
Y aquí la cosa se complica un poco, o un mucho. Más o menos la mitad del parque vehicular particular en Saltillo, y a lo mejor me quedo corto, está compuesto por camionetas. Saltillo no es un pueblo bicicletero, es un pueblo camionetero, a la gente le gusta tener y manejar camionetas, sea de las cerradas, de las conocidas como mamamóvil, en sus distintas presentaciones, desde las que parecen un carro inflado hasta las que parecen una extensión de su casa, del tamaño de una recámara o más, y están por supuesto las pick-ups, vehículos que reflejan la libertad de todo saltillero, que se siente dueño del universo conocido. ¿Un charco de agua?, por favor, si yo viajo en troca, medio metro de agua me hace los mandados… a veces sí, a veces no, digo a veces son más de 50 centímetros y el agua se le mete al distribuidor, o lo que sea que traen los autos más nuevos. ¿resultado?, se quedan varados, y no solo eso, sino que se quedan estorbando el paso de otros vehículos más grandes o más altos que sí hubieran podido pasar, de no ser porque está alguien que se creyó valiente, atorado. Los carros de la gente normal, con ser minoría, a esos ponga que sí les aplique la referencia del semáforo pluvial de Martínez Ávalos.
Que también hay que ver la amplitud de miras, porque siendo Saltillo una ciudad, no enorme, pero sí grande, están pensando en colocar entre 20 y 30 semáforos, que no son otra cosa que tubos, tendremos suerte si son de acero, y no de pvc con alma de concreto vaciado, cumpliendo a cabalidad la expectativa de: una gran idea que no cueste más de mil pesos… por todos, no por cada uno, y ni se te ocurra mandarlos hacer fuera, pon a trabajar a los chalanes que tengas allí, y ya que estén pintados, los instalas.
No sé, como idea puede servir, ¿pero acaso somos tarados los saltilleros?, si no el conductor, nunca falta uno de los acompañantes en el carro convertido en lancha que dice: mira, no se ve la banqueta, o mira dónde le llega el agua a ese carro, camioneta, camión, tráiler. En cuanto a referencias visuales, no nos hacía tanta falta lo del semáforo pluvial, que repito, no se aplica igual a un carro a nivel de suelo que a una camioneta y menos a un camión de transporte público o de personal, que además aprovechan los choferes para demostrar su complejo de superioridad bañando a todos por donde van pasando.
A ver si los ponen, a ver si duran, a ver qué otra gran idea se les ocurre.
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