¿Y qué pasará con la educación?

Por Marco Campos Mena

Y… ¿ahora qué sigue?, ¿qué podemos esperar de la 4T con un poder casi absoluto y a unos pocos pasos de convertirlo en absoluto?

Pudiéramos pensar que con la llegada de Claudia al poder las cosas van a cambiar y ahora se tendrá un gobierno menos radical, después de todo, ese es el mensaje que entre líneas nos ha estado mandando una y otra vez, la esperanza de que ahora se tendrá un gobierno más racional y menos visceral que daría certeza a los inversionistas.

La realidad suele ser muy distinta a los discursos, eso lo sabemos de sobra, y entre discurso y discurso, la verdad se asoma.

Hablando de esa realidad, el gobierno doctoral, ese que estará compuesto por expertos que han estudiado en el extranjero posgrados, y, que como dijo López Obrador, “se van a aprender a robar” estará bajo la lupa en todo momento en cada declaración, comenzando por las de la primera mandataria Sheinbaum, quien tiene en estos momentos el beneficio de la duda pero que a partir del primer de octubre nos hará ver con sus actos sus verdaderas intenciones.

Por ahora las declaraciones sobre la educación universitaria nos dan una idea del tipo de pensamiento… “porque todas las universidades e institutos de educación superior deben ser gratuitos, no debe haber colegiaturas… porque cuando hay colegiatura, ¿qué es lo que pasa? Pues que solamente la pueden pagar algunas familias y hay otras familias que no la pueden pagar. Por eso la educación como derecho va a ser esencia del próximo gobierno”.

¿Qué nos quiere decir? Leamos entre líneas. ¿Tiene algo en contra de las instituciones privadas? ¿Las va a desaparecer o expropiar para que sean de gobierno y así no cobrar?

Estoy de acuerdo en que México tiene que mejorar su nivel educativo y abrir las oportunidades para que más personas puedan profesionalizarse y más en estos tiempos cambiantes en los que han comenzado a surgir tantos tipos de carreras para las necesidades actuales, sin embargo, una bofetada de realidad a su discurso podría hacer ver que son sueños populistas, ofrece algo que no puede ser.

Al igual que tener una gasolina a $10 a partir del 1 de diciembre de 2018, la gratuidad de las universidades se convertiría en un imposible que podría marcar uno de los primeros desatinos de este gobierno.

La realidad es cruel, pero hay que entenderla para no caer en las mentiras y saber cuándo una propuesta anunciada con flores podría ser en realidad un imposible o una pésima idea que roce con las ocurrencias.

Claro que hay un derecho a la educación gratuita, pero ese derecho está limitado a determinada educación, y, en temas sociales, el delicado equilibrio siempre puede ocasionar un gran problema si se pierde.

Expliquemos un poco más lo anterior. Si todos tuvieran una licenciatura o ingeniería, ¿Quiénes realizarían los oficios y desempeñarían los puestos operarios que son vitales para la economía tal como está actualmente? Y si todos son profesionistas, ¿Cuántas plazas habría disponibles y cuánto se pagaría basándose en la ley de oferta y demanda?

Algo así nos pasa actualmente con la gran cantidad de profesionistas que egresan año con año. No hay suficientes vacantes y el sueldo que ofrecen es menor (un abuso, ciertamente) ya que si no queremos ese sueldo, hay unos tantos cientos o miles detrás que bien podrían decir que ellos si lo aceptan.

Las universidades públicas ya garantizan ese derecho a la educación gratuita, mas hay que recordar que tienen un presupuesto limitado y por ello no pueden aceptar a más estudiantes, a lo que se suma que eligen solo a los mejores para garantizar que quienes egresan sean los mejores en su campo, aunque esto no siempre suceda.

Las universidades privadas surgen para dar un respiro al sistema de educación pública. Estas en algunos casos también tienen exámenes de admisión y hay otras que aceptan a todos los estudiantes, y, del mismo modo, las hay de todos precios, por lo que el argumento comienza a desmoronarse.

También hay que tener en cuenta que no por pagar una colegiatura más alta se tendrán a los mejores maestros, y que las universidades privadas tienen enfoques más prácticos con temarios que son revisados constantemente para mejorar el aprendizaje, incluyendo también en las materias algunas que son indispensables para puestos altos.

Una triste realidad de la que pude percatarme es que en Nuevo León, para poder tener acceso a una oportunidad a un puesto alto, los mismos estándares de la empresa solicitan que sean egresados únicamente de determinadas universidades por el plan de estudios que está adecuado a las necesidades empresariales actuales.

Ahora bien, las herramientas están para que sigamos mejorando por todas partes, desde carreras y posgrados en línea, diplomados, cursos, conferencias en youtube, y quizás uno de los más importantes, los estándares de competencias que son por parte del gobierno.

La educación debe mejorar, está más que claro, pero también se tiene que fomentar el interés por estudiar en los niños para que sean los próximos interesados en continuar sus estudios.

Para nuestra desgracia, ese cambio podría, si hay voluntad presidencial, comenzar apenas dentro de un año dando marcha atrás a las locuras del emperador que han afectado tanto a la educación, tendríamos que volver a los modelos de evaluación docente y mejorar aún más la carrera como tal con mejores sueldos y capacitaciones pagadas por sus contratantes.

¿Tiene algo de malo un buen sueldo?, ¿la preparación no merece ser bien remunerada? Para muchos evidentemente si, sin importar cuanto se hayan preparado en estudios y lo que hayan invertido en tiempo y dinero para ello, los sueldos tienen que ser bajos una vez que alcanzan un puesto alto de gran responsabilidad… por desgracia eso es algo que vemos desde la silla presidencial con la ocurrencia de bajar los sueldos no más porque le da envidia que alguien con preparación y trayectoria gane más.

Respetemos que las personas obtengan una mejor remuneración a medida que se preparan y aceptan trabajos de mayor responsabilidad, de otra manera, lo único que ganaremos será una mentalidad mediocre en la que pensaremos “y ¿para qué estudio si comoquiera voy a ganar lo mismo que el que no hace nada por mejorar?”

La expectativa es alta, tenemos a una próxima mandataria con doctorado y un gabinete con estudios de posgrado en el extranjero, eso cambia la visión y puede ser lo que necesita este país para mejorar por fin, ¿qué camino irá a tomar?


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