Pemex, el gigante endeudado

Ciudad de México, 25/10/24 (Más / IA).- Petróleos Mexicanos (Pemex) enfrenta una severa crisis de deuda que amenaza la continuidad de sus operaciones y la de sus contratistas, quienes son clave en la extracción y procesamiento de crudo.

Los millonarios adeudos de la petrolera estatal han obligado a algunas de estas empresas a suspender parcialmente sus actividades, como es el caso de Opex, una de las firmas que perfora pozos para Pemex. Sin recibir los pagos correspondientes, esta compañía ha tenido que recurrir a financiamientos propios y externos, un recurso que ahora se ha agotado, obligándola a reducir sus operaciones. “Este ajuste no implica una suspensión total de actividades, sino una reducción controlada que nos permitirá mantener una operación segura y eficiente”, afirmó César Granados, director de Opex, en un comunicado.

La deuda de Pemex con sus proveedores alcanzó un récord histórico de 19,700 millones de dólares al cierre de junio de 2024, según datos del propio informe financiero de la empresa. Esta cifra representa un aumento exponencial respecto a años anteriores, exacerbado por una acumulación de obligaciones impagas, que se dispararon durante la pandemia. En 2020, los adeudos sumaban 6,600 millones de dólares, y para 2021 habían ascendido a casi 13,000 millones, un crecimiento continuo que ha afectado a decenas de empresas del sector.

Junto a Opex, otras compañías afectadas son Typhoon Offshore, Cotemar, Tubos de Acero de México y Hokchy Energy, entre otras. En particular, Hokchy Energy inició un proceso de resolución de pagos el año pasado, buscando apoyo incluso de la Secretaría de Hacienda. La situación de estas empresas ilustra el impacto que la falta de liquidez en Pemex ha generado en toda la cadena productiva.

El sureste de México, especialmente las zonas costeras de Tabasco y Veracruz, concentra la mayor parte de los problemas de deuda y parálisis operativa. En estas áreas, la producción de crudo depende en gran medida de empresas contratistas que enfrentan crecientes dificultades para mantener su operación, lo que amenaza la estabilidad productiva en la región y la capacidad de Pemex para sostener y elevar la producción nacional.

En el último año, Pemex ha reducido su producción diaria a 1.5 millones de barriles, un descenso considerable frente a los 2.5 millones de barriles diarios de 2012. Aunque la administración anterior destinó casi un billón de pesos para sanear las finanzas de Pemex, estos recursos se concentraron en reducir los compromisos financieros de la empresa, sin resolver el adeudo con proveedores. Este rezago financiero representa un obstáculo importante para alcanzar la meta de 1.8 millones de barriles diarios que la presidenta Claudia Sheinbaum ha establecido como objetivo para el final de su mandato.

A nivel global, Pemex es ahora la petrolera más endeudada del mundo, con pasivos de casi 100,000 millones de dólares. La deuda acumulada no sólo proviene de sexenios anteriores, sino también de un régimen fiscal que limita su margen de maniobra para destinar recursos al pago de sus contratistas y al desarrollo de nuevos proyectos.

La dependencia de Pemex de financiamientos de alto costo representa un riesgo financiero a largo plazo, que compromete tanto la estabilidad de la empresa como la capacidad del Gobierno de cubrir los adeudos sin afectar aún más el ya frágil balance financiero de la paraestatal.

Esta deuda masiva ha puesto a Pemex contra las cuerdas, y en un contexto de baja producción y altos adeudos con sus proveedores, la posibilidad de que la petrolera nacional recupere su capacidad de producción se ve cada vez más lejana.


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