TIEMPO DE RECORRIDO

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Dice la Ley de Murphy, bueno una de sus leyes accesorias, que si a usted no le importa donde está, no está perdido… desafortunadamente en este nuestro mundo contemporáneo, solo los niños pequeños, y los adultos muy mayores que tienen permiso hasta el miércoles… de la siguiente semana, son pocos los que no andan siempre con la prisa, como dicen que se dice aquí en Saltillo.

Si no le importa donde está y si está o no perdido, tampoco le ha de importar mayormente el tiempo que le tome llegar al sitio donde no le urge arribar, esto es otra obviedad que hasta vergüenza nos da poner por escrito, pero se trata de encontrarle la lógica a un asunto importante.

Así como los niños que no quieren llegar a su casa con una mala calificación, o a recibir un regaño por algo que saben que hicieron mal, o porque la tónica de la familia es la de tantas en México, todo a punta de gritos y regaños, lo que quisieran es que los pasos en vez de acercarlos a su domicilio, los alejaran, o cuando menos los mantuvieran a una misma distancia, con los adultos ocurre lo contrario, quisieran llegar casi en el momento en que arrancan el poderoso motor de su todavía más poderoso vehículo, sobre todo si es de esos que en el velocímetro tienen indicado que pueden levantar hasta 280 kilómetros por hora, si no es que más.

Por cierto ¿qué objetivo tendrán los fabricantes de automóviles al posibiltar que sus ingenios viajen a una velocidad que no permite ninguna ciudad del planeta, y para el caso, ninguna carretera?, la verdad no es un asunto de que se use, sino de que la posibilidad de usarlo esté allí, eso es lo que venden ellos y compramos nosotros, un vehículo que viaje a 120 kilómetros por hora sería más que suficiente, pero claro ¿quién se conforma con una tortuga así de lenta? Y mientras, el diferencial de potencia, de consumo de combustible, de peso, de todo, lo paga uno que se siente Personaje de Rápido y Furioso 9: el bulevar, o como sea que se vaya a llamar.

Viviendo en una ciudad como Saltillo, que hasta muy recientemente con trabajos completaba los quince kilómetros de norte a sur y de oriente a poniente, y que ahora quizá duplique ese trazo, 30 por 30 ¿cuál sería una velocidad satisfactoria para un conductor, habida cuenta que muy poca gente tiene que desplazarse grandes distancias, para realizar sus actividades?

Si Saltillo mide 21.5 kilómetros desde Jardines Coloniales hasta La Universidad Agraria Antonio Narro, en condiciones normales, no ideales, que un vehículo pudiera atravesar la ciudad a 60 kms/h, se tardaría igual, 21 minutos y medio. Pero como a mucha gente esa belleza parece mediocre, ¿qué le parece un 50% más, 90 kms/h? se tardaría como 15 minutos, ya más es morbo peligroso.

Ojalá Saltillo fuera una ciudad de 60 kilómetros por hora… no lo es, salvo a altas horas de la noche, durante el resto del día, poder circular a la mitad de eso, es la gloria.

Ahora que el ayuntamiento de la capital de Coahuila está empeñado en un programa para incrementar la capacidad del bulevar Venustiano Carranza, la avenida más importante de la ciudad, se han manejado distintas opciones, a cual más cuestionada y cuestionable dado el efecto que tendría entre conductores, habitantes, negocios y demás actores involucrados.

Se ha hablado de prohibir el estacionamiento a lo largo de todo el trayecto, o por lo menos en los 5.5 kilómetros que van de Soriana San Isidro hasta la secundaria Margarita Maza de Juárez.

Aprovechando el ubicuo Google, la inteligencia artificial de los de mi generación, hicimos una búsqueda del tiempo de traslado entre esos dos puntos, y el resultado fueron desesperantes 18 minutos a las seis de la tarde, y algo más razonables 9 minutos a las nueve de la noche, nada para ponerse a brincar de gusto.

Está idea se sustenta en el propósito de que el bulevar tenga cuatro carriles efectivos de circulación, muy loable, salvo que… en ciertos tramos ese carril que se usa de estacionamiento o de parada de camiones, no tiene el ancho para una circulación continúa, como no sea de carros compactos, muy compactos, olvídese de los Camiones urbanos y los de traslado de personal, de las trocas tan favorecidas por los saltillenses, nomás no caben.

También se afectaría a múltiples negocios que tienen estacionamiento en batería o que carecen de él, desde siempre, cuando se daban permisos de construcción y licencias de funcionamiento y no se exigían cajones para aparcar. Ellos serían los paganos, y sus clientes.

También se ha hablado de recortar el camellón, que de por sí es mínimo, poco más de un metro, donde hay sembrados árboles desde hace décadas, de hacerlo, la avenida perdería mucho de su belleza, se convertiría en un típico viaducto, y se ganaría muy poco espacio para circular.

Pero desde nuestro punto de vista la aproximación no es la correcta, según nosotros en lo que habría que pensar es en cómo, si es que se puede, devolver a bulevar Venustiano Carranza una velocidad de circulación dada, la que se deseé, la que se decida, la que se acuerde en el cabildo: 40, 50, 60 kilómetros por hora, a toda y a cualquier hora. Se debe, en nuestra opinión, trabajar un proyecto sobre objetivos concretos, no sobre cosas que se vayan a hacer, y que como puede que funcionen, puede que no, punto y aparte de las afectaciones, que como suele ser en estos casos, nadie se va a hacer responsable de ellas.

Se contrató una empresa para hacer un estudio y sobre lo que diga, decidirán si se realizan las obras que recomienden, eso sí hay dinero. Sobre esto, dijeron que hay 20 millones de pesos, que nos da la impresión que es una cantidad mínima,  considerando que en las tres tristes. Cuadras del Paseo Capital se gastaron el doble.

Ojo, si no hay una garantía de una mejora en el tiempo de recorrido, mejor no hagan nada, será dinero tirado al arroyo… y tiempo también, pues entre tanto el problema no hará más que crecer, y crecer, hasta que al bulevar Carranza haya que cambiarle el nomás estacionamiento ídem.


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