NÚMEROS CONTRADICTORIOS

Por Horacio Cárdenas Zardoni

El día de la comparecencia del secretario de finanzas del gobierno del estado, Blas José Flores Dávila ante el Congreso del Estado, manifestó que la deuda que el gobierno de Coahuila viene arrastrando desde hace más o menos diez años, deberá estar pagada para 2045 o 2048. Ningún funcionario acude por su propio gusto ante el pleno del congreso, y hacen lo imposible por comparecer solamente ante las comisiones relacionadas con su área, sin embargo aquí en Coahuila la ley sigue siendo la ley, no como en otros lados, y si esta dice que luego de rendir su informe el gobernador del estado, toca el turno a los secretarios de despacho para puntualizar ante los legisladores lo que expuso a grandes rasgos el mandatario, pues ni modo, a cumplir con ese engorroso y pocas veces amable trámite, que al final, dos, tres, cuatro horas se van rápido, y para los que son políticos de a de veras, el ejercicio les sirve de calistenia para no enmohecerse, y a los que no son tan políticos, pues para bajarse de la nube donde les gusta cómodamente estar.

Es difícil, por no decir imposible, estar preparado para responder todas las preguntas que los diputados pueden plantear. De los que se puede esperar algo tranquilo, casi casi para el lucimiento del funcionario y del legislador, son las que exponen los del PRI y los partidos afines, a veces hasta se dan el lujo de mandarlas por adelantado, o ya en el colmo del espectáculo, que de allá arriba le manden a los diputados aquellos temas que hay interés que se ventilen, y para los que el funcionario estudia para que salga al puro tiro. Pero con los diputados de oposición no se puede tener la misma certeza ni confianza, al contrario, se puede esperar que tiren a matar, que se metan en los temas más espinosos, y que incluso intenten destantear al compareciente tocando asuntos personales, totalmente ajenos a su acción como parte de la administración pública, además de que lo harán de tal forma que, conscientes que no tienen todo el tiempo del mundo, lo aprovechen al máximo con cuestionamientos difíciles, antes de que decaiga la atención.

No sabemos si Blas se puso de nervios, si no esperaba la pregunta tan directa, o si por el contrario, trae en la baraja las distintas opciones e implicaciones, que la barajó de esa manera aparentemente imprecisa. Los legisladores y ahora sí que sus representados, el pueblo de Coahuila hubiera preferido una fecha exacta, la primera o la última, pero no una referencia que deja demasiado a la especulación, cuatro años es un tiempo de gracia excesivamente holgado, dando la impresión de que, o al funcionario encargado de los dineros lo agarraron movido con una pregunta que era obligado que le hicieran y que respondiera, o que la situación es tan compleja que ni aún quien tiene todos los datos, le encuentra la cuadratura al círculo.

Dicen que los economistas son los profesionales que se pasan la mitad del tiempo planeando cómo harán las cosas, y la otra mitad del tiempo tratando de explicar porqué no salieron como las habían planeado. Eso está bien para quienes en los gobiernos y en las empresas se dedican a las funciones de planeación, pero para quienes ejercen el gasto público, para quienes cobran impuestos para que el gobierno cumpla programas y realice proyectos, esta definición nomás no funciona. Lo que esperan los jefes de los encargados de las finanzas es que cumplan sus pronósticos, y en el caso que fallen, que ofrezcan las alternativas más adecuadas, porque la población no entiende explicaciones de alta economía que perciben como pretextos.

Pero luego de la comparecencia y sus complicaciones vino una situación que no se tenía prevista, o de la que no se había informado, y para la que quien sabe si los diputados que habían recibido hacía pocos días al secretario de finanzas estaban avisados, la de que regresaría para presentar una iniciativa de decreto para el refinanciamiento de la deuda pública estatal, el tema en el que había patinado el funcionario en su presentación anterior.

En concreto se solicitó y se obtuvo, como no podía ser de otra manera, la autorización para efectuar el refinanciamiento de hasta 36 mil 902.27 millones de pesos, o… el monto total de los saldos pendientes de cubrir al momento de suscribir los contratos del dinero objeto del refinanciamiento.

Ese es el meollo, debidamente recubierto de las promesas y compromisos de ejercer un manejo prudente de la deuda pública, y fortaleciendo las finanzas gubernamentales, lo de cajón pues, lo que nadie va a reclamar en el corto plazo y cuando hubiera algo que cuestionar, habrá pasado demasiado tiempo como para encontrar la hebra.

Donde el asunto parece casi de magia es donde se dice que lo que se busca y se está en vías de lograr, es una baja en el monto de los intereses de la deuda coahuilense, sin que esto implique un mayor plazo para el pago de la misma, los únicos dos factores que tradicionalmente se mueven a la hora de las renegociaciones, y que al menos en el discurso, es lo que se estaría consiguiendo.

Todo correcto hasta allí, aunque nos gustaría la promesa de hierro de que el 2048, para quienes estén vivos ese año, sea el último plazo para el pago de la deuda, y no la recorran otros veinte, cincuenta o cien años. pero luego nos topamos con una nota aparecida en El Financiero, que dice que el gobierno federal está pagando por su deuda la tasa de interés más alta en los últimos 21 años. Derivado de la inflación, poco menos que incontrolada, la tasa de los Certificados de la Tesorería emitidos por el gobierno federal, alcanza ya el 10.20%, convirtiéndose en una pesada carga para la administración pública, que tiene que cubrir el capital y el premio. Está claro que la deuda de Coahuila no está en certificados, sino contratada con bancos, pero en una época en la que los intereses están subiendo por todos lados, es raro que Coahuila haya encontrado la manera de negociarlos a la baja, a menos claro que haya por allí algo que no nos están diciendo, o que lo que nos están diciendo sea lo contrario de lo que realmente está pasando, lo cual no sería ninguna novedad, por lo pronto está la enorme curiosidad de cómo le halló Blas la forma de sacarle la vuelta a una situación que trae a todos los tesoreros de cabeza.


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