Ciudad de México, 27/03/25 (Más / IA).- Dos años después de los enjambres sísmicos que cimbraron el poniente de la Ciudad de México en mayo y diciembre de 2023, un estudio científico revela por primera vez el origen de los microsismos que preocupan a vecinos de las alcaldías Álvaro Obregón, Benito Juárez y zonas aledañas.
La investigación, elaborada por especialistas de la Facultad de Ingeniería y del Instituto de Geofísica de la UNAM, documenta la interacción entre fallas geológicas locales y la presencia de sismos lentos en el subsuelo capitalino, fenómeno que hasta ahora no había sido identificado en la ciudad.
Los eventos sísmicos que alarmaron a la población, caracterizados por sacudidas breves pero intensas, se originaron a partir de un proceso de deslizamiento lento en las fallas conocidas como Barranca del Muerto y Mixcoac.
Según el estudio, publicado en la revista Tectonophysics, la secuencia sísmica perceptible fue precedida por este tipo de sismo silencioso, cuya energía se libera de forma gradual a lo largo de semanas o meses, sin ser percibida por la población y solo detectable con instrumental especializado.
“Dentro de la ciudad tenemos un mecanismo de liberación de energía que ya conocíamos que existe en la naturaleza, pero que nunca se había documentado aquí”, explicó Darío Solano Rojas, científico de la Facultad de Ingeniería y líder del estudio.
El hallazgo clave fue una deformación del terreno registrada en la zona de Mixcoac, tras los microsismos de mayo de 2023. Utilizando tecnología de radar satelital InSAR (Radar Interferométrico de Apertura Sintética), el equipo detectó una alteración del suelo típica de sismos de mayor magnitud.
“Normalmente la deformación del terreno ocurre en relación directa con el tamaño del sismo. Lo que se vio en el estudio es que para los sismos de 2023, la deformación era como si hubiera habido un sismo mayor del que realmente ocurrió”, señaló Luis Quintanar Robles, investigador del Instituto de Geofísica y coautor del estudio.
Este fue el indicio que llevó al equipo a integrar conocimientos de diversas disciplinas, sumando al trabajo a especialistas como Josué Tago, Víctor Manuel Cruz-Atienza y el propio Quintanar.
La investigación concluyó que la actividad en una falla en mayo de 2023 modificó los sistemas de esfuerzo de otra, provocando así la secuencia sísmica de diciembre de ese mismo año. “Tenemos esta combinación de dos mecanismos de movimiento de las fallas, donde después de una etapa de sismos lentos viene una de ruptura, y esta última es la que percibimos como un microsismo”, detalló Solano.
Lejos de tratarse de un fenómeno nuevo, los autores destacan que los sismos con epicentro en el poniente de la ciudad han sido parte del comportamiento sísmico del Valle de México desde hace décadas. El poniente capitalino, atravesado por un sistema de fallas asociado a la Sierra de las Cruces –frontera natural entre el Valle de México y el de Toluca–, ha registrado históricamente actividad sísmica. “Por ejemplo, en 1981 también hubo un enjambre de sismos en la zona de Plateros y se tienen documentados sismos en Mixcoac, no es el descubrimiento de una falla nueva, sino una manifestación de la existencia de este sistema de fallas en el poniente de la ciudad”, señaló Quintanar, quien ha sido impulsor de la red de estaciones sísmicas que opera en la capital.
El estudio también subraya que el aumento en la densidad poblacional ha influido en la percepción de estos fenómenos, y advierte que la comprensión de estos mecanismos es crucial para el diseño de políticas públicas y estrategias de protección civil.
“Estamos llevando la atención a un mecanismo físico que no se conocía dentro de la ciudad y nos da gusto que viene una buena contribución de la ciencia para entender esta zona”, concluyó Solano Rojas.
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