Peleando por las migajas de una Reforma insuficiente

Por Carlos Ramos

              Terminó la votación de la Reforma Energética pero no debe terminar el debate sobre el rumbo que la política energética de nuestro país debe llevar.  Una propuesta de reforma bastante limitada en sus alcances comparada tanto con las necesidades energéticas de los mexicanos como con las políticas energéticas vanguardistas en otros países del mundo.

Con la reforma energética del 2012 propuesta en los inicios del sexenio de Enrique Peña Nieto, se empezó a transitar en la apertura de los energéticos del país, entendiéndose como apertura la posibilidad de que privados (sin importar si son mexicanos o extranjeros) pudieran participar en algunas partes de los procesos de exploración, explotación y distribución.

Bajo el diagnóstico de que como país no teníamos ni la capacidad técnica ni económica suficiente para explotar petróleo y sus derivados, así como de la energía solar, era necesario sumar la participación de externos para avanzar más rápidamente en su explotación y ponernos a la vanguardia mundial energética, con el propósito de que los mexicanos tuviéramos más opciones energéticas, más baratas, y quitarle participación al estado mexicano en un rubro que impactaba negativamente en las finanzas nacionales. En otras cosas, dejas de meterle dinero público bueno al malo rompiendo los monopolios nacionales.

La reforma del 2012 se logró, y meses después ya teníamos muchas más opciones de gasolineras diferentes a PEMEX. A inicios de este sexenio, fueron las gasolineras extranjeras las que mejor pudieron lidiar con la crisis de “el cierre de los ductos” que López Obrador ejecutó como idea para acabar el huachicoleo. 10 años, despúes, hoy, encontramos opciones de gasolineras como Costco y CargoGas que ofrecen precios más baratos que PEMEX.

Se pudo avanzar a pesar de nuestra idiosincrasia nacionalista y se logró lo que muchos consumidores mexicanos pedían: opciones y competencia.

Posterior a esta reforma, si bien se avanzó en el auto-abasto de energía eléctrica, era de esperarse que tarde que temprano el gobierno decidiera también que el monopolio de CFE se rompiera y de la misma manera se abrieran aún más opciones a privados para participar en las diferentes partes del proceso de la energía eléctrica: generación, transmisión  y distribución de energía eléctrica para uso público.

Pero el proceso gradual de apertura energética se detuvo de golpe con la llegada de un nuevo gobierno de ideas nacionalistas mal entendidas. Defender un monopolio de generación y distribución de energía eléctrica está demostrado ni genera energías más baratas, ni garantiza la cobertura nacional, y mucho menos es saludable para las finanzas públicas, que anualmente devora miles de millones de pesos de un presupuesto insuficiente para las urgencias nacionales que pudiera aplicarse de manera más útil para beneficio de los ciudadanos.

El Indice de Desempeño de la Arquitectura Energética Mundial señala a Noruega como el primer lugar en la producción de energía eléctrica barata, abundante y limpia que además contribuye exitosamente a los ingresos públicos nacionales. Antes de México se encuentran en éste Indice Colombia, Uruguay, Perú, Costa Rica, Brasil, Chile y Paraguay.

En Noruega se tienen 408 opciones de proveedores de energía eléctrica, hoy auto-abastace todas sus necesidades eléctricas y en 2020 fue su año récord en generación de energía eólica.

En 2004, la entonces empresa estatal Statkraft se reorganizó como una sociedad anónima bajo la propiedad del estado, fijándose como objetivo ser la empresa líder en Europa en energía compatible con el medio ambiente en viento, agua y gas al que posteriormente incorporó la energía solar. Hoy es un ejemplo de como una empresa estatal puede re-invertarse y autotransformarse en un caso de éxito.

Casualmente, ningún país de la OPEP aparece dentro de las primeras 50 posiciones en el Indice de Arquitectura Energética. Estados Unidos, que ocupa el lugar 55, destaca por permitir que tanto empresas privadas como públicas puedan participar en la generación, transmisión y/o distribución de energía eléctrica, tanto a nivel estatal, municipal o federal. Incluso permite sistemas cooperativos.

Hoy en Estados Unidos hay 3,199 generadores de energía eléctrica con un marco regulatorio definido en función del tipo de aprovechamiento que se le dará. Los ciudadanos estadounidenses tienen opciones para decidir su proveedor de energía eléctrica y este debería ser uno de los elementos que una reforma eléctrica vanguardista debería estarse debatiendo. Pero el debate será otro, muy muy limitado.

La pelea, la pasada discusión de la reforma energética propuesta eran apenas las migajas de una reforma energética en la que debería estarse discutiendo para que a través de la competencia y participación privada regulada por el estado mexicano nos diera opciones a los ciudadanos y empresas nacionales la oportunidad de decidir a quien y a que precio contratar energía eléctrica.

De los nuevos posibles empleos generados, los nuevos ingresos tributarios y la disminución de las millonarias pérdidas en CFE para oxigenar al presupuesto federal luego hablamos.


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