Tres países tienen soberanía en cuerpo de agua que para el gobierno estadounidense ahora se llama “Golfo de América”
Ciudad de México, 28/02/25 (Más / IA).- La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de rebautizar el Golfo de México como “Golfo de América” ha generado un conflicto diplomático con México y Cuba, las otras dos naciones con soberanía sobre este cuerpo de agua de 1.6 millones de kilómetros cuadrados.
Aunque la denominación Golfo de México ha sido utilizada durante casi cinco siglos y está reconocida en tratados internacionales, la Casa Blanca ha impuesto el cambio de nombre en sus documentos oficiales y ha presionado a empresas tecnológicas para que adopten la nueva denominación.
De acuerdo con datos de Sovereign Limits, una base de datos especializada en fronteras internacionales, México tiene soberanía sobre el 49% del golfo (757,300 kilómetros cuadrados), mientras que Estados Unidos controla el 46% (707,600 kilómetros cuadrados) y Cuba el 5% (80,000 kilómetros cuadrados).
Pese a estos límites ratificados en la Convención Sobre los Derechos del Mar de 1982, la orden ejecutiva de Trump busca redefinir la nomenclatura del territorio marítimo, lo que ha sido rechazado por la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. “México no acepta que se renombre su territorio”, afirmó.
El impacto del cambio ha sido inmediato en agencias federales estadounidenses y en plataformas como Google, que ya muestra la denominación Golfo de América para los usuarios en Estados Unidos. Según la empresa californiana, quienes accedan desde México seguirán viendo Golfo de México, mientras que el resto del mundo visualizará ambos nombres. “Aunque los tratados y convenciones internacionales no buscan regular cómo los proveedores privados de mapas representan lugares geográficos, nuestra política consistente es consultar múltiples fuentes oficiales para proporcionar la más actualizada y precisa representación del mundo”, señaló la compañía en respuesta a una carta de protesta enviada por el gobierno mexicano.
Ante esta situación, el canciller Juan Ramón de la Fuente ha advertido que la nueva denominación solo puede aplicarse a la franja marítima bajo jurisdicción estadounidense. “Excederse de dicha zona extralimita las facultades de cualquier autoridad nacional o entidad privada (…) De ser el caso, el Gobierno de México ejercerá las acciones que, conforme a derecho, estime pertinentes”, declaró.
Sheinbaum no descartó la posibilidad de presentar una demanda civil contra Google si la empresa no revierte el cambio en su plataforma. “Vamos a esperar la respuesta y, si no, procederemos ya en tribunales”, aseguró la mandataria.
Mientras México evalúa acciones legales, la Casa Blanca ha tomado medidas drásticas contra quienes se oponen al cambio de nombre. La agencia de noticias Associated Press (AP) ha sido vetada indefinidamente de eventos oficiales por seguir usando Golfo de México en sus reportes. Sus periodistas han perdido acceso al Despacho Oval y al avión presidencial, lo que refleja la postura inflexible de Washington.
El debate en torno a esta imposición ha sido analizado por el columnista Gustavo Arellano en el diario Los Angeles Times. En su artículo, cita al académico mexicoamericano William Anthony Nericcio, autor de ‘Tex[t]-Mex: Seductive Hallucinations of the Mexican in American’, quien sostiene que la medida de Trump está impulsada por un sentimiento antimexicano arraigado en la sociedad estadounidense. Un estudio reciente parece respaldar esta teoría: el 60% de los estadounidenses tienen una opinión negativa sobre México.
La disputa sobre el nombre del Golfo de México no es solo un tema de cartografía, sino un reflejo de la tensa relación entre ambos países en un contexto de creciente nacionalismo en Estados Unidos. Mientras México defiende su soberanía y evalúa respuestas diplomáticas y legales, la controversia sigue escalando en el ámbito internacional.

