Escrutinio
Rodrigo Morales M.
Al momento de escribir estas notas aún no se había presentado la iniciativa de reforma electoral por parte de la presidenta, sin embargo, por lo anunciado mediante unas cuantas láminas en una mañanera de la semana pasada, es posible anticipar el sentido de la reforma.
Lo primero que llama la atención es el método y las formas, a diferencia de todas las reformas exitosas del pasado, en ésta se ha optado por la soledad y la simulación. No ha habido deliberación con otros actores políticos, no se han escuchado las voces que llaman a la mesura o al diálogo, lo que hemos visto, desde la soledad de Palacio, es la imposición de la agenda del partido gobernante. Se reforma no para atender agravios, ampliar canales de participación, o reconocer pluralidad, se reforma para perpetuar una visión única de lo que debe ser el país.
Lo segundo a destacar es el diagnóstico que soporta la propuesta de reforma: según esto el principal problema de nuestra democracia electoral es su costo. Mayoritariamente la academia, la comunidad internacional, los observadores han alertado que el mayor riesgo para la sustentabilidad democrática de México es la cercanía del crimen organizado con los procesos políticos. Habría que agregar la creciente pérdida de equidad en las contiendas y el debilitamiento del arbitraje electoral. Ninguno de esos problemas se atiende, y no solo eso, se agrega una mayor distorsión en la representación política.
Es sintomático que aún sin conocer los detalles de la iniciativa se le denomine la Ley Maduro, y es que el método y lo anunciado autorizan anticipar el carácter autoritario de la reforma. Una modificación en las reglas del juego obtiene el calificativo de progresiva cuando es el colectivo de los actores políticos quienes participan en la confección del nuevo arreglo; por el contrario, cuando es la exclusión la motivación y el objetivo, lo que se tiene es una reforma regresiva.
Sin duda que frente al deterioro de nuestro arreglo electoral tenemos una asignatura pendiente, pero si prospera la iniciativa anunciada lo que tendremos no es una labor de perfeccionamiento sino de refundación del entramado institucional que le da vida a las elecciones.
Confieso que no acabo de entender la obsesión de los gobiernos de la cuarta transformación para crear problemas donde no los había. Los procesos políticos no se interrumpen por el cambio de reglas, la diversidad de la sociedad no se contiene por decreto, pero ciertamente hay reglas y acuerdos que hacen más fácil la convivencia. La apuesta por amplificar la polarización no anulará la pluralidad, sólo la reencausará. Ojalá se entienda el mensaje y no se insista en gobernar desde la soledad.
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