Cuatro Poderes
Jorge Arturo Estrada García
Morena se agrieta. El castillo que Andrés Manuel construyó con ladrillos y piedras, de todos los tamaños y calañas se cimbra. Fueron demasiados excesos y los escándalos explotan. Se desata la guerrilla interna. Los morenistas se atacan con fiereza. La corrupción los delata. Ya desde el extranjero llega la etiqueta de narcoestado.
El desgaste de Morena no proviene de una falta de apoyo popular masivo, sino de una pérdida de legitimidad ética. La percepción de una corrupción descarada y la normalización del abuso de poder han creado una molestia ciudadana creciente que choca frontalmente con la propaganda oficial
La corrupción y las complicidades del movimiento morenista han generado un desgaste significativo en su percepción ciudