Lic. Marco Campos Mena
Los estudiosos del derecho definimos a este como “el conjunto de normas jurídicas que regulan la conducta social en un tiempo y lugar determinado…” entre otras muchas palabras, por ahora esto es lo que nos sirve e interesa más para nuestro menester del día.
A lo largo de los milenios los seres humanos hemos creado “leyes” para regular nuestra sociedad, en otras palabras, la sumisión de la mayoría a la voluntad de una o pocas personas o también visto así, para que no nos matemos entre nosotros sin razón alguna.
Desde esa perspectiva, las leyes, normas y reglamentos han estado presentes en nuestra vida desde hace tanto tiempo que se podría pensar que es algo a lo que ya estamos acostumbrados, algo que pensamos que ha estado en el mundo desde mucho antes de que llegásemos y que seguirá allí por mucho tiempo más después de que nos vayamos.
Sin embargo, pensando en los tiempos actuales en los que todo está cambiando y a un ritmo aceleradísimo, la prevalencia de la regulación es incierta y más aun viendo como las siguientes generaciones tienden a presentar un cierto desdén por estás mucho mayor al que presentaron generaciones anteriores que dieron auge a movimientos anarquistas.
Hablemos un poco de ello.
Estos movimientos anarquistas responden a una insatisfacción ante una situación determinada, por lo general un gobierno, caracterizados principalmente por las pintas de la letra “A” dentro de un círculo y generalmente en color rojo, muy probablemente lo conoce y lo relaciona con los movimientos “punk” que surgieron como protesta política y social.
Desde la perspectiva psicológica, el ser humano desarrolla su capacidad de discernir a partir del primer año de vida, algunos dicen que desde antes y otros que a partir de los dos años, esa conducta elloica de la que hablábamos la semana pasada termina cuando se desarrolla el pensamiento y esta capacidad de distinguir el bien y el mal, lo cual da paso al desarrollo del “super yo” (según la tópica Freudiana, una persona con más empatía, capaz de distinguir el bien y el mal y respetuosa de las reglas sociales por su entendimiento como parte del funcionamiento de una sociedad).
Vayamos más allá del bien y el mal, como diría Nietzsche.
El fenómeno que se presenta en la actualidad, y no es una cuestión exclusiva de los centenials, es la insatisfacción carente de este “superyoismo” y me explico un poco más dada la posible confusión que pudiera darse en este sentido.
Anteriormente la insatisfacción se manifestaba como una protesta en forma de rebeldía, desde una comunicación no verbal a través de la vestimenta y forma de llevar el cabello, hasta los actos en contra de aquello que consideraban debía cambiarse.
Actualmente existe una “libertad de expresión” en la que todos pueden hablar, pero todos a su vez serán “adversarios” por disentir en contra de la opinión de los demás. Este conflicto se presenta de una manera muy curiosa en los diálogos entre personas de diferentes generaciones, principalmente entre los Generación X y los centenials, y esto se debe a que el paradigma social es por completo diferente para ambos, sin justificar quien está en lo correcto o no, pues no es tema, existe una mutua censura y ataque constante a las formas de pensar y actuar.
Sin embargo, esto no es nuevo. Cada 20 años se ha dado una situación similar entre padres e hijos, pero dada la longevidad de las personas y la facilidad de comunicarse, esto se ha ido polarizando aún más entre personas con acceso a cualquier dispositivo que se pueda conectar a internet.
La política es por excelencia el campo de batalla de opiniones e ideologías desde tiempos inmemorables, siempre hay quien quiere imponer su manera de pensar y de dirigir y quienes congenian con una u otra manera, peor aun cuando se tiene una pluralidad de opiniones como lo sucede en nuestro país con tantos partidos políticos.
Todo esto nos lleva al punto medular de lo que sucede en estos tiempos, el querer tener la razón hace que no haya una norma aplicable a toda la población, siempre habrá polos opuestos y lo puede ver a simple vista en temas como el aborto, la eutanasia, los matrimonios, el gobierno actual, el uso del lenguaje, la cancelación de las películas de antes y la apertura pornográfica y altisonante del contenido actual… etcétera.
