Por Enrique Abasolo
La intelectualidad del país no deja de azotarse en penitencia por haber sido incapaz de prever el apoteósico triunfo del morenismo el pasado 2 de julio.
Esto me incluye, no desde luego en la liga de los intelectuales, sino en la de los oráculos fallidos.
Si bien, el triunfo de la candidata Sheinbaum en nada me sorprendió y se cantó en éste como en muchos otros espacios desde que se formalizó su candidatura, yo al igual que tantos otros aposté a que las pifias del agonizante sexenio serían facturadas en las urnas en forma de votos para la oposición.
Y ahí estuvo la gran sorpresa, que hasta la tía panista que todos tenemos (esa que va a misa a la iglesia más nice con la gente bien aunque ni de chiste sea su parroquia) también votó por la construcción del segundo piso de la Transformación.
-¡Qué pasó, tía! ¿Pos no quedamos en que AMLO nos estaba venezonalizando?
-¡Pues sí, pero es que el inútil de tu tío vendió los terrenos para invertir en criptomonedas.
Analistas, articulistas y opinólogos en general fuimos atropellados por la realidad y ello es un hecho innegable. Pero, al igual que ser arrollado por un microbús, es importante saber de qué ruta era el condenado microbús al menos.
Quiero decir, que no hay un consenso sobre cuál es la realidad que nos pasó por encima porque hay más de una y al respecto se seguirá debatiendo ya que, como no podía ser de otra manera, los polos de la discusión tienen versiones diametralmente opuestas:
Para los regocijados entusiastas de viejito socarrón, es obvio que los analistas, además de su miopía intelectualoide, viven en una burbuja completamente desconectados del sentir de las masas. Y como suele tratarse de gente acomodada (en mi caso, la mayor comodidad de que gozo es el soporte lumbar de mi asiento), no perciben el enorme beneficio que representa la política social de la 4T.
No sólo eso, es que los opinadores somos gente tan resentida que vemos con frustración el triunfo del humanismo reformador del prócer de Tepetitán.
¡Vale! ¿Por qué no? Es una posibilidad desde luego
Pero hay hechos que son datos duros y de alguna forma tendrían que haber repercutido. A saber:
Los índices de violencia criminal. Por más que se diga que se está atendiendo a las causas, por más que hagan malabares con las cifras, el crimen organizado ha recrudecido la ferocidad de su imperio.
-El combate a la corrupción, que fue la bandera que durante 18 años de campaña ondeó el macuspano, es otro de los fracasos de la presente administración, plagada de escándalos por desvíos, sospechosas adjudicaciones directas, triangulación de contratos a través de prestanombres, defraudación, tráfico de influencias. Nada qué presumir.
Obras emblemáticas faraónicas. Por más que el chairo de su confianza defienda al AIFA, la Refinería de Dos Bocas o el Tren Maya, es bien fácil constatar que en todos los casos el presupuesto inicialmente estimado se duplicó y hasta se triplicó en relación a su costo final. Tan sólo para estimar lo que costó el Aeropuerto Felipe Ángeles hay que contabilizar la indemnización del NAIM (¿Indemnizar? ¿Pues no que era una obra corrupta? ¿Por qué indemnizar a un proyecto plagado de corrupción?). La rentabilidad de estas obras queda para otro sexenio, porque está más que claro que en tiempos de AMLO dichos proyectos no operarán con ganancias, si es que esto realmente llega a suceder en el futuro.
El sistema de salud: Usted, yo, el chairo más recalcitrante y hasta el Presidente sabe que está mintiendo cuando asegura que entregará un sistema de salud modelo. La mega farmacia fue otra vacilada con la que AMLO ganó tiempo para eludir cuestionamientos respecto al desabasto de medicamentos. Para constatar cuánto se ha reducido el sistema público de salud en cirugías, estudios, análisis, consultas y surtido de recetas se puede remitir usted a los números oficiales o puede optar por enfermar y acudir a su clínica más cercana.
En quinto lugar podemos mencionar desatención al medioambiente, desde el ecocidio que representó el Tren MAya, la apuesta por los hidrocarburos, la pésima gestión del agua que se viene acusando en esta administración y la completa indiferencia de este gobierno hacia los grupos ambientalistas y la agenda del cambio climático.
No son todas las fallas de este sexenio, desde luego, pero son las que encuentro más evidentes y difíciles de refutar.
Y aquí es cuando el amigo chairo, la amiga cuatrotera, el amigue transformade respingan y alegan (con justa razón) que el PRIANATO (¡qué horrible suena eso!): que durante el régimen del PRI y de Acción Nacional, quise decir, no estábamos precisamente en Jauja y que de hecho muchos, si no es que todos estos males (corrupción, servicios precarios, crimen y violencia, deterioro ambiental) se iniciaron durante lo que el viejito cotonete llama con desconocimiento de causa “el Periodo Neoliberal”.
¡Vale también! Muy probablemente sea cierto.
Es entonces que me pregunto: Si adolecemos de los mismos males que venimos arrastrando desde hace décadas, ¿Por qué repudiamos al viejo Revolucionario Institucional y celebramos en cambio al morenato vigente, si de hecho comparten el mismo ADN y hasta milita prácticamente la misma gente del viejo régimen?
Creo que lo que subestimamos los analistas no fue el arrastre del movimiento, ni el carisma de su líder, sino el poder de convencimiento que 3 mil 200 pesos bimestrales ejercen sobre las familias mexicanas y por ende sobre el grueso del padrón de electores.
En efecto, quizás todos enfrascados en el análisis de cómo la presente administración ha desmantelado las instituciones, ha debilitado al Estado en favor de un presidencialismo “echeverrista”, cómo se ha eximido de responsabilidades, olvidamos que todo ese análisis palidece frente a la posibilidad de incrementar un poco nuestro pálido poder adquisitivo cada dos mesesitos. Vivimos en la misma realidad de antes, pero Morena y mejor dicho, el Presidente Andrés Manuel López, logró que los mexicanos la aceptasen. Logró que aceptasen la realidad por tan sólo 3 mil pesitos de cuando en cuando.
Sigue habiendo muertos, sigue habiendo desfalcos, ecocidio, autoritarismo, pero en tanto nos siga llegando esa lanita a casa puntualmente, que la realidad se vaya mucho a freír churros.
Alguno de los muchos analistas que fueron cacheteados por la realidad dijo: “Al PRI siempre se le votó con miedo y con enojo. Morena logró que se le votara con gratitud. Y esa gratitud al poder es todavía mucho más peligrosa”.
