Ciudad de México, 05/06/26 (Más).- La llamada diabetes tipo 5, una categoría poco conocida de la enfermedad y aún discutida entre médicos y científicos, abrió un nuevo debate internacional por los riesgos que enfrentan pacientes mal diagnosticados y tratados con dosis inadecuadas de insulina.
De acuerdo con información de BBC News Mundo, esta forma de diabetes se asocia con largos periodos de mala nutrición, especialmente durante la infancia y la adolescencia, y suele presentarse en personas jóvenes con bajo peso y niveles elevados de azúcar en la sangre.
El caso de Noella Mukumbi, una mujer de 30 años originaria de la República Democrática del Congo, refleja los riesgos de una clasificación equivocada. Primero fue diagnosticada con diabetes tipo 1 y recibió inyecciones diarias de insulina, pero el tratamiento le provocó mareos, pérdida del equilibrio y desmayos.
Tres años después, especialistas le dijeron que probablemente padecía diabetes tipo 5, una condición en la que los pacientes pueden seguir produciendo insulina, aunque en cantidades insuficientes, y al mismo tiempo ser especialmente sensibles a ella.
Esa característica vuelve peligroso el tratamiento estándar con insulina, pues incluso dosis pequeñas pueden causar hipoglucemia, una caída severa del azúcar en sangre que puede ser mortal si no se atiende a tiempo.
La Federación Internacional de Diabetes reconoció formalmente esta categoría en 2025, pero la Organización Mundial de la Salud aún no la incluye como una forma separada de la enfermedad, al considerar que todavía faltan pruebas científicas suficientes.
Los médicos que defienden su reconocimiento advierten que confundirla con diabetes tipo 1 o tipo 2 puede derivar en tratamientos inadecuados, complicaciones graves e incluso muertes evitables. Algunas estimaciones señalan que hasta 25 millones de personas podrían vivir con esta condición.
La diabetes tipo 5 se ha identificado principalmente en regiones de Asia y África subsahariana, donde la desnutrición infantil sigue siendo un problema extendido, aunque estudios recientes también han detectado un aumento de casos de “diabetes magra” en personas no obesas de otros países.
El debate científico continúa porque todavía no existe una prueba diagnóstica formal. Por ahora, los especialistas observan antecedentes de desnutrición, bajo peso corporal, niveles altos de glucosa y una respuesta inusualmente fuerte a la insulina.
Tras la revisión de su diagnóstico, a Noella le redujeron la insulina y comenzaron a tratarla con metformina, un medicamento usado con frecuencia en diabetes tipo 2. Ella asegura que su visión mejoró, recuperó peso y volvió a sentirse fuerte.
El reconocimiento de esta categoría podría cambiar la forma en que se atiende a miles de pacientes en países con inseguridad alimentaria, guerras o crisis humanitarias, donde la mala nutrición puede dejar secuelas permanentes en el desarrollo del páncreas y en la regulación del azúcar en la sangre.
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