TREINTA DIARIOS    

por Horacio Cárdenas Zardoni

La nota no dejó de sorprendernos, en Saltillo Coahuila ocurre un promedio de treinta accidentes automovilísticos, o de camiones o de trocas, porque estos armatostes no califican no de relajo como automóviles, cada día.
¿Qué pasó con aquel Saltillito tranquilo y pacífico? Nos acordamos que no hace demasiados años nos sentábamos por la tarde a ver el noticiero del Arquitecto Benavides, que transmitía desde Monterrey, y que a falta de otra cosa, nos chutábamos entero. Nos llamaba la atención la cantidad de accidentes de tránsito que se sucedían todos los días, si parecía que los vecinos competían por tener, contribuir y participar en los accidentes más aparatosos, por supuesto choques, pero también volcaduras, y la cereza del pastel, no faltaba quien se caía al lecho del Río Santa Catarina con todo y su vehículo.
Famosa se hizo aquella paisana en la prehistoria de las redes sociales: no choqué, me chocaron, y la dama estaba más briaga que un camión de fanáticos de los Tigres luego de un juego en el que ganó su equipo… o que perdió, no sabe uno cuando se ponen más tomados. Porque encima los regios se tomaban lo de los accidentes, como todo lo relacionado con la vialidad, con una tranquilidad pasmosa. Les importaba poco el daño material, las heridas que pudieran sufrir, o hasta los fallecidos, nada de eso impedía que siguieran manejando a velocidades de locura… locura para nosotros los bucólicos saltilleros, que para empezar, no tenemos pistas como las suyas, donde desarrollar esas velocidades de vértigo, además que ya sabemos, la mayoría de nosotros, que si chocamos la nave, para hacernos de otra… está del cocol.
Comparativamente, había en Monterey tantos accidentes como los que se registraban a diario en la Ciudad de México, y no comparar el tamaño de una y otra, como tampoco el volumen de sus respectivos parques vehiculares. Los chilangos se cuidan, o eso parece, mucho de tener un accidente, el carro es una necesidad de la que les es muy difícil de prescindir por el tiempo que les lleven las reparaciones, por eso son mucho más cuidadosos para conducir, por más que no lo parezca, tienen un gen que les permite manejar a milímetros del siguiente vehículo sin rozarse siquiera.
Por eso era un lujo vivir y manejar en Saltillo, con avenidas grandes, poco tráfico, gente sin mucha prisa por llegar a donde fueran, ¿y en qué momento fuimos a perder ese paraíso de los conductores para convertirnos en un estacionamiento de miedo, en el que cuando se libera un poco la circulación, aprovechamos para darnos cada trancazo entre los vehículos que convivimos tan a nuestro pesar?
Vaya usted a saber, será tal vez que las últimas obras viales de importancia las hizo Humberto Moreira Valdés, los famosos puentes de la gente, y su sucesor y carnal, Rubén de los mismos apellidos, lo que hizo fue solamente el paso elevado de Abasolo y La Fragua, sobre el periférico Echeverría, que encima presumió como el más largo jamás hecho, y se acabó. Por eso es por lo que el tráfico está como está, y los nervios de la gente lo mismo, no hay por donde circular a una velocidad razonable, y por eso en el momento en el que vemos un hueco, le pisamos al acelerador para ganar ese par de metros, antes que otro se nos meta, haciendo lo mismo que nosotros.
Por eso tenemos treinta accidentes al día, porque cada saltillero se siente dueño, amo y señor de las calles, voy derecho y no me quito. Si a eso le agregamos que en las últimas tres o cuatro generaciones nadie ha presentado, y menos aprobado un examen de manejo a bordo de un vehículo, y tendrá el panorama de nuestra crítica realidad en materia de vialidad, hoy por hoy quizá el problema más complejo que enfrenta la sociedad y el gobierno de la ciudad.
Creo que este es el momento de volver a traer a la memoria colectiva, como por lo demás hacemos periódicamente, la estrategia emprendida durante la administración de Isidro López Villarreal como presidente municipal de Saltillo. A Isidro le tocaron los puentes relativamente nuevos, y no es que estemos hablando de su nivel de deterioro, sino de que estaban todavía dentro de su capacidad instalada para manejar adecuadamente el aforo vehicular. Ni quien se acuerde de lo perdido, pero entre 2014 y 2017 que fue presidente municipal, el problema sobre los puentes era la alta velocidad que desarrollaban los vehículos, que aparejada a la dificultad del trazo (nada del otro mundo) y la falta de pericia (esa sí antológica) de los conductores que aprendieron a manejar literalmente sobre la marcha, y que en ningún instante aplican sus lecciones de física, química o matemáticas a la conducción de cualquier vehículo que pasa de la tonelada de peso y a veces mucho más que eso.
No por nada aquel chiste tan poco simpático, de que a los saltillenses nos encanta treparnos a las vías rápidas para convertirlas en vías lentas… teniendo un accidente.
¿Qué hizo Isidro para contener la creciente cantidad de accidentes, con cada vez mayor gravedad en cuanto a víctimas mortales, heridos y daños materiales, además de lo que nadie contabiliza, porque no se les ha ocurrido cómo, las miles de horas hombre perdidas?, la dolorosa: implementó el odiado sistema de las fotomultas.
Todo fuera que a los saltillenses, fregados de lana crónicos, y por lo mismo codos hasta donde se puede, y un poco más allá, nos dolió hasta el alma que comenzaran a llegar las fotografías y la multa a la que nos habíamos hecho acreedores. Ni cómo negarlo: era nuestro carrito, fotografiado en una avenida en la que el tráfico estaba limitado a tantos kilómetros por hora, y nos habíamos excedido, y ni modo, a pagar o a pagar.
Nosotros, que presumíamos de manejar sin cuidado por las direccionales, el freno y otros adminículos del carro, de repente descubrimos que había un velocímetro, y que ese tenía que estar en constante relación con los discos que están colgados en los postes a la vera de las calles.
Nos costó muy buen dinero, que hubiéramos querido poder gastar en cualquier otra cosa, pero aprendimos. Y tan aprendimos que el número de accidentes bajó de manera casi increíble, ya que nos habíamos acostumbrado a tener muertos y heridos cada semana y sobre todo los fines, de repente nada, ni uno, o sí, pero nada de la consideración que los que habíamos tenido antes.
Que si era una medida recaudatoria, que si violaba las libertades individuales, que si los datos personales, que si la manga del muerto. El programa funcionó hasta que lo sabotearon desde el gobierno del estado y poco a poco regresamos a nuestro nivel de anarquía precedente y de allí a donde nos hallamos ahora. Las condiciones han cambiado, hoy lo que sobran son carros y lo que falta son calles por donde circulen, pero los accidentes no se corresponden con el tamaño del parque vehicular sino con la velocidad que agarran los vehículos en los tramos en los que pueden correr. ¿No es este el momento para darle otra oportunidad a las fotomultas?, capaz que con lo que recauden se puede hacer uno o dos puentes por donde sentirnos en la película de Cars.

Descubre más desde Más Información

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Más Información

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo