Ciudad de México, 05/03/25 (Más / IA).- El próximo domingo, la candidata presidencial Claudia Sheinbaum encabezará un mitin en el Zócalo de la Ciudad de México, donde –según adelantó– dará a conocer las medidas arancelarias y no arancelarias que su gobierno implementaría en respuesta a la guerra comercial iniciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En el entorno político y económico, se manejan tres posibles líneas de acción que la mandataria podría anunciar como parte de su estrategia ante los aranceles impuestos por Washington.
Una de las opciones en análisis es la aplicación de aranceles selectivos sobre productos estadounidenses estratégicos. Este mecanismo, conocido como aranceles quirúrgicos, ya fue utilizado en 2019 por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en respuesta a los aranceles al acero y aluminio impuestos por Trump.
El enfoque consistiría en gravar productos de industrias que cumplan dos condiciones: que puedan ser sustituidos fácilmente por importaciones de otros países y que su producción provenga de estados clave en la política republicana. Entre los productos en la mira están la carne de cerdo utilizada en tacos al pastor, que podría reemplazarse con importaciones de Canadá o Europa, y el pollo, que podría provenir de Brasil.

Además, se contemplan aranceles a productos como el maíz amarillo, ciertos tipos de quesos, el whisky bourbon, los arándanos y las manzanas de Washington, bienes producidos en estados con fuerte apoyo a Trump. El objetivo de esta estrategia es generar presión sobre los empresarios estadounidenses afectados, con la esperanza de que estos exijan un cambio en la política comercial de su gobierno.
Sin embargo, dentro de la coalición gobernante hay quienes dudan de la efectividad de esta medida. Se argumenta que el impacto económico en México podría ser mayor que el beneficio político esperado, ya que se asume que los empresarios afectados presionarán a Trump y que este responderá favorablemente, algo que en el pasado no ocurrió de inmediato.
Otra postura dentro del gobierno es evitar represalias comerciales y, en su lugar, dejar que la depreciación del peso mitigue los efectos de los aranceles estadounidenses. La lógica detrás de esta estrategia es que, al encarecerse el dólar, las exportaciones mexicanas se volverían más competitivas, compensando así el impacto de los aranceles.

El problema con esta postura es que se requeriría una devaluación considerable del peso para contrarrestar las tarifas impuestas por Trump. Se estima que el tipo de cambio tendría que alcanzar los 25.6 pesos por dólar, un nivel sin precedentes en la historia del país. Además, aceptar sin reacción las medidas proteccionistas de Estados Unidos podría debilitar políticamente a Sheinbaum y su partido, Morena, en un año electoral.
Ante la disyuntiva entre imponer aranceles selectivos o no tomar represalias, un tercer grupo dentro de la coalición gobernante aboga por medidas no arancelarias que afecten estratégicamente a Estados Unidos sin perjudicar tanto a la economía mexicana.
Una propuesta es relajar las sanciones por violaciones a la propiedad intelectual de productos estadounidenses, permitiendo a empresas mexicanas desarrollar tecnología y procesos que actualmente dependen de patentes de empresas norteamericanas. Esta estrategia, que ha sido sugerida en foros internacionales, incentivaría la producción local y reduciría la dependencia de importaciones estadounidenses.
Otra alternativa es fortalecer el mercado interno a través de programas como el Plan México y la iniciativa “Hecho en México”, que buscan sustituir productos importados por manufactura nacional. También se estudia la posibilidad de restringir la entrada de exportaciones asiáticas y evaluar una posible salida del Tratado de Integración Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT), con el fin de evitar que productos vietnamitas compitan con la producción nacional.

El mitin del domingo será un evento clave para definir la postura de Sheinbaum ante la guerra comercial de Trump. La decisión que anuncie no solo impactará la relación comercial entre México y Estados Unidos, sino que también enviará una señal al sector empresarial y a la comunidad internacional sobre el rumbo económico que seguiría el país en caso de que Sheinbaum gane la presidencia.
La expectativa es alta, y la elección de la estrategia final reflejará el equilibrio que la candidata busca entre proteger la economía nacional, mantener una imagen de firmeza política y evitar un enfrentamiento prolongado con su principal socio comercial.
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