Thanksgiving en México

Por Marco Campos Mena

A algunos les sorprende, a otros les gusta y a otros les disgusta… festejar tradiciones extranjeras sin duda ha sido un motivo de controversia a través de los años y dependiendo de la generación a la que se le pregunte encontraremos una respuesta muy diferente al respecto.

Lo cierto es que este año fue más marcado que en anteriores, estamos comenzando a festejar el ‘Thanksgiving Day’ o Día de Acción de Gracias en México casi como si fuera una tradición nuestra, cumpliendo con algunos de los ritos tradicionales y con la decoración incluso en inglés.

¿Está mal? La verdad, y es de decirse, prácticamente no tenemos alguna tradición que sea originaria de estas tierras que tanto protegemos de la influencia extranjera.

Incluso, esos que pregonan el orgullo azteca y el orgullo originario no se ven cumpliendo con los ritos que estos tenían en su época de esplendor que tanto añoran, por el contrario, los vemos muy felices poniendo su pino en Navidad y festejando el 14 de febrero.

Quienes vivimos en el norte podemos decir que carecemos de raíces propiamente porque solamente había tribus seminómadas que hacían lo posible por adaptarse a un entorno más duro, no obstante, fuimos poco a poco adoptando costumbres y tradiciones que llegaban a estas tierras con los migrantes que se iban estableciendo aquí con el pasar de los años.

Así que, sí, somos un pueblo que se fundó de migrantes de otras partes del mundo, no solamente de México, igual que los Estados Unidos y muchos otros países.

Basta con que vayamos a Cuatro Ciénegas y veamos la influencia de los italianos y los franceses, o en Parras la influencia española y francesa, por mencionar algunos casos rápidos.

¿Y qué decir de los apellidos? Hay muchísimos de herencia europea o incluso asiática, incluso aquí mismo en Saltillo la historia de nuestra ciudad está totalmente vinculada a la migración y a aquellos extranjeros que hicieron su hogar aquí y fueron impulsores de nuestro desarrollo.

¿Por qué nos extraña tanto que sus tradiciones formen parte de nuestra vida diaria?

Y ya que hablamos de la fundación de Saltillo, nosotros no somos de herencia azteca ni maya, somos hogar de tlaxcaltecas que migraron para asentarse aquí y formar parte del desarrollo colonial, por eso tenemos pan de pulque y sarapes que son resultado de la mezcla de los conocimientos y tradiciones tlaxcaltecas y españolas.

Desde que el bum industrial se desató en la región Sureste del Estado han estado llegando más y más extranjeros a vivir y formar sus hogares, trayendo consigo sus ideologías, formas de vida y tradiciones, algo que es totalmente humano y normal en el desarrollo social.

Ahora, sumemos a estos nuevos ciudadanos a aquellos que ya tenían tal vez hasta generaciones viviendo aquí y que se sienten más cómodos festejando las tradiciones y costumbres de sus ancestros. Eso ya comienza a formar una buena parte de la población.

La misma educación tiene modelos norteamericanos y se está homologando a sus estándares de enseñanza llegando incluso a imitar el modelo, claro, respetando también lo que marca la SEP, y es de decirse que, en un país libre como el nuestro, están en todo su derecho.

México se está convirtiendo en un país de diversidad cultural y es algo digno de festejarse, y no, no es el luto por la pérdida de las tradiciones. Creo que nadie quiere volver a los sacrificios humanos y canibalismos. Hablamos de que nuestro país es ejemplo para todo el mundo en lo que realmente es inclusión y evolución social, a diferencia de los países de primer racismo, perdón, “mundo”, donde la discriminación y la xenofobia son temas de todos los días.

Un temazcalero de Saltillo mencionó algo muy interesante en una conversación: “No somos mexicanos o estadounidenses o lo que sea como para cerrarnos al mundo, somos humanos y estamos hechos de lo mismo venimos del mismo lugar”.

Claro que es bueno honrar las tradiciones de nuestros ancestros y recordar nuestro pasado, al menos en lo bueno, forma parte de la identidad y desarrollo de una sociedad, pero no tiene nada de malo aprender de otras culturas.

Recordemos que nuestra religión es romana (cristianismo/ catolicismo), el pino de Navidad es una tradición pagana eslava, el Día de Muertos es una mezcla de las tradiciones indígenas mezcladas con algo de la tradición europea y que las serenatas tienen su origen en el renacimiento italiano, nuestra identidad crece y se nutre de la influencia de otras partes del mundo, y lo mismo sucede en todas partes.

Y antes de que piense que solamente nosotros hacemos eso, vea como en los Estados Unidos una gran cantidad de mexicanos celebrar y conmemoran hasta la Batalla de Puebla, hablan español y recuerdan a los muertos el 2 de noviembre.

El multiculturalismo crece en todo el mundo y podemos decir que incluso el cine es parte de ello, ya que la película ‘Coco’ logró introducir algo de la cultura centro mexicana al resto del mundo.

Y ni hablar de la gastronomía, ¿apoco es muy mexicano cenar pavo en Navidad?, ¿o muy estadounidense la hamburguesa y el hot dog? ¡Los tacos, los nachos y el guacamole! Favoritos en los Estados Unidos, la diversidad nos une como humanos y esto es el mejor antídoto a la mega pandemia llamada xenofobia.

Así que, no tiene nada de malo crecer en nuestras costumbres, es mejor ser ciudadanos del mundo y  adoptar todo lo que sea bueno para las sociedades, quizás así no tendríamos guerras y seríamos más empáticos con aquellos que tienen carencias o situaciones complicadas.

Y como punto final algo que no podía dejar de decirse:

Muchas tradiciones tienen un origen muy diferente al que se cree actualmente, pero fueron la base para algo mejor, el mito y la narrativa, algo así como cuando Lisa Simpson descubre la farsa detrás de Jeremías Springfield, pero prefiere no revelarlo para no acabar con todo lo bueno que había surgido y que daba felicidad a las personas.

Nuestra independencia es muestra de ello, Hidalgo no la buscaba y es llamado padre de la patria.

El ‘Thanksgiving Day’ tampoco tiene el origen mágico que todos creen, fue más una calma previa a la tormenta en una alianza tensa que acabaría 17 años después en una de las peores masacres de los nativos americanos, ¿valdría la pena eliminar la narrativa que trajo tanta empatía y valores a millones de personas para que salieran adelante en los tiempos más duros? Desde mi perspectiva, es mejor quedarnos con lo bueno que resultó de ello y seguir construyendo la sociedad unida. Sigamos siendo punta de lanza como antídoto y ejemplo contra el racismo y la xenofobia.


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