Londres, 01/05/25 (Más).- Lo último que Johanna Perry recuerda del maratón de Londres de 2018 fue el cartel que indicaba la mitad del camino. Tres días después despertó en una cama de cuidados intensivos sin memoria del momento en que cruzó la meta. Había bebido tanta agua durante la carrera que su cuerpo colapsó por una condición conocida como hiponatremia, un trastorno provocado por el consumo excesivo de líquidos.
Perry participaba en el maratón junto a su hija y su yerno. Aunque parecía una jornada exitosa, el calor del día y la hidratación constante llevaron a que eliminara por completo las sales y nutrientes esenciales para el funcionamiento del organismo. La recuperación fue completa, pero el episodio dejó una advertencia clara: beber demasiada agua puede ser tan peligroso como no beberla.
El agua constituye aproximadamente el 60% del peso corporal humano y desempeña funciones vitales como transportar nutrientes, eliminar bacterias, mantener la temperatura corporal y proteger órganos y tejidos. Sin embargo, como explica Nidia Rodríguez-Sánchez, especialista en hidratación de la Universidad de Stirling, este elemento esencial suele ser olvidado como un nutriente en sí mismo.
Las recomendaciones generales indican una ingesta diaria de 2 litros para mujeres y 2.5 litros para hombres, aunque esta cifra varía según factores como el peso corporal, la edad, el sexo, el nivel de actividad física y el clima. Además, parte de la hidratación proviene de los alimentos, especialmente frutas y verduras como la sandía, que contiene hasta un 92% de agua.
No obstante, beber más líquido del que el cuerpo puede procesar puede ocasionar graves consecuencias. La hiponatremia, como la que sufrió Perry, ocurre cuando el exceso de agua diluye los niveles de sodio en la sangre, lo que provoca inflamación celular y puede derivar en síntomas como confusión, vómitos, espasmos musculares, convulsiones e incluso coma.
Según la Facultad de Medicina de Harvard y la Organización Mundial de la Salud (OMS), mantener el equilibrio hídrico es fundamental. La deshidratación, por su parte, se manifiesta con fatiga, sequedad bucal, orina oscura y mareos, y en casos graves puede derivar en insuficiencia orgánica.
Un estudio liderado por el profesor John Speakman, de la Universidad de Aberdeen, concluyó que los adultos jóvenes requieren entre 1.5 y 1.8 litros de agua al día, con una reducción progresiva conforme avanza la edad. El lugar de residencia también influye: climas cálidos y húmedos aumentan la necesidad de hidratación.
En todos los casos, el cuerpo humano emite señales claras para regular la ingesta de agua. La sed es una de ellas, y el color de la orina es otra: un tono amarillo claro indica buena hidratación, mientras que uno oscuro alerta sobre la necesidad de líquidos.
El caso de Johanna Perry es un recordatorio de que la hidratación debe ser consciente y equilibrada. Beber agua es vital, pero excederse también puede costar caro. En actividades físicas intensas, la hidratación debe complementarse con reposición de electrolitos, no solo agua, para evitar alteraciones graves en el organismo.

