Londres, Reino Unido, 19/01/26 (Más).- La embajada de México en Reino Unido ha enfrentado una profunda crisis institucional bajo el mando de Josefa González-Blanco, quien acumuló 16 denuncias por acoso laboral, maltrato al personal y malos manejos administrativos antes de dejar su cargo.
Los testimonios de trabajadores y exempleados señalan un ambiente marcado por el aislamiento forzado, la desinformación interna y una gestión enfocada en promover la imagen personal de la exfuncionaria, más que en fortalecer los lazos diplomáticos con el país anfitrión.
De acuerdo con una investigación publicada por El País, el ambiente en la legación diplomática se deterioró al punto de que al menos 40 empleados dejaron sus puestos entre 2021 y 2025, lo que redujo la plantilla a menos de la mitad. La expresión “te vas a la dog house” –una forma de castigo que implica marginación total dentro de la Embajada– se convirtió en parte del lenguaje cotidiano. A pesar de que los trabajadores afectados ganaron quejas ante el Órgano Interno de Control y el Comité de Ética, las resoluciones no fueron acatadas por González-Blanco, ni respaldadas por la Cancillería mexicana.
La exembajadora, nombrada en 2021 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, argumentó que las denuncias se originan en inconformidades por procesos de auditoría en curso. Sin embargo, los empleados sostienen que su gestión fue caótica, marcada por un maltrato sistemático, abandono de las funciones diplomáticas y uso de recursos públicos para fines personales. Señalan que más de un centenar de eventos organizados por González-Blanco durante 2024 fueron utilizados como celebraciones privadas sin objetivo institucional claro.

Fuentes internas aseguran que la relación diplomática entre México y Reino Unido prácticamente se paralizó durante su encargo. La subsecretaria Carmen Moreno canceló una gira oficial en 2023 tras no conseguir encuentros de alto nivel en Londres, lo que, según los trabajadores, se debió a la falta de relaciones e interlocución de la embajadora. Tampoco se mantuvo contacto con universidades ni con organismos multilaterales con sede en el Reino Unido, como la Organización Marítima Internacional o la del Café, dejando las representaciones “acéfalas”.
El caso de González-Blanco ha evidenciado las debilidades estructurales del servicio exterior mexicano, donde muchos nombramientos diplomáticos responden a intereses políticos más que a perfiles profesionales. La exembajadora, con vínculos familiares en la política chiapaneca y una breve gestión en la Secretaría de Medio Ambiente, llegó al cargo tras un escándalo que la obligó a renunciar en 2019 por retrasar un vuelo comercial.
Los empleados de la Embajada describen un entorno de trabajo hostil, donde quienes se oponen a las decisiones de González-Blanco son amenazados o enviados al aislamiento. Algunos trabajadores terminaron con daños severos a su salud, incluyendo hospitalizaciones y pérdidas gestacionales por estrés extremo. La respuesta institucional, aseguran, ha sido la indiferencia. A pesar de presentar una denuncia colectiva firmada por 10 personas en 2024, la Secretaría de Relaciones Exteriores no ha tomado acciones contundentes.
Incluso ante las recomendaciones del Comité de Ética, la exembajadora respondió con un documento de más de 20 páginas en el que rechazó seguir las sugerencias por considerarlas injustificadas. “Josefa se siente tan intocable, al punto de contestar al Comité de Ética que no iba a acatar sus recomendaciones”, afirma uno de los denunciantes.
Ahora, será el exfiscal general Alejandro Gertz Manero quien asuma la titularidad de la representación diplomática. González-Blanco, al anunciar su salida, declaró haber trabajado por el fortalecimiento de la relación bilateral, pero las voces desde la propia Embajada contradicen tajantemente esa versión.
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