Ciudad de México, 12/03/26 (Más).- El oficio del rótulo pintado a mano, durante décadas parte esencial del paisaje urbano mexicano, vive hoy un nuevo impulso en medio de debates culturales, decisiones políticas y el avance de la inteligencia artificial en el mundo del diseño.
Aunque en algunos momentos recientes las autoridades intentaron eliminar estas expresiones de las calles por razones estéticas o de orden urbano, rotulistas y diseñadores aseguran que el trabajo artesanal sigue vigente y que incluso ha despertado un nuevo interés entre las generaciones jóvenes.
La controversia en torno a los rótulos tomó fuerza en mayo de 2022, cuando la entonces alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, ordenó borrar cientos de letreros tradicionales de puestos y comercios callejeros en esa demarcación de la Ciudad de México.
La medida, justificada como parte de una estrategia para “mantener la limpieza y belleza de la alcaldía”, implicó cubrir con pintura blanca los anuncios pintados a mano y sustituirlos por el logotipo institucional.
La decisión generó críticas de comerciantes, artistas y colectivos culturales, quienes denunciaron que la política afectaba la identidad gráfica de los negocios y eliminaba una forma de arte popular que durante décadas había dado color a la capital.
El debate se amplió con el tiempo, activistas y especialistas señalaron que los rótulos forman parte del patrimonio cultural urbano y representan una herramienta económica para pequeños comerciantes.
Tras la polémica, el tema volvió a cobrar fuerza cuando la nueva administración de la alcaldía permitió nuevamente la presencia de rótulos en algunos comercios, mientras que otras demarcaciones de la capital, como Benito Juárez en 2025, también discutieron restricciones similares.

En medio de esta discusión, artistas y rotulistas comenzaron a notar un renovado interés por el oficio. Alina Kiliwa, artista radicada en la Ciudad de México, explica que el fenómeno incluso atrajo a nuevas generaciones.
Desde su estudio, donde pintan letreros y objetos con tipografía inspirada en la gráfica popular mexicana, asegura que el borrado de rótulos en 2022 despertó curiosidad y nuevas oportunidades para el oficio.
Según relata, el interés por aprender rotulación ha crecido entre estudiantes de diseño y jóvenes creadores que buscan comprender las técnicas tradicionales. Kiliwa, quien estudió diseño antes de dedicarse al rotulismo, sostiene que el auge también se refleja en exposiciones, cursos y talleres que antes eran poco comunes en el país.
Un proceso similar ocurre con el rotulista Raúl Ángeles, quien lleva más de cuatro décadas en el oficio, desde hace tres años imparte talleres en un centro comunitario al sur de la Ciudad de México, donde han pasado cerca de 300 alumnos interesados en aprender la técnica tradicional.

Para el artista, la rotulación atraviesa un momento de redescubrimiento: “El presente lo veo muy alentador. Veo que muchas personas se están acercando”, explica.
En su método de enseñanza mezcla dibujo con cálculos geométricos para construir letras y proporciones, un sistema que, según dice, permite entender la lógica detrás de cada trazo.
Entre sus estudiantes hay jóvenes diseñadores, personas que buscan un nuevo oficio o quienes se acercaron al taller después de la polémica por la desaparición de rótulos en algunas calles de la capital.
En Oaxaca, el rotulista Giovanni Bautista representa la continuidad generacional del oficio, ya que, su familia mantiene desde hace cuatro décadas el taller Rótulos Bautista, en Villa de Etla.
Bautista pertenece a la tercera generación del negocio y explica que decidió combinar la experiencia artesanal heredada de su padre con su formación en diseño gráfico.
Desde 2018 comenzó a impartir talleres abiertos al público junto a su familia, con el objetivo de preservar la técnica y compartir el conocimiento acumulado durante años.
Para él, el resurgimiento del rotulismo también está ligado a un sentimiento de nostalgia y resistencia cultural.
Considera que muchos jóvenes ven en los rótulos una parte importante de la identidad visual del país, lo que ha impulsado su conservación en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara u Oaxaca.
El regreso del interés por el trabajo hecho a mano ocurre en paralelo con el crecimiento de herramientas digitales y de inteligencia artificial que han transformado la industria del diseño gráfico en todo el mundo.

En febrero de 2024, en España surgió una fuerte polémica en concursos municipales de carteles cuando varios diseñadores fueron señalados por presuntamente utilizar inteligencia artificial para crear sus propuestas.
El caso del ilustrador Sergio Iborra Colomer, quien ganó tres concursos en menos de seis meses, generó sospechas dentro del sector y abrió un debate sobre la autoría, la ética y la originalidad en el arte digital.
La controversia se intensificó cuando Ángel Ligero, ganador del cartel del carnaval de Badajoz, reconoció haber utilizado herramientas de inteligencia artificial en su obra.
El hecho puso en cuestión las reglas tradicionales de estos certámenes, que exigen que las piezas presentadas sean originales e inéditas, y provocó discusiones sobre cómo diferenciar entre creatividad humana y producción automatizada.
Las discusiones sobre el impacto de la tecnología en los trabajos creativos también llegaron a Estados Unidos.

En diciembre de 2024, la startup de inteligencia artificial Artisan lanzó en San Francisco una campaña publicitaria que causó indignación al promover la contratación de “empleados de IA” en lugar de trabajadores humanos.
Los anuncios, colocados en vallas y carteles por la ciudad, incluían frases como “Dejen de contratar humanos” para promocionar su sistema Ava, una inteligencia artificial destinada a tareas de servicio al cliente y ventas.
La campaña provocó críticas en redes sociales y entre especialistas en tecnología y creatividad, quienes consideraron que el mensaje reflejaba una visión distópica del futuro laboral.
Sin embargo, el director ejecutivo de la empresa, Jaspar Carmichael-Jack, defendió la estrategia al señalar que buscaba generar debate sobre cómo la inteligencia artificial está transformando el mercado de trabajo.
A pesar de estos avances tecnológicos, muchos rotulistas sostienen que el trabajo manual mantiene un valor difícil de sustituir.
La textura de la pintura, la improvisación del trazo y la identidad visual que cada artista imprime a sus letras siguen siendo cualidades que, según ellos, distinguen al rótulo tradicional frente a los diseños generados por algoritmos.
En medio del bullicio urbano, talleres como el de Kiliwa o los de rotulistas tradicionales continúan produciendo letreros para taquerías, ferreterías, mercados y negocios locales.
Para quienes defienden este oficio, el rótulo pintado a mano no solo es una forma de publicidad, sino también una expresión cultural que ha sobrevivido a cambios políticos, modas estéticas y ahora al auge de la inteligencia artificial.
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