De 6 a 11 meses
Hay que escribirlo con todas sus letras, muy claro y preciso: En la mina “El Pinabete” no hay rescate y no hay justicia; mientras que los cuerpos de los mineros están atrapados en el interior de la mina, los responsables de la tragedia se encuentran libres, si no es que ya están prófugos o amparados; mientras que para los pobres no puede haber ni funeral, para los ricos, los dueños que disfrutan de los millones que generaba la extracción de carbón, hay impunidad.
Hoy se cumplieron 21 días de la inundación de la mina y fue precisamente hoy cuando las autoridades encargadas del rescate presentaron un plan de rescate a los familiares de los mineros atrapados, solo que ese plan en el mejor de los casos tardaría 6 meses y en el peor 11, es decir, esto se traduce en la pérdida de toda esperanza. Los están dando por muertos.
Lo más lógico y probable es que los trabajadores atrapados ya no estén con vida, sin embargo, no deja de ser frustrante y desesperante que ni siquiera se puedan rescatar los cadáveres, en este caso las autoridades quedan doblemente mal, primero con el rescate y después con la justicia. Algo deberían tener claro: si no entregan los cuerpos, entregan a los culpables; sin embargo, todo parece indicar que no les ha caído el veinte, ante la imposibilidad de entregar los cadáveres deben al menos presentar a los detenidos, de todos los niveles, así como en el caso de Ayotzinapa, caiga quien caiga.
Y es que la fácil es asegurar las oficinas de la empresa minera y detener a alguna persona de poca monta, algún prestanombres como chivo expiatorio, pero ya la gente no cree ese tipo de acciones; aquí lo que opera es que se desprenda responsabilidad contra los verdaderos usufructuarios de la riqueza que genera la mina, que se castigue a las autoridades que permitieron la operación de un pozo en esas condiciones, es decir, a los inspectores y a los mandos medios y altos de la SCT y también a los funcionarios de la CFE que validaron el pago de más de 70 millones de pesos por el carbón extraído ilegalmente y a precio de sangre en la mina El Pinabete.
Más vale que la próxima vez que las autoridades salgan a hablar de la mina presenten también a los responsables de tan lamentable tragedia, si no es así, todo será atole con el dedo.
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Érase una vez
Érase una vez en un pueblo (no crean que estoy hablando de Saltillo, cualquier semejanza es mera coincidencia, este es un pueblo de ficción y un caso irreal) bueno, como les iba contando, erase una vez un pueblo habitado por pura gente de bien, donde regularmente la ropa sucia se lavaba en casa y las cuestiones familiares se trataban en lo privado. Pero un día uno de los hombres más ricos del pueblo comenzó a ventilar públicamente una disputa familiar surgida por una herencia (cabe destacar que no soy partidario de tratar asuntos privados, aún que los protagonistas los hagan públicos, se toca en esa ocasión porque el caso comenzó a tener visos de interés comunitario cuando comenzaron a involucrar entidades y servidores públicos; además, como ya comentamos, es un caso de ficción), ocurre que el hombre rico, ya muy viejo, decidió dejarle una parte de sus bienes a un amigo mucho más joven con quien mantenía una relación muy cercana, eso molestó a los hijos y a la esposa del hombre rico quienes iniciaron una serie de disputas legales para tratar de impedir lo que consideraban injusto, el magnate, ya de una avanzada edad, se molestó y tomó la decisión de dejarle todo a su íntimo amigo. Esto, por supuesto, enfureció más a los hijos quienes incrementaron la actividad legal contra su padre. Cuenta la leyenda que el beneficiario de la herencia, el amigo íntimo con quien el hombre rico incluso había compartido un viaje a París, ese amigo era muy dado a la espectacularidad y a los golpes efectistas en los medios de comunicación de tal manera que convenció al hombre rico para que ventilara públicamente el caso. Se dieron entrevistas de televisión, se pagaron anuncios panorámicos, en fin, una campaña, pero la ambición lo llevó a extralimitarse en sus ataques al grado de que puso en entredicho incluso la actuación de jueces y magistrados, sin recato alguno y también sin pruebas ni bases, complicando aún más la situación y poniendo en riesgo la propia herencia que recibiría, se dice que el joven amigo era conocido en el pueblo por su ambición y por haber participado como servidor público en un gobierno municipal. En fin, está buena la historia, pero aún no me cuentan el final y no me han pasado los nombres de los personajes principales y protagonistas de este interesante cuento, luego que me pasen el final se los platico.
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