31/08/26
Por Juan Ciudadano
Necesita unas clases
Vaya regreso a clases el que tuvo Alfonso Cepeda Salas, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y, por si fuera poco, senador de Morena.
Mientras millones de alumnos preparaban mochila, cuadernos y lápices para volver a las aulas, el líder de los maestros llegó a la plenaria de los senadores morenistas en una camioneta BMW con un pequeño detalle: uno de los dígitos de las placas estaba cubierto, una práctica utilizada para evitar que las cámaras puedan identificar correctamente el vehículo.
Cuando le preguntaron, Cepeda dijo que la camioneta era prestada porque la suya estaba en el taller, que no sabía nada de la placa y hasta interrogó al chofer.
“Los amigos, ya sabe, los amigos”, explicó cuando le preguntaron quién se la había prestado.
Ah, qué buenos amigos.
De esos que no solamente prestan una BMW, sino que además la entregan preparada para que las cámaras no anden de metiches.
Cepeda asegura que desconocía la alteración y habrá que concederle el beneficio de la duda, pero precisamente por eso el dirigente magisterial necesita unas lecciones.
Primera: las placas no se alteran.
Segunda: desconocer una irregularidad no la convierte en regular.
Tercera: cuando uno representa a cientos de miles de maestros debe poner el ejemplo.
Y cuarta: si va a iniciar el ciclo escolar dando explicaciones, procure que por lo menos sean creíbles.
Vaya regreso a clases para el líder del SNTE: mientras los niños reciben sus primeras lecciones, él necesita urgentemente algunas.
Dos regresos
También ayer regresaron a clases millones de estudiantes mexicanos, pero, como casi todo en este país, no todos regresaron al mismo México.
Claudia Sheinbaum decidió trasladar su mañanera a la Secundaria número 10 de la Ciudad de México, especializada en Artes Gráficas.
Ahí hubo honores a la bandera, escolta, funcionarios, anuncios de becas, programas de salud emocional, aulas digitales y hasta 15 mil policías desplegados en la capital para cuidar el regreso escolar.
Bonito escenario.
Mientras tanto, en Sinaloa los estudiantes también regresaron a clases, pero acompañados por soldados, policías estatales, municipales y demás corporaciones desplegadas en los 20 municipios.
Horas antes, en Culiacán, sujetos dejaron una corona fúnebre frente a un colegio privado y realizaron pintas en una de sus bardas.
Ese fue su mensaje de bienvenida.
El contraste resulta brutal.
En la escuela escogida para la mañanera se habló del “ABC de las Emociones”; en Sinaloa seguramente algunos alumnos necesitarían comenzar por la A de angustia, la B de balacera y la C de cártel.
No es culpa de los programas educativos, desde luego, pero sí retrata dos realidades nacionales.
Una, la que cabe perfectamente frente a las cámaras de televisión.
La otra, la que difícilmente puede ocultarse detrás de una bandera, un presidium y un discurso.
En ambas sonó la campana.
Nada más que en Sinaloa también se escuchan otros ruidos.
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