Sisal, 14/04/25 (Más).- Irineo Novelo, comisario ejidal de Sisal, recuerda cuando bastaba escarbar la arena para encontrar agua dulce. Hoy, casi seis décadas después, el mismo acto revela agua salada, reflejo de un fenómeno que amenaza con intensificarse: la salinización del acuífero costero. Según expertos, este proceso representa un riesgo inminente para el suministro de agua potable en la región noroeste de Yucatán, particularmente en comunidades como Sisal.
Investigadores advirtieron en octubre de 2024 que el aumento del nivel del mar y los cambios en las precipitaciones incrementarán la salinidad del acuífero en la península. Esto afectará la calidad del agua subterránea, principal fuente de abastecimiento para la población local. “La intrusión salina implica que el mar le gana espacio al acuífero de agua dulce”, explicó César Canul-Macario, investigador de la UNAM.
El acuífero que hoy abastece a Sisal se encuentra a seis kilómetros tierra adentro. Sin embargo, estudios del investigador estiman que para el año 2100 no será viable extraer agua dulce en esa zona. Se proyecta que el agua potable solo podrá encontrarse al menos a 18 kilómetros del mar. Para 2040, ya se prevé que el agua disponible supere los niveles máximos permitidos de minerales y metales disueltos.
Erick Soto, técnico de la UNAM, monitorea la salinidad en pozos de la región. En Sisal, registró la presencia de agua salada a 16 metros de profundidad en pozos ubicados a menos de 300 metros del mar y también en otros más lejanos, a más de 4.7 kilómetros. “Para mí es crítico”, afirmó. “En menos de cinco metros cambia la salinidad hasta 22 gramos por litro. Tengo un agua salobre más alta que la del manglar”.
La situación se vuelve más delicada si se considera que Sisal enfrenta actualmente tensiones territoriales por disputas sobre tierras costeras. Los pobladores alegan la propiedad de estos terrenos para evitar que sean entregados a inmobiliarias, mientras que las autoridades federales los acusan de haber talado manglar, lo que ha derivado en una investigación por parte de la Fiscalía General de la República. Estos ecosistemas son fundamentales para frenar la intrusión salina.
La salinización del acuífero no solo compromete el acceso al agua potable, sino también a los ecosistemas locales. Soto señaló que especies como crustáceos, moluscos y aves como los flamencos se ven afectadas. El aumento de la salinidad reduce el fitoplancton, alimento esencial de los flamencos, y dificulta la reproducción de organismos que dependen del equilibrio salino del acuífero.
En agosto de 2024, un incendio dejó a los habitantes de Sisal sin tubería durante un mes. Novelo recuerda que esa experiencia evidenció la vulnerabilidad de su comunidad. “Yo tenía que ver de dónde conseguir agua, estar pendiente de las pipas, dar para los refrescos para que te llegue a la cisterna”, relató. “El agua se necesita hasta para lo más básico como procesar maíz para la tortilla”.
Frente al avance del agua salada, se contemplan posibles soluciones como la instalación de plantas desalinizadoras. En 2023, Quintana Roo anunció dos plantas de este tipo, una en Tulum y otra en Cozumel. Sin embargo, su costo es elevado. “Un metro cúbico de agua desalinizada ronda los dos o tres dólares”, explicó Canul-Macario. “Más el costo de llevarla a casas”.
Además de la desalinización, el investigador propone alternativas como muros impermeables, captación de agua de lluvia y recarga artificial del acuífero. No obstante, advierte que el aumento de la salinidad también implica un alza en el precio del agua potable, producto de los costos operativos.
El estudio del investigador se basa en datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que prevé un aumento del nivel del mar de entre 40 y 80 centímetros para el año 2100 en la península. En un acuífero plano como el de Yucatán, incluso pequeñas variaciones pueden generar grandes alteraciones en la distribución del agua dulce y salada.
La falta de información es otro problema, señala Novelo. “Estaría bueno que nos informaran. Nosotros deberíamos saber qué se hace y qué información se tiene de Sisal”, expresó. Soto coincide con la importancia de que la comunidad participe en el monitoreo de pozos. “Hay gente que me pregunta: ‘¿Cómo está mi pozo?’. Eso es lo que le da importancia al estudio”, dijo.
Por el momento, autoridades municipales han evitado pronunciarse sobre las implicaciones del fenómeno. A solicitud de esta redacción, Cristina Pérez Bojórquez, alcaldesa de Hunucmá, se negó a fijar una fecha para entrevista. En un recorrido con autoridades ambientales, solo declaró que “es algo que han externado cooperativistas”.
Mientras tanto, la incertidumbre crece. “Espero que la ciencia tenga formas más avanzadas para que el agua de mar sea apta para consumo humano”, dijo Irineo Novelo. Sisal, con cerca de 2,100 habitantes, enfrenta una amenaza silenciosa que avanza con cada centímetro ganado por el mar.
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