Un sin sentido comunista

Lic. Marco Campos Mena

¿Qué nos hace ir a comprar el teléfono más reciente cuando aún tenemos uno perfectamente funcional? ¿Qué nos hace tomarle foto al vaso de café priorizando que salga la marca? Y, ¿por qué las personas sufren de ansiedad ante ciertos productos “de moda” que no son necesarios en nuestra vida?

La respuesta a todas estas preguntas que podemos hacernos en este respecto es sencilla, somos seres sociales, comunicativos, vendemos imagen y para ello compramos imagen. Todo parece indicar que no somos libres de nuestros más básicos instintos humanos, y si, digo humanos porque somos la única especie en el planeta que tiene este tipo de instintos sociales en los que dependemos de la socialización y la aceptación como parte de nuestras necesidades diarias, a diferencia de otras especies que solo lo hacen con fines de apareamiento.

No cabe duda que con el paso del tiempo veremos más y más afectados por el consumismo en el que vivimos, después de todo, la mercadotecnia y las neuroventas, si bien son excelentes herramientas para impulsar nuestros negocios, actualmente están siendo usadas con fines de vender por vender aunque la persona no tenga ni la más remota necesidad de comprar algo de lo que vendemos, y siendo sinceros, sabemos que muchas compras son solamente basura temporal que sirve para un momento breve y no tendrá una utilidad posterior.

Este fenómeno tiene ciertos tintes que podemos abordar desde el enfoque logoterapéutico, puesto que, como ya lo había anticipado, es un sinsentido que nos afecta por completo y que tratamos de llenar de una u otra forma, más con el enorme pero del no poder hacerlo ante la similitud con los vicios, tal como el cigarro, que muchos usan para calmar la ansiedad pero este en realidad es el que provoca una mayor ansiedad a sus consumidores, volviéndose un ciclo destructivo en el que se depende de la sustancia provocadora para calmar temporalmente los efectos de la misma.

La sociedad se encuentra estimulada por el ritmo de vida que llevamos, “tengo que trabajar más… las deudas… la tendencia… lo que está de moda… el celular nuevo… la nueva temporada… estoy en x cantidad de grupos de WhatsApp…” etcétera.

Sin embargo, el mayor sobre estimulante y causa raíz de todo esto son las mismas redes sociales en las que muchas personas pasan la mayor parte de su día desde su celular.

Al hablar de esto sobre estimulación, hay que ver cómo afecta desde nuestra primera infancia, en particular, los dos primeros años de vida de cualquier ser humano.

En esa etapa el bebé presenta una conducta “elloica” por completo, esto quiere decir que es instintivo y nada racional, reacciona ante los estímulos más no tiene una relación propiamente consciente de lo que significan, esto será algo que aprenderá con el paso del tiempo.

El problema es que actualmente hay quienes consideran que darles el celular es la mejor manera de entretenerlos y “estimularlos con colores y sonidos” lo cual, si bien suena apropiado en la teoría, en la práctica no lo es al no haber una retroalimentación cognitiva motriz con el estímulo, o sea, no desarrolla ni su capacidad de movimiento y conocimiento de su cuerpo ni su pensamiento lógico, muy correctamente muchos han utilizado el término “hipnotizado” puesto que su atención está centrada pero su mente se encuentra fuera de cualquier margen de aprendizaje.

Ese mismo tipo de sobre estimulación lo vivimos también los adultos con una cierta codependencia que tenemos hacia el celular, puesto que los estímulos son similares, pero desde un enfoque direccionado a un pensamiento lógico/emocional.

Desde la parte lógica, el estímulo nos hace creer que todas las notificaciones son importantes y deben ser atendidas para seguir el ritmo al acelerado mundo actual, quedarnos rezagados pudiera “ocasionar consecuencias” a nuestra relación con el mundo (una mala interpretación de la inteligencia interpersonal de Goleman).

Desde la emoción, el ver todas esas notificaciones nos hace sentir que nosotros somos los importantes y que por eso nos necesitan, por eso nos buscan en WhatsApp, por eso nos ofrecen una tarjeta de crédito desde un anuncio web y se nos promete que todos nuestros sueños se volverán realidad… ¿realmente somos conscientes de los sueños que queremos volver realidad? La verdad, yo diría que la mayoría solo tenemos pensamientos e ilusiones materialistas más no el concepto de un sueño o una idealización de lo que pretendemos ya que el sentido de lo que necesitamos o buscamos es cambiante y acorde a las necesidades actuales o al contexto actual.

