El tratado global para frenar la contaminación por plásticos atraviesa un estancamiento crítico al tiempo que el consumo y la producción continúan creciendo de forma acelerada. Cuatro años después de que 175 países aprobaran en la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente la creación del primer acuerdo internacional sobre plásticos, el documento permanece en el limbo.
Las negociaciones, que debían concluir en 2024 para abrir la ratificación en 2025, se suspendieron sin acuerdo en agosto durante una reunión en Ginebra y aún no existe fecha para retomarlas.
En la ciudad suiza se celebró la sexta ronda oficial, junto con numerosos contactos informales, pero el proceso está paralizado mientras la contaminación avanza y golpea la salud global.
punto de bloqueo principal es decidir quién presidirá el Comité Intergubernamental de Negociación, mientras aumenta la presión internacional para reducir la producción de plásticos, considerada por estudios científicos y organizaciones ambientalistas como la vía más efectiva para controlar la crisis.
De acuerdo con Forbes México, Irak se ha ofrecido a ocupar la presidencia del comité y pertenece a un bloque encabezado por Arabia Saudita, que rechaza cualquier límite a la producción de plástico. A la posición de los petroestados se sumó la Administración de Donald Trump, que antes de la reunión de Ginebra advirtió por carta que Estados Unidos no aceptaría un acuerdo con menciones a recortes en la producción. Activistas señalaron que estas posturas protegen los intereses de industrias petroleras, gasíferas y petroquímicas, obstaculizando el avance del tratado.
La presidencia del comité quedó vacante luego de que el diplomático ecuatoriano Luis Vayas-Valdivieso renunciara por motivos personales y laborales. Una norma no escrita de Naciones Unidas sugiere que su sustituto debería ser de Latinoamérica y el Caribe. El candidato regional es Julio Cordano, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, aunque Pakistán y Senegal también buscan el cargo. Cordano indicó que la decisión se tomará el 7 de febrero en Ginebra y que después se definirán fecha y sede para reanudar el diálogo.
El jurista Tim Grabiel, de la Agencia de Investigación Ambiental, subrayó que el nuevo presidente debe restaurar la confianza y acelerar el avance hacia un resultado exitoso. La Coalición de Sociedad Civil y Titulares de Derechos por un Tratado de Plásticos, integrada por 166 organizaciones, estableció como líneas rojas que el acuerdo aborde el ciclo de vida completo del plástico y permita votar cuando no haya consenso, para evitar parálisis.
Aunque cerca de cien países defendieron estas posturas en la última reunión del Comité Intergubernamental de Negociación, el mandato no avanza. Desde este lunes se realiza en Nairobi una nueva sesión de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, donde se hablará del acuerdo, aunque no se fijará fecha para reanudar formalmente las conversaciones.
Los estudios recientes indican que la urgencia es creciente. Investigadores del Pew Research Center advirtieron que actualmente terminan cada año 130 millones de toneladas de plástico en el medio ambiente.
Si no hay una acción global ambiciosa, esa cifra puede alcanzar 280 millones de toneladas en 2040, lo equivalente a descargar un camión lleno de residuos plásticos cada segundo. La producción mundial pasó de dos millones de toneladas en 1950 a 450 millones en la actualidad, y las previsiones apuntan a 680 millones para 2040.
La Organización Mundial de la Salud alertó que los químicos utilizados en plásticos —monómeros, polímeros y aditivos— pueden causar desequilibrios hormonales, infertilidad, enfermedades renales, cáncer y padecimientos cardiovasculares.
Expertos señalan que existen alternativas si el tratado continúa bloqueado: una coalición de países consumidores podría impulsar un acuerdo independiente que genere incentivos para que las naciones productoras se sumen posteriormente. Sin embargo, organizaciones ambientales enfatizan que el tiempo se agota y que el mundo no puede esperar a un mejor contexto geopolítico para enfrentar la crisis.

