ENRIQUE ABASOLO
Para el asombro de muchos y el horror de Patty Navidad, este 28 de febrero entra en operaciones la muy anticipada tecnología de red 5G.
Si a mí me lo preguntan, la verdad es que no tengo NPI sobre cómo opera, pero lo que sí sé son dos cosas: 1.- No va a interactuar con las vacunas (no al menos con las que le aplicó la 4T a los profes, hasta que las reconozca la OMS) y 2.- Constituye, se supone, una auténtica revolución cibernética dentro de la revolución en la que ya estamos inmersos.
El 5G, se dice, haría todas nuestras interacciones digitales entre cien y mil veces más rápidas y eficientes. Telecomunicaciones, descarga de ‘apps’ y contenidos, operaciones de vigilancia remota, funciones empresariales y gubernamentales, y toda suerte de servicios en línea escalarán dramáticamente en eficacia y rapidez. Pero no sólo eso, podremos dar además nuestros primeros pasos en el Metaverso y comenzar a aplicar el llamado “internet de las cosas”.
Si el 5G no cobra conciencia de sí mismo (como sospecho que lo hará) y decide aniquilar al eslabón más débil de la cadena, es decir, a nosotros los humanos, se supone que tendrá un impacto muy positivo en nuestras vidas.
Otra cosa que sabemos con seguridad es que, en sus etapas iniciales, el 5G estará disponible en una veintena de ciudades de la República, entre las que orgullosamente se cuenta el Springfield de México, Saltillo, Coahuila.
De manera que en cosa de sólo unos días, las actividades más rutinarias pero esenciales de los ‘sarapereños’ se realizarán con mucha mayor precisión y en tiempo récord:
-¿Ya va a llegar el UBER Eats con nuestra comida?
-Pues no tiene servicio para este sector, pero la aplicación me lo informó desde que escuchó mis tripas rugir.
Ya en serio, ojalá que las bondades del 5G sean palpables de inmediato, como tanto se presume; y ya comentaremos si hace una real diferencia en nuestra calidad de vida.
Me apena cambiar el tono del texto, pero no es para menos. Vea: Hace unos días, una jovencita de 18 años perdió la vida al saltar de un taxi en movimiento.
Se supone que cuando el conductor de la unidad cambió deliberadamente o erró la trayectoria del viaje, la chica entró en pánico y, temiendo ser victima de un secuestro u otra agresión, descendió de la unidad cuando ésta iba en circulación.
Las lesiones derivadas del temerario descenso y consecuente caída terminaron por cobrarle la vida a la chica, por lo que hay muchas dudas en torno a este acontecimiento. Todo lo que tenemos es la versión del taxista y la declaración de la madre de esta joven, con la que la venía hablando por teléfono antes de tomar la determinación fatal de abandonar el vehículo.
Es confuso el caso y aunque la víctima necesita todo el favor de la autoridad y nuestras simpatías, tampoco podemos linchar a un cristiano sólo porque quizás dio una vuelta equivocada. No lo sé.
Sería mucho más fácil si todas nuestras interacciones fueran recogidas por dispositivos móviles y su registro quedara almacenado en un soporte digital. Se me ocurre pensar que existiese algún adminículo que todos portásemos, gracias al cual pudiéramos estar además interconectados de manera permanente, en tiempo real.
Y que independientemente de la suerte que corriese dicho equipo, su rastro cibernético nos permitiera conocer los movimientos, desplazamientos y encuentros que haya tenido el usuario para que pudiésemos saber si fue víctima de algún hecho delictivo o criminal.
¡Ah, cierto! Ya existen dichos dispositivos y en efecto, todos o casi todos tenemos uno más o menos funcional.
Y, en el caso de la joven fallecida, en el mejor interés de ella y del propio taxista, habría sido muy deseable contar con un registro del trayecto realizado, así como de todo lo que se dijo o se habló en esa unidad desde que fue abordada por la hoy difunta.
Mis amigas me dicen que en efecto experimentan verdadero terror cuando un conductor hace el menor movimiento sospechoso y no las culpo. Debe ser horrible vivir en constante alerta. Pero, siendo los taxis concesiones públicas, ¿no sería bueno obligarles a llevar este registro inexcusablemente durante todo el tiempo que estén en servicio? Y nosotros mismos como clientes, por nuestra protección, ¿no deberíamos llevar nuestro propio respaldo?
Ahora bien, esto no tendría que limitarse a los autos de alquiler. Realmente no entiendo por qué los distintos cuerpos policiacos y de seguridad, desde vigilantes privados hasta la Guardia Nacional, no son permanentemente grabados/monitoreados en tiempo real en cada instante, tanto por protección de ellos mismos como para proteger las garantías de los ciudadanos.
Cada detención, cada infracción, cada retén, cada interacción de un uniformado con la población civil debería ser grabada (audio y video) y si ambos se conducen de manera correcta, no debería haber empacho para ello.
La tecnología existe, los equipos abundan y son cada vez más baratos. Si no se ha hecho hasta ahora, la única explicación es porque la autoridad no lo quiere así.
Los gobiernos en Coahuila nos han colocado cámaras en donde no las deseábamos y su operación jamás nos ha reportado un beneficio. ¿Por qué mejor no equipan con cámaras a cada uno de sus agentes y unidades para asegurarse de que no violenten los derechos de la ciudadanía?
El impedimento no es la disponibilidad de equipo o de tecnología, sino la falta de elementos capacitados para tratar con la población.
Mientras la autoridad se decide y no a utilizar las herramientas tecnológicas del presente siglo, nosotros deberemos echar mano de éstas y nadie, ningún uniformado, ningún gendarme, ningún gobierno, nadie le puede intimidar o pedir que no le grabe o utilice su teléfono, mucho menos quitárselo, porque es su derecho y es para su protección, en todo momento.
Espero sinceramente que el 5G sirva también para que las aplicaciones de grabación y de rastreo mejoren y que su registro suba a la red en fracciones de segundo, en el mejor deseo de que se eviten más crímenes y abusos por quienes están para brindarnos un servicio o para -supuestamente- protegernos.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.