Un mes más…

Por Horacio Cárdenas Zardoni

La planeación nunca ha sido el fuerte de los gobiernos mexicanos, es más, jamás lo ha sido del pueblo mexicano, de allí que no debería sorprendernos que un gobierno emanado como dicen, salido del pueblo, se comporte de manera exactamente igual que el resto de la población, ¿o qué, alguien pensaba que el mal del ladrillo implicaba ser investido de cualidades que no se tenían cuando se vivía a ras del vil suelo?, de ninguna manera, las cualidades que tenían como ciudadanos de a pie son las que llevan al poder, lo mismo que los defectos y aún los vicios, que curiosamente, los dos últimos tienden a exacerbarse, mientras que las primeras se van difuminando hasta casi desaparecer.

Pongamos que sí, en algún momento del siglo pasado, cuando los cachorros de la revolución comenzaron a dejar sus espacios de poder a los tecnócratas formados en universidades extranjeras, estos que llegaron traían una mentalidad diferente, aquella que habían aprendido en Harvard, Oxford, London College, Penn State, y conste que no estamos ni por un momento aceptando la aseveración del presidente Andrés Manuel López Obrador de que solamente habían aprendido a robar. Si lo sabían, lo aprendieron acá mismo, no tenían que salir del país a doctorarse en lo que ya eran maestros. Pero sí, si algo se trajeron los tecnócratas fue estructura mental, conceptos de planeación que trataron de implantar en México, y que mal que bien funcionaron un tiempo… hasta que llegó una nueva generación de políticos que no eran ni son precisamente académicos, al contrario, son de los que piensan que la escuela es para los que no saben, que los estudios más allá de saber leer y escribir, le sobran a la gente.

Ejemplos de mala planeación por parte del gobierno mexicano servirían para llenar volúmenes enteros de cómo no se deben hacer las cosas, y es que las ganas de hacer negocio, las añoranzas infantiles, los compromisos familiares, la corrupción son pésimas consejeros a la hora de diseñar obras en las que se apliquen recursos públicos.

¿Qué más ejemplo quiere que el hecho de que las pistas nuevas del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles estaban frente a un cerro que cuanto avión que bajara o saliera, tenía que maniobrar para evitar?, nos imaginamos que desde que diseñaron la base aérea de Santa Lucía el cerro ya estaba, pero bueno, los aviones militares eran más pequeños y maniobrables que los grandes aviones civiles de ahora. De todos modos en su momento, hace 70 años y más ahora, debieron planear para que eso no fuera un problema… y no.

Lo del Tren Maya es un monumento a la pésima planeación. El trazo del trayecto se ha modificado varias ocasiones, lo que ha significado pérdidas de miles de millones de pesos, sacrificar miles de árboles que luego salió que fue algo inútil, y sin garantía de que el nuevo trazo sea el más adecuado. Ya tendremos oportunidad de ver si el tal tren no se cae en algún cenote, si no se colapsa la vía, si hay pasajeros y carga suficiente para hacerlo económicamente viable, si las ganancias que genere alcanzan para cubrir las pensiones de los militares y marinos, puras buenas intenciones de oído, porque a la hora de aterrizarlas en el suelo, brotan toda clase de problemas.

Lo de la refinería de Dos Bocas es otro tema de antología. Como se ha demostrado en tres, cuatro, cinco ocasiones, cuando llueve se inunda. De entrada fue un mal sitio para construir una planta de esas dimensiones, una que para colmo tampoco, como el AIFA, tiene comunicación conveniente con sus centros de distribución, le falta un tren, le faltan ductos, le falta electricidad, una demostración adicional de que el problema de la mala planeación no es de esta o aquella dependencia o de un sector específico del gobierno, sino que permea a todas las capas de la administración pública.

La gran obra, la única gran obra que este sexenio se programó para nuestro estado, y ni siquiera en dedicación exclusiva, fue el proyecto de Agua Saludable para la Laguna, al que se le asignó un presupuesto a ojo de buen cubero, de once mil millones de pesos, que ya para el segundo año del sexenio se había recortado en mil millones, ¿pues para qué tanta lana, si la política de austeridad republicana ordena hacer más con menos? Pues con la novedad de que la Comisión Nacional del Agua, encargada del proyecto desde las fases de planeación hasta la ejecución de esta y eventualmente su administración, ha andado dando tumbos desde que se puso el modelo a seguir sobre la mesa.

A diferencia de los proyectos estrella del actual régimen, el de Agua Saludable sí tenía una urgencia temporal, con cada año, con cada mes que transcurra sin su plena operación, los eventuales beneficiarios continúan bebiendo líquido que perjudica a su salud, minándola hacia el futuro y reduciendo su expectativa de vida. Si ya había el empeño de hacer algo, debió aderezarse con hacerlo lo más pronto posible. Los beneficios de agua sin arsénico debieron estar por delante del primer barril de crudo refinado, que no ha salido, que el primer pasajero del AIFA y del primer paseante del tren que llega a Cancún a broncearse a la playa, es cuestión de prioridades, o al menos así lo barajaron al principio del sexenio, una cosa es el desarrollo económico y otra es la vida humana, ¿y qué más urgente que el agua que bebe la gente, específicamente la de la Laguna?

Ojalá hubiera estado en 2020, no estuvo, en 2021 tampoco, se había reprogramado para el 2023, que ni siquiera empieza todavía, y ahora nos cambian la fecha de conclusión del proyecto del mes de agosto del 2024 al de septiembre. Echándole ganas, que nunca ha sido la especialidad, pero ya viendo en el horizonte el fin de las obras, pues se podría respetar la fecha planteada, total, estamos acostumbrados a que inauguran, cortan el listón, hacen el recorrido, y luego regresan a trabajar en todo lo que falta, acá ni esa concesión nos hacen, lo que más nos lleva a pensar que se trata de lo contrario, no tienen para cuando acabarla salvo estimados muy por encimita.

De que nos preocupa nos preocupa, hay analistas que sugieren que el caudal a repartir no alcanzará para satisfacer las necesidades de la población, y por el contrario, mermará la capacidad de la poca agua que todavía queda. No han sido desmentidos por la autoridad. Nada más falta que la última oportunidad de devolverle a La Laguna la tranquilidad en el tema del agua, haya quedado en pura política, politiquería como le dicen ellos mismos.


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