Pese a que muchas personas los consideran temas de moda, la realidad es que son únicamente temas sociales que nos están llevando a perder la regla con que se mide la sociedad, no hay un común denominador y los legisladores terminan optando por dejar abiertas las libertades para acercarse a un punto de acuerdo, claro que este punto no es otra cosa más que decir “si lo quieres hacer, hazlo, pero no te metas con nadie más” cosa que sabemos, no sucede.
Los “ideologistas”, personas que se apasionan tanto por un tema que lo defienden y promueven como producto milagro, no suelen pensar en “es lo que soy y me gusta”, quieren que todo mundo se convierta en ello, que lo use, que generen una identidad como tal hacia su apasionamiento y todo esto termina generando una auto segregación de la cual culpan posteriormente a las personas que piensan diferente, en muchas ocasiones podemos ver incluso un rol de victimización por ello.
Le recuerdo que, al hablar de temas sociales, hablamos de mayorías y minorías, medias y tendencias, pero jamás de absolutos, pues en estadística sabemos que siempre hay un margen a considerar de holgura, en otras palabras, que no comparten por completo las características del grupo al que se les asocia.
Imaginemos estos panoramas: Por un lado, se conserva todo lo que era en el pasado; para muchos esa sería la manera de verse en una utopía, crecieron en ello, les da comodidad y de acuerdo con sus formaciones, es lo correcto, pero ¿cuántas cosas no habrían mejorado de tantas que eran dañinas para la sociedad, como el racismo, los pocos derechos que tenía la mujer, la apertura al cambio, independencia y crecimiento personal, etcétera… existían grandes áreas de oportunidad.
Por otro lado, si la generación actual fuera dominante e impusiera su pensamiento, el mundo sería el ideal para ellos, una gran apertura, mucho conocimiento a alcance de la mano, avances en la sociedad más tolerante, un concepto más propio de que todos somos humanos sin importar nuestras diferencias físicas… pero también les generaría una serie de carencias importante por el pensamiento radicalizado con relación al paradigma anterior. Lo vemos muy claramente en su estilo de comunicación, la cultura de la cancelación por detalles que pasan en algunas ocasiones desapercibidos para muchos en películas, pero la apertura a mostrar desnudos totalmente innecesarios y fuera de contexto, escenas crudas y morbosas de destazamientos explícitos, un uso del lenguaje altisonante excesivo, vulgar y cada vez más marcado las faltas de respeto y los problemas de hogares disfuncionales.
Estos choques son los que ocasionan el principal problema social, la incapacidad a determinar límites y el temor del legislador a cumplir su función de regular, por el contrario, están eliminando algunas regulaciones sin tener un plan de aceptación o una nueva regulación que permita una convivencia social más pacífica.
Adolecemos de un efecto de polaridad social, tendemos a querer criticar el pasado sin ver nuestro presente y mucho menos pensar en el futuro, lo cual sin duda lo hemos visto en las “filosofías modernas” (o mejor llamarles ideologías modernas) de vivir el momento y morir joven tras disfrutar mucho (o lo que alcanzaron), eso me recuerda al hedonismo que ocasionó la caída del imperio romano…
Muchos idolatran a James Dean y su frase “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver” …
Hay que comenzar a dejar de lado los absurdos sociales, que todos sabemos que existen y son hasta burdos en muchos casos, usar la razón que es lo que nos distingue y educar a la siguiente generación desde nuestras trincheras para generar esa capacidad de discernir, no solo seguir una moda por busca de identidad, pensar de manera social, entender que todos formamos parte del mismo mundo y que por ello debemos aprender a respetar a nuestros semejantes (y no tan semejantes) en vez de rechazarlos y criticarlos, pero ante todo, y quizá más importante, tener mesura, evitar ante todo la polarización y los excesos, siempre coincidimos en la mesura y chocamos en los polos.
“No malgastes más tiempo argumentando acerca de lo que debe ser un buen hombre.
MARCO AURELIO
Trata de ser uno.”
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