Por Horacio Cárdenas Zardoni
En otros países existe el concepto de “vida útil”, las cosas, los aparatos, las construcciones, casas, edificios, puentes, todo tiene una vida útil. Ni que decir que en Estados Unidos se inventó lo que es la fecha de caducidad para los productos consumibles, cuando que en países como México siempre nos regimos por el principio de Almacén Don Manolo, aquel del amiguito de Mafalda en la tira cómica de Quino: eso que está comenzando a oler feo, es lo que vamos a poner en venta especial a partir de mañana.
Hace años había en aquel Discovery Channel un programa sobre demoliciones, interesante desde el punto de vista de la ingeniería, lo que demandaba de planeación ejecutar la demolición de edificaciones enormes, y también desde el punto de vista de la comunicación ¿en qué cabeza cabe hacer, no un programa de una sola vez, sino una serie de programas a lo largo de años, sobre un tema al que los mexicanos por lo general, no le dedicamos ni un par de segundos de atención?, bueno, pues confesamos haber visto un par de esos programas, uno de ellos trataba de la demolición de un estado de beisbol. Era un estadio que ya quisiéramos nosotros para recibir un equipo de grandes ligas o para que jugara en él el presidente de la república después de sus conferencias mañaneras diarias. Según nosotros no le dolía nada a ese estadio, y lo demolieron, lo convirtieron en escombros, además de una manera artística, siendo circular, fueron abatiendo sección tras sección hasta que no quedó nada en pie, en una operación que duró cinco minutos. Aquí nos hubiéramos tardado un par de años… el otro programa era del derribo de un casino en Las Vegas, flamante edificio de muchos pisos, igual, se vino abajo con la detonación de carga tras carga de dinamita, siendo espectacular la forma en la que terminaron con él. ¿Aquí?, ese edificio hubiera sido el orgullo de por lo menos 200 ciudades.
En nuestro país, siempre ayuno de dinero, hacemos las cosas para siempre, no les ponemos vida útil, porque sabemos que la vamos a sobrepasar indefinidamente, o no, hasta que el edificio se caiga solo, y si no, pues qué mejor.
Todavía recordamos cuando Humberto Moreira Valdés construyó los famosos puentes, y en Saltillo el distribuidor vial El Sarape, el comentario fue ante la prensa y habrá sido por allá por el año 2010, dijo Humberto que la infraestructura vial de la capital del estado, estaba planeada para durar, sin problemas, veinte años. En aquel momento sonó a muchos años, y sobre todo llamó la atención porque nunca, nadie había hecho referencia a algo tan pedestre como la duración de una determinada obra pública, mucho menos de un sistema vial como el que planeó y realizó, no solo en Saltillo sino también en Torreón y Monclova, y a través de obras menores, pero no por eso menos útiles, en otras ciudades del estado.
Para quienes andamos de pata de hule por Saltillo desde que canta el gallo hasta que canta el grillo, le podríamos decir al profe Moreira que se equivocó en su cálculo, pues para el año 2020 las obras que realizó estaban saturadas, y lo están más cada año que pasa, a lo que seguramente nos contestaría algo que también dijo en aquella oportunidad, pero no se confíen a que estos puentes les van a resolver todos los problemas viales para siempre, hay que invertirle y cada administración construir las suyas, porque si se confían a que esto es todo, más temprano que tarde, va a ser insuficiente. Dicho y hecho.
De mucho antes, nos tocó la casi inauguración de los bulevares por los que tanto criticaron en su momento a Óscar Flores Tapia, aquellas avenidas parecía que no llevaban a ningún lado, estaban solas, allá a las quinientas pasaba un carro, despacito, como espantado de las anchas calles por las que ahora tenía que circular. Bueno, pues la verdad éramos muy chicos como para acordarnos de eso, pero dudamos que alguien haya mencionado en aquella oportunidad, oiga, pero ¿Cuál es la vida útil del boulevard Carranza y de las otras vialidades?, hombre, si no hicieron estacionamiento ni para la presidencia municipal, para el congreso, para el teatro, y solo para el tribunal dejaron sus lugares para que los señores magistrados siempre tuvieran donde dejar sus lujosos carros, ¿quién se iba a interesar por avenidas donde casi podía dormirse uno a media calle?
Pero el tiempo es maldito y parece que disfruta en demostrar que hasta las obras que parecen mejor planeadas, a la vuelta de la esquina se quedan cortas. Así de plano, al periférico Echeverría y sus derivaciones, los famosos puentes, habría que plantarles encima un segundo piso con el mismo número de carriles, de ese tamaño es, a ojo de buen cumbiero, el déficit de espacio para circular.
¿Y la avenida principal de Saltillo, boulevard Carranza a la que en breve el municipio le estará metiendo mano para, según, modernizarla y darle viabilidad? ¿qué es lo que van a hacer, y lo que nos interesa todavía más, cuánto esperan que dure la utilidad de la obra a emprender?
Durante el sexenio de Humberto se habló, claro que se habló, de un segundo piso sobre esa vía, así como de pasos elevados o deprimidos en Hinojosa y en boulevard Galerías, no alcanzó el tiempo ni tampoco el dinero para algo tan espectacular, se conformaron con… no hacer nada, y ese fue Jericó que era el alcalde.
Ahora no se piensa nada tan elaborado ¿un segundo piso con ocho carriles y separación para que los árboles del camellón de abajo sigan creciendo?, nada, lo que van a hacer es quitar el carril derecho que se usa de estacionamiento, y convertirlo en carril de circulación, uno muy apretado, apenas para motos y bicis, a menos que le roben un espacio a la banqueta. La idea es que sean cuatro carriles efectivos de circulación en cada sentido, y olvidarse del carril confinado para transporte público porque de plano no cabe en los carrilitos que están planeando, necesitarían carril y medio, ¿y pues de dónde?
¿Y cuál será la vida útil de tan magna obra?, la respuesta es que ninguna, porque no es una obra a futuro, sino que medio quiere remediar lo que está pendiente desde hace diez, quince o más años. Si la hubieran hecho en 2010, a lo mejor habría sido funcional, y para ahorita ya estaría rebasada, ¿cómo no?, peo hacerla ahorita pensando de perdida en brincar el trienio, no va a resultar en nada útil. Es más, le auguramos una vida tan larga como la pintura amarilla, presuntamente “asfáltica”, carísima que se las venden y que dura no más de una semana antes de que termine de confundirse con el negro de la calle.
Y luego dicen que esta obra corre el riesgo de ser utilizada políticamente, para atacar al ayuntamiento… pues por supuesto que sí, casi podríamos decir que si no hacen nada, funciona tan bien como lo que dicen que van a hacer.
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