La diosa arrodillada

Si no supiéramos que está al servicio de un inescrupuloso grupo de poder, que devotamente renuncia a su dignidad personal y la de la investidura con tal de mantener a salvo a dicho grupo y que, con plena conciencia del peligroso juego en el que participaba, se prestó a la farsa de la sucesión presidencial, casi sentiría pena por la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

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