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Una convicción dolorosa: el poder sin críticos

La crítica no agrada a los poderosos. No obstante, la libertad de expresión es esencial para la vida en democracia, ya que su vigencia permite el ejercicio de otro derecho fundamental para la ciudadanía: el derecho a la información.

Por: Roberto Heycher Cardiel

En el año 1900 apareció el periódico jurídico independiente Regeneracióndirigido por Ricardo Flores Magón, cuya frase inicial era una crítica al gobierno porfirista: “Este periódico es producto de una convicción dolorosa”.

La nueva convicción dolorosa es que la crítica no agrada a los poderosos. No obstante, la libertad de expresión es esencial para la vida en democracia, ya que su vigencia permite el ejercicio de otro derecho fundamental para la ciudadanía: el derecho a la información.

El hecho de que Laura Brugés haya perdido su empleo en Grupo Fórmula o que Carlos Bravo Regidor haya dejado de colaborar en el periódico Reforma, derivado de decisiones motivadas por presiones desde el poder político, va más allá de un tema de injusticia laboral; es un atentado contra el derecho a la información de la ciudadanía.

La falta de libre acceso de la ciudadanía a diferentes fuentes de información política tiene profundas implicaciones en el sistema democrático y en la participación ciudadana. El libre acceso a la información es la piedra angular de la democracia, ya que permite a los ciudadanos tomar decisiones informadas, ejercer sus derechos de manera efectiva y participar activamente en los procesos políticos y sociales.

En un escenario donde tal derecho es suprimido o ignorado, los ciudadanos son privados de la herramienta más valiosa para el ejercicio de su facultad deliberativa. Sin la posibilidad de acceder a una pluralidad de voces e interpretaciones sobre la realidad política, el espacio público se sumiría en la oscuridad de la ignorancia, y la capacidad de los ciudadanos para elegir a sus representantes y participar en las decisiones colectivas estaría severamente mermada.

En segundo lugar, restringir el acceso a la información plural lleva a una mayor desinformación y manipulación, ya que las fuentes de información podrían estar controladas o influenciadas por grupos de interés específicos, incluidos los gobiernos. Esto podría afectar la equidad y la libertad, particularmente en el marco de las elecciones. Resulta más grave aún que desde el gobierno se promuevan restricciones o descalificaciones a medios o periodistas, pues como reflexionó el filósofo Aristóteles, es en la virtud y el conocimiento que se basa el gobierno justo, no en la fuerza ni en el engaño.

Además, el libre acceso a la información sustenta el principio de rendición de cuentas y transparencia, permitiendo a los ciudadanos fiscalizar las acciones del gobierno y de sus representantes políticos. La falta de este derecho inhibe la capacidad para ejercer control sobre los gobernantes y demandarles responsabilidades por sus acciones u omisiones. Es también una base para premiar o castigar a los partidos, políticos y gobiernos en las elecciones.

Ahora bien, ¿qué puede hacer la ciudadanía frente a la segmentación de la opinión pública a manos de los gobiernos o de cualquier otro poder?

La ciudadanía tiene diversas estrategias y herramientas a su disposición para proteger la integridad de su entorno informacional y fomentar un diálogo público saludable y plural. Aquí propongo tres:

  1. Uso de Tecnología y Plataformas Digitales para diversificar consumo de información. Las redes sociales y las plataformas en línea son frecuentemente calificadas como un riesgo para democracia porque son el medio para generar desinformación, pero también pueden servir como herramientas para contrarrestar la narrativa única, permitiendo a las personas contrastar y compartir información.
  2. Involucramiento y activismo. Participar en foros, diálogos, conversatorios, etc., con la finalidad de contribuir al pluralismo de voces en el espacio público.
  3. Litigio Estratégico. Emplear recursos legales para desafiar las leyes y prácticas que limiten el acceso a la información o la libertad de expresión. No se trata solo de una injusticia cometida contra una persona, se trata de mantener uno de los elementos del sistema de sostenibilidad de la democracia: el derecho a la información y al pluralismo político.

El núcleo del derecho a la información reside en la búsqueda de la verdad, entendida no como un conjunto de afirmaciones inmutables, sino como un proceso constante de interpretación objetiva de la realidad. Por tanto, defender este derecho es preservar la esencia misma del ser humano: nuestra capacidad para razonar.

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