Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 03/09/2025 (Más).- Pablo Pérez Guajardo, sacerdote originario de Saltillo y exintegrante de la congregación Legionarios de Cristo, se convirtió en una de las voces críticas dentro de la Iglesia católica durante los años 2012 y 2013, al denunciar las prácticas y la estructura interna de la orden fundada por Marcial Maciel.
Pérez Guajardo falleció años después, pero su labor y sus denuncias dejaron huella en la comunidad religiosa.
En 2013, acusó al obispo de Saltillo, Raúl Vera López, de haberlo retirado de la Parroquia del Sagrado Corazón debido a presiones de grupos que rechazaban su formación como exlegionario. Durante las cinco semanas que permaneció al frente de la parroquia, realizó también trabajo pastoral en la comunidad rural de Agua Nueva, al sur de Saltillo. Su gestión fue cuestionada bajo el argumento de fallas en la organización de primeras comuniones, situación que él atribuyó a prejuicios contra su pasado.
“Yo fui Legionario de Cristo y me retiré porque no quise ser continuador de un grupo con antecedentes de pederastia”, señaló, según consignaron en su momento publicaciones periodísticas.
Pérez Guajardo buscó que la ceremonia del sacramento no se convirtiera en una carga económica para los padres de familia, lo que generó molestias en algunos sectores de la parroquia. Su salida provocó protestas de feligreses que lo respaldaban, quienes criticaron la falta de acercamiento del obispo a las comunidades rurales. El sacerdote subrayó la importancia de un liderazgo pastoral cercano a la gente, especialmente en zonas marginadas donde impulsó diversas actividades comunitarias.
Antes de regresar a Saltillo, Pérez Guajardo había sido removido de la parroquia en Playa del Carmen, Quintana Roo, tras denunciar la doble moral de Maciel y la falta de atención a la población vulnerable. Su postura lo convirtió en un “legionario incómodo” dentro de la congregación y, posteriormente, en un sacerdote señalado por colegas como “alborotador” o “demagogo”, apelativos que él consideraba un reconocimiento a su labor pastoral.
Durante su trayectoria, combinó estudios teológicos con trabajo social y educativo, incluyendo su participación en instituciones como el Instituto Cumbres de Saltillo, así como en diversas actividades en México y España.
A lo largo de su vida, se mantuvo firme en su decisión de denunciar abusos de poder y de trabajar por la comunidad, aun cuando enfrentó resistencias dentro de la jerarquía eclesiástica.
Pérez Guajardo falleció dejando un legado de crítica constructiva y compromiso social, recordado como un sacerdote que no temió ser llamado “el padre rebelde” ni cuestionar estructuras establecidas en defensa de la dignidad de los fieles y de la transparencia en la Iglesia.

