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Un diablo invade Coahuila

Piedras Negras, Coahuila, 02/03/26 (Más).- Una nueva amenaza para la biodiversidad y los estromatolitos de las pozas de Cuatro Ciénegas ya está en Coahuila, se trata del pez diablo, una especie temida por la devastación que ocasiona.

De hecho la presencia del pez diablo ya fue documentada en los afluentes del norte del estado en al menos 48 kilómetros del río Salado y en la zona sur del río Bravo, además de registros en más de cien kilómetros aguas abajo de la presa Venustiano Carranza, conocida como Don Martín.

Especialistas advirtieron que, de continuar su expansión, esta especie invasora podría poner en riesgo ecosistemas únicos del estado, como las pozas de Cuatro Ciénegas, donde habitan estromatolitos considerados de los más antiguos del planeta.

El responsable de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas en la región, José Antonio Dávila Paulin, explicó que el problema no es exclusivo de la entidad. “No nada mas en Coahuila, sino en todo el país es un problema de la presencia del pez que es conocido como limpia peceras, una especia muy utilizada en los acuarios, pero que se asume que en algún momento fueron liberados algunos ejemplares en ambientes naturales como río o lagunas, y que pronto se reprodujo, al grado de que ha invadido muchas áreas naturales, convirtiéndose en un grave problema”, subrayó.

En Coahuila, el mayor temor radica en que el pez diablo logre avanzar hacia cuerpos de agua estratégicos y reservas de alto valor ecológico. La especie ha mostrado una notable capacidad de adaptación, lo que le ha permitido establecerse rápidamente en sistemas fluviales donde no cuenta con depredadores naturales. De alcanzar zonas como Cuatro Ciénegas, podría alterar un equilibrio biológico que se ha mantenido por millones de años.

Los estromatolitos que existen en las pozas de Cuatro Ciénegas son estructuras sedimentarias laminadas formadas por la actividad de microorganismos, principalmente cianobacterias, que precipitan minerales como el carbonato de calcio. Estas formaciones, conocidas como microbialitos, crecen capa por capa en ambientes acuáticos y representan formas de vida con registros de hasta tres mil 500 millones de años de antigüedad. Su conservación es prioritaria por su relevancia científica y por haber sido clave en la oxigenación primitiva del planeta.

El pez diablo se ha convertido en una amenaza porque desplaza a las especies nativas, no necesariamente por depredación directa, sino porque invade sus espacios de reproducción y modifica el hábitat. Durante la temporada de lluvias, los machos construyen madrigueras en taludes y orillas para depositar y proteger sus huevecillos, lo que genera erosión en riberas y bordos de presas.

De acuerdo con estudios técnicos compilados en la guía “El pez diablo en México”, elaborada por la Universidad Autónoma Metropolitana, esta especie posee características morfológicas y fisiológicas que la convierten en un invasor altamente eficiente, con gran potencial de dispersión y elevada tasa reproductiva . Su piel cubierta por placas óseas y espinas, así como su capacidad de respirar aire atmosférico y sobrevivir fuera del agua hasta por 30 horas, le otorgan ventajas frente a otras especies.

Su reproducción también es un factor determinante en su expansión. Se ha documentado que puede alcanzar la madurez sexual alrededor de los 30 centímetros de longitud y que cada hembra puede producir miles de huevos por ciclo reproductivo. Además, el macho resguarda el nido hasta que eclosionan los alevines, lo que incrementa las probabilidades de supervivencia.

En Coahuila, autoridades ambientales y cooperativas pesqueras han comenzado labores de control para evitar que el pez diablo invada aguas arriba de la presa Don Martín. Pescadores utilizan redes y trampas especiales diseñadas para capturarlo de manera más eficiente, mientras se desarrollan campañas informativas dirigidas a comunidades ribereñas para evitar su dispersión accidental.

El riesgo no se limita a la pérdida de biodiversidad. La invasión de esta especie podría impactar actividades económicas como la pesca deportiva y comercial, ya que compite por alimento y espacio con peces de valor comercial, además de dañar artes de pesca con sus espinas y placas rígidas.

A nivel nacional, el pez diablo fue detectado por primera vez en la década de los noventa y desde entonces se ha extendido por diversas cuencas del país, incluyendo ríos de gran importancia ecológica e hidrológica. Su arribo a los cuerpos de agua dulce mexicanos se atribuye principalmente a la liberación intencional de ejemplares de acuario por parte de particulares que ya no podían mantenerlos en cautiverio.

En el sureste del país, la especie ya logró establecerse en sistemas lagunares de alta riqueza biológica, donde se han encontrado ejemplares adultos con ovarios maduros y presencia de nidos, lo que confirma su reproducción activa. Estos antecedentes refuerzan la preocupación de que escenarios similares puedan repetirse en Coahuila si no se intensifican las medidas de prevención.

En ecosistemas frágiles como Cuatro Ciénegas, cualquier alteración física del sustrato podría impactar directamente a los estromatolitos, cuya capa superficial viva es extremadamente sensible a cambios en la calidad del agua, turbidez y sedimentación. Aunque hasta ahora no se ha confirmado su presencia en esas pozas, la experiencia en otros estados muestra que la expansión puede ser rápida si no se contiene oportunamente.

Ante este panorama, expertos como Luis Armando Ayala, Brenda Vega, Greicy Janet Terán y Gabriela Martínez insisten en fortalecer programas de educación ambiental, monitoreo constante y detección temprana, ya que prevenir resulta menos costoso y más efectivo que intentar erradicar una población ya establecida.

También se promueve el aprovechamiento controlado del pez diablo, incluyendo su consumo humano y la elaboración de subproductos como harina para alimento animal, como parte de estrategias integrales de manejo .

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