Horacio Cárdenas Zardoni
Corría el segundo año apenas del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, y había venido a México la directora gerente del Banco Mundial Christine Lagarde, a quien siguiendo la tónica de los cuarto transformadores, paseó el presidente por los salones de Palacio Nacional, para apantallarla de cómo vivían los neoliberales… y también ellos, pues lo usan de jacal de cinco estrellas y cinco diamantes, y por el que no pagan renta a la nación.
Todo fueron sonrisas, apapachos, declaraciones de amistad y promesas de colaboración, y muy contenta se fue la funcionaria. Después de su partida, y cumpliendo con su declarada debilidad de que su pecho no es bodega, López Obrador hizo una declaración, en el sentido de que recién que conoció que había triunfado en la elección presidencial del 2018, estuvo jugando con la idea de declarar la suspensión de pagos de México, atendiendo a que habían sido los gobiernos del período neoliberal los que habían contratado una deuda que se había vuelto impagable.
Pero contra su costumbre, no neceó con llevar a la práctica su idea, y es que se acobardó, pues ¿qué pasaría si México dejaba de pagar los compromisos financieros que tiene con bancos extranjeros y mexicanos?, pues que automáticamente dejaría de fluir el dinero al país, los pocos o muchos activos que la nación tuviera en el extranjero se quedarían congelados en garantía de pago, y lo más importante: no lo dijo pero ya tenía toda la intención de seguir por el mismo caminito de los neoliberales, pidiendo prestado todo el dinero que pudiera contratar, si ninguna intención de pagarlo, y en consecuencia, que abultara aun más la deuda que estaba criticando.
Así que lejos de cumplir con sus promesas de la larguísima campaña, de sanear las finanzas del país hasta que no se debiera ni un solo peso, nos hundió todavía más. Pero eso fue en la planta baja de la cuarta transformación, ahora con el segundo piso, las cosas se han puesto todavía más rudas para el gobierno, que, ¿quien lo iba a pensar?, resultó todavía menos político, menos mano izquierda, que el anterior.
¿A qué nos estamos refiriendo?, pues a que la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, sin haber declarado formalmente una suspensión de pagos, en la práctica está dejando de cumplir con sus obligaciones para con los proveedores. Todavía no con los bancos, pero nos sospechamos que no tardan.
Todavía recordamos, hace un par de meses, la presidenta Sheinbaum estaba furiosa, furiosa es poco, reclamando a los laboratorios y a los distribuidores ¿porqué se inscribieron en las licitaciones, si no podían cumplir con la entrega de los medicamentos?, y la respuesta de estos fue que no podían entregar porque el gobierno no les había pagado los miles de millones de pesos que les debía, de años, dinero que necesitaban para fabricar, resurtir materias primas, saldar sus propias deudas, y sí, les interesaba el negocio, pero no podían seguir financiando a un cliente, el gobierno, que no les paga.
Total que de los seis mil millones de pesos que les adeudaban, les han cubierto más o menos la mitad, como con ganas de destrabar su participación en las licitaciones, pues resultó que sin ellos los concursos hubieran tenido que declararse desiertos… ni los hindúes a los que tantos contratos les han otorgado, vaya a saber porqué, le entrarían si no hay paga.
Bueno, pero eso fue en el sector salud, en otras áreas de la administración pública federal las cosas están mucho peor. Concretamente en Petróleos Mexicanos el asunto está de miedo. Deben 450 mil millones, desde hace años, y las fechas que han prometido para liquidar, se han ido pasando sin que se salde lo que se debe. La misma Sheinbaum había ofrecido firmemente que para agosto del año pasado ya no se debería nada, y no cumplió, políticamente se manejó una nueva fecha tentativa para agosto, pero de este año… todo para que se acabaran sincerando con que la paraestatal está enviando los pagos a proveedores a dentro de siete años, para el año 2033. ¿Qué empresa aguanta financiar al gobierno, a su empresa, tantos años? Y ni pensar en que se paguen intereses, no dudamos que hasta quitas les exijan para poder pagarles… ahora, todo esto es por materiales ya entregados, obras ya realizadas y servicios ya prestados, pero ninguna de estas compañías afectadas está dispuesta a seguir metiéndole dineros bueno al malo, es decir, nadie quiere hacer negocios ya con PEMEX. Allí sería fácil encontrar la explicación a tanto accidente por todos lados en las instalaciones, los materiales tienden a agotarse, a perder calidad y capacidad, si no se da mantenimiento, si no se revisa, si no…
Y no, a pesar de la furia que se ha vuelto la tónica del discurso presidencial, no se ha hablado todavía de suspensión de pagos, pero no porque no se diga no está ocurriendo. Pero así es la 4T, ante la tentación de caer en el peor de los pecados, el impago, se lanzan felices como los grandes pecadores que son… y así nos está comenzando a ir.
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