Por Horacio Cárdenas
Allí le va la información, puede parecer un comercial, pero créanos que no lo es. En Saltillo hay como cuatro, en todo Coahuila habrá quizá unos 15 en total, en México probablemente se acerquen a los mil, y en el mundo, el número es enorme. Nos estamos refiriendo a los centros Kumon.
Estos centros nacieron como una opción para la enseñanza, más bien para la regularización de las matemáticas en alumnos que andaban fallos en esa asignatura en sus escuelas, niños y jóvenes a los que “nomás no les entraban las matemáticas”, muchísimos de los cuales, luego de llevar el método durante algunos meses o incluso de principio a fin, lograban no solamente remontar su aversión, que los expertos en pedagogía, ojo, no los de la cuarta transformación, sino los de a de veras, consideran la base y la columna vertebral de toda la educación, y del desempeño profesional posterior derivado de aquella.
Así comenzó, como enseñanza de matemáticas, y en los últimos años ha ampliado su oferta a algo que seguramente es todavía más básico y esencial que las matemáticas, que es la lectura. Si un niño no lee, o si no entiende lo que está leyendo, no va a aprender cualquier cosa que le estén pretendiendo enseñar, ni matemáticas, ni ciencias, no historia, ni nada. Pues bien, ya articulado de esa manera, la lectura y las matemáticas, realmente no hay pretexto para que un niño, cualquier niño, no logre aprobar con honores toda su educación formal, desde preescolar hasta profesional.
El método Kumon es sorprendente simple, allí en el centro, en cualquiera y todos los centros está la historia del programa. Un señor, japonés, Taro Kumon, en la época posterior a la segunda guerra mundial, se las estaba viendo negras con uno de sus hijos, refractario como el mejor teflón a cualquier cosa que incluyera números. El señor se puso a examinar los contenidos que debería aprender el niño en la escuela, y los organizó de una manera simple: preparó hojitas con ejercicios, y armó paquetes, de tal manera que su hijo tuviera que resolver un número determinado de hojas de ejercicios diariamente. Podían ser cinco, podían ser tres, y para cosas muy simples como sumas y restas, podían ser diez hojas las que había que completar.
El secreto del método es este: hay que hacerlas diario, y por diario no es al estilo mexicano, de lunes a viernes y con dos meses de vacaciones grandes, más las de diciembre más las de semana santa, más los festivos. Diario es diario, de los 365 días del año… ofrece dos de descanso, el 25 y el 31 de diciembre, y nada más. El resto, llueve, truene o haya elecciones, el niño inscrito en el programa tiene que hacer sus hojitas. El o ella sabe si las hace nomás despertando, si las deja para la tarde, para antes de dormirse, como sea, pero de que las hace las hace.
Nos puede creer o no, pero con el método Kumon hemos visto niños que estaban reprobados más allá de toda redención, que no solamente sacan dieces, sino que adelantan su nivel de escolaridad dos, tres años, y hasta ciclos completos. Los casos extremos son de niños de primer año de primaria que dominan las matemáticas de preparatoria o ingeniería… todo por hacer sus cinco hojitas diarias, nada más que en vez de cinco, hacen diez o quince, y terminan el larguísimo programa en un año… pero el logro fundamental no es este, sino que le pierdan el miedo definitivamente a las matemáticas, y en el caso de la lectura y del idioma Inglés… que entiendan lo que están leyendo y oyendo, no como infinidad de otros que no pescan nada o prácticamente nada. Ah y en cuanto a la dedicación, hay niños que se tardan cinco minutos en hacer su tarea diaria, otros se llevan veinte, otros que gustan de torturarse y torturar a sus papás, una hora. Si nos vamos por el promedio, digamos 15 o 20 minutos de lunes a domingo, no es demasiado, y al menos durante ese tiempo, los niños están cerca de materiales educativos, que si no es por ellos, duermen el sueño de los desaparecidos, que en este país son demasiados.
Hasta aquí el comercial, y viene a cuento por una nota aparecida hace algunos días en la prensa local, en la que el director del Colegio de Bachilleres de Coahuila informaba de algo que consideramos gravísimo, por encima de los grandes problemas que aquejan a la nación mexicana en los últimos tiempos. Comentaba Leonardo Jiménez, que en las escuelas federalizadas de nivel medio superior, en el estado de Coahuila, aunque cabe suponer que en el resto del país ocurre algo similar, se recibió la instrucción de reducir el número de horas que se dedican a la impartición de matemáticas y ciencias. El funcionario dijo que la disposición de la Secretaría de Educación Pública afecta al COBAC y al CONALEP, donde ¿Quién lo puede dudar?, estas asignaturas eran el basamento de la formación de los alumnos que luego iban a poner en práctica allí donde fueran a laborar.
Según el directivo, las modificaciones a los planes y programas entran en vigor ya, para el ciclo escolar 2023-2024, y se tradujo en la desaparición del currículum de las materias de Ciencias Exactas y las Ciencias Tecnológicas, y la agrupación de otras materias, con lo que hubo una reducción real en el número de horas que el alumno asiste a la escuela, se supone a recibir su formación preprofesional, de hasta catorce horas…
Desde el punto de vista de los alumnos, qué padrísimo, menor horas de clase, menos matemáticas, menos de las materias más complicadas, menos presión para obtener sus calificaciones aprobatorias y finalmente sus títulos. ¿Y luego?, ¿qué van a hacer cuando lleguen a donde les van a exigir determinados conocimientos para desempeñarse en el trabajo?, ¿a poco de veras espera alguien que sean las empresas las que formen a los cuadros que requieren para laborar productivamente?
Ingenuamente, de nuestra parte, y de parte de muchos, pensábamos que el atentado a la educación por parte de la llamada cuarta transformación se restringía a la educación básica, a la primaria y secundaria, en cuyos programas y planes de estudios se quitaron varias materias importantísimas, entre ellas principalmente las matemáticas, a las que los humanistas suelen tenerle particular tirria, probablemente porque jamás lograron aprobarlas ni entenderlas como se debía. No, el atentado es contra toda la educación, creíamos que al llegar a la preparatoria o a la educación terminal, los alumnos lograrían subsanar las carencias que se están imponiendo en primaria y secundaria, pero viene a resultar que no, desde el centro prolongan la ignorancia de las matemáticas al ciclo de educación media superior, total que cuando lleguen a las universidades, esas que quieren que reciban a todos los solicitantes, vengan de donde vengan y sepan lo que sepan, o más puntualmente, ignoren lo que ignoren… ¿Quiénes serán los contadores, los ingenieros, los arquitectos, los físicos, los químicos, los científicos de este país a partir de la próxima generación?, ¿de veras le confiará usted lo que sea a alguien que nunca aprendió matemáticas, no porque pudiera o no, sino porque ni siquiera se las enseñaron?, pues para allá vamos.
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