Digámoslo así, pudiéramos pensar que nuestro sueño es comprar una casa, muy ambiguo, una casa con alberca, aún ambiguo, una casa al norte de la ciudad con tres recámaras, alberca, jacuzzi, terraza y palapa… ahora sí, un poco más enfocado, pero solo obedece a una idealización material de lo que aparentemente necesitamos, ya que si en algún momento llegamos a tener 5 hijos, las tres recamaras serán pocas y querremos una casa más grande, o ante un nuevo estímulo en el celular y cambiaremos dicho sueño por una casa de un piso, minimalista y autosustentable, o incluso un cambio en el pensamiento y podríamos estar pensando en una casa en parís cerca del trabajo hipotético en una firma de moda… así de cambiantes somos.

¿Está mal pensar así? Para nada, la motivación siempre resulta útil para desempeñarnos y mantenernos activos en un camino a cumplir con nuestro sentido. Si tuviéramos la vida resuelta muy probablemente tendríamos una gran depresión al no tener un sentido de nuestra existencia y estaríamos luchando constantemente contra nuestra auto concepción. Siempre es necesario tener una motivación para levantarse en el día a día, una razón para cumplir nuestra cúspide de la pirámide de Maslow, la autorrealización, utópica e inalcanzable en realidad, por eso los millonarios siguen haciendo negocios, estudiando y aprendiendo, les da un sentido para su continuidad, un desarrollo correcto de la inteligencia intrapersonal.

Volviendo a la sobre estimulación que vivimos por los celulares, mi recomendación es que deje de considerarlo parte prioritaria de su vida, desactive las notificaciones de pantalla, incluso el sonido si lo considera necesario, elija sus horarios de uso limitado a cierto tiempo y lugar, se dará cuenta de que puede ser mucho más productivo que yendo al teléfono mientras maneja, si en el pasado se esperaba, ahora también se puede esperar.

Los estímulos nos hacen creer que estar ocupados está bien, ¿en qué momento es mejor ser una persona que trabaja 24/7 a una persona que tiene tiempo para vivir y disfrutar? Reconozco que un tiempo fui así y no me llevó a nada positivo, solamente a vivir estresado, perder el cabello y despertar un día haciéndome consciente de que había perdido años de mi vida que no volverán en algo que ni siquiera me hacía feliz.

Hagamos otro ejercicio. Imagine que hoy es su último día de vida, bueno, hágalo el domingo por la noche, probablemente lea este artículo por la tarde, así que pensemos que el lunes será el último día de su vida, ¿cómo le gustaría pasarlo? ¿Es feliz dónde está? ¿Se siente satisfecho con el contacto con sus seres queridos? 

Esto no significa que va a renunciar a su trabajo o que aventará el celular a la basura para estar más tiempo con su familia, es un recordatorio de nuestra vulnerabilidad, de que un día no estaremos o la persona a la que quisiéramos abrazar ya no estará, sea consciente de ello, y valorará cada día mucho más, no dedique más tiempo a su trabajo del estrictamente necesario, su vida también es importante, no se pierda horas en las redes sociales, su familia está frente a usted, sus amigos le esperan, no posponga ese sueño, trace una meta a corto o mediano plazo y cúmplalo, solamente tenemos esta vida para lograrlo y siempre podremos hacer todo ello, hasta que ya no sea posible…

El sentido que busca solamente lo encontrará cuando se encuentre en calma, tómese su tiempo para respirar, apreciar lo que le rodea y desconectarse del grillete (celular) hágase consciente del aquí y el ahora, estoy seguro de que habrá muchas cosas que valorará al percatarse, otras que querrá cambiar y otras que le habría gustado hacer diferente.

En este sentido, le recomiendo hacer también esta técnica de autoevaluación de Séneca que le transcribo:

«Cuando han retirado de mi vista la luz y se ha dormido mi esposa, conocedora ya de mis costumbres, examino toda mi jornada y repaso mis hechos y mis dichos: nada me oculto yo, nada paso por alto. ¿Por qué razón, pues, voy a temer algo a consecuencia de mis errores, cuando puedo decirme: «¿Mira de no hacer eso más, por ahora te perdono»?

Antes de ir a dormir, o en algún momento de calma al final de la tarde, siéntate de nuevo y escribe en tu diario las siguientes 3 preguntas:

– ¿Qué he hecho bien hoy?

– ¿Qué he hecho mal hoy?

– ¿Qué podría hacer mejor mañana?

Hacernos conscientes de nuestra vida tal cual es le será de gran ayuda y espero estas líneas sean útiles para ustedes para crear un parteaguas, comience a vivir el primer día del resto de su vida tal como le gustaría que sea, tiene el poder de elegir, ¡hágalo!


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