Apatzingán, Michoacán, 28/05/26 (Más).- El regreso de familias desplazadas a comunidades rurales de Tierra Caliente volvió a quedar marcado por la violencia luego de que dos jornaleros agrícolas murieran tras la explosión de una mina terrestre mientras trabajaban en una parcela de limón en la comunidad de Cueramato, en el municipio de Apatzingán, una zona afectada por la disputa entre grupos del crimen organizado.
De acuerdo con información documentada por Animal Político, las víctimas fueron identificadas como Alberto Vargas, de 35 años, y Ángel Zavala, de 55, quienes realizaban labores agrícolas cuando activaron de forma accidental un artefacto explosivo improvisado enterrado en la zona de cultivo.
El hecho ocurrió pocos días después del retorno parcial de familias que habían sido desplazadas por enfrentamientos armados.
El pasado 5 de mayo, cientos de habitantes de comunidades como Cueramato, Guanatjuatillo, Holanda, Los Laureles y El Mezquital abandonaron sus hogares ante la escalada de violencia entre grupos criminales.
El Observatorio de Seguridad Humana de la Región de Apatzingán documentó el desplazamiento de al menos 668 personas, en un contexto de intensos enfrentamientos en la región de Tierra Caliente.
Días después, autoridades estatales y municipales acompañaron el regreso gradual de algunas familias a sus comunidades de origen. Sin embargo, el retorno se dio en condiciones de alta vulnerabilidad, ya que la presencia de explosivos improvisados en caminos rurales y parcelas agrícolas no había sido completamente descartada.
Un informe del Observatorio de Seguridad Humana de la Región de Apatzingán reveló que entre enero de 2022 y mayo de 2026 se registraron al menos 35 eventos relacionados con artefactos explosivos improvisados en la región, con un saldo de 40 personas muertas y 62 heridas, lo que representa en promedio casi dos víctimas mensuales por este tipo de ataques.
El documento advierte que en Tierra Caliente se ha consolidado el uso de minas terrestres, drones con explosivos y coches bomba como parte de las estrategias de confrontación entre grupos criminales. Aunque los drones han ganado notoriedad mediática, el informe subraya que las minas terrestres representan un riesgo constante para pobladores y trabajadores del campo.
Las comunidades rurales han sido particularmente afectadas, ya que los explosivos son colocados en caminos, brechas y parcelas de cultivo, lo que convierte actividades cotidianas como la agricultura en una actividad de alto riesgo. En algunos casos, habitantes han descrito estos territorios como “pueblos fantasma” debido al desplazamiento masivo de la población.
Animal Político ya había documentado en años anteriores la expansión de este fenómeno en localidades como El Alcalde y El Guayabo, donde familias enteras abandonaron sus viviendas tras enfrentamientos armados y ataques con drones explosivos. En esas comunidades también se reportó la colocación de minas en terrenos agrícolas, particularmente en huertas de limón.
Testimonios recogidos en la zona advierten que los explosivos improvisados son enterrados de forma encubierta en los caminos, cubiertos con tierra o basura, lo que dificulta su detección y aumenta el riesgo para quienes regresan a trabajar sus parcelas tras los desplazamientos.
El Observatorio también ha documentado otras víctimas recientes, como el caso de un agricultor de 29 años que resultó herido tras pisar una mina en Loma de Los Hoyos, así como la muerte de otro productor en la comunidad de Puerta de Alambre, ambos en hechos ocurridos en zonas cercanas a Apatzingán.
Especialistas en seguridad humana advierten que el fenómeno del desplazamiento forzado en la región ha adoptado nuevas dinámicas, ya que muchas familias regresan de manera intermitente a sus comunidades para atender cultivos o verificar sus propiedades, pese a la persistencia de condiciones de alto riesgo.
De acuerdo con una persona integrante del Observatorio de Seguridad Humana de la Región de Apatzingán, el problema ya no solo afecta la seguridad de las personas, sino también su capacidad de subsistencia. “Esto no solo arriesga la vida de las personas, también compromete sus medios de subsistencia”, señaló en entrevista.
El mismo análisis advierte que los productores agrícolas han tenido que recurrir a medidas extremas para reducir riesgos, como el uso de ganado para detectar explosivos en caminos rurales, lo que refleja la gravedad de la situación en la región.
Organizaciones locales han señalado que la presión económica obliga a muchas familias desplazadas a regresar a sus comunidades pese a no existir condiciones de seguridad adecuadas, ya que la pérdida de cosechas o ciclos agrícolas completos representa un golpe severo para su supervivencia.
El Observatorio también alertó sobre pérdidas económicas significativas en la región, incluyendo la desaparición de alrededor de mil 400 cabezas de ganado y el riesgo de afectación a cerca de 5 mil hectáreas de cultivos debido a la violencia y el desplazamiento.
El pasado 5 de mayo, la organización emitió un aviso dirigido a autoridades estatales y federales para advertir sobre el desplazamiento forzado en Apatzingán y la falta de información precisa sobre la ubicación y necesidades de las personas desplazadas, atribuyendo la crisis a la disputa territorial entre grupos criminales.
Pese a los intentos de retorno acompañados por autoridades, el reciente caso de los dos jornaleros muertos volvió a evidenciar la ausencia de condiciones seguras en las comunidades rurales de Tierra Caliente, donde la violencia ha transformado el trabajo agrícola en una actividad de alto riesgo.
El Observatorio ha señalado que la reciente escalada de violencia en Apatzingán está relacionada con reacomodos criminales y disputas territoriales, lo que ha provocado un repunte de homicidios y enfrentamientos en la región durante los últimos meses.
Organizaciones locales advierten que la vida cotidiana en comunidades rurales de Michoacán continúa marcada por la incertidumbre, donde la agricultura, el desplazamiento y el retorno forzado se desarrollan bajo la amenaza constante de artefactos explosivos improvisados.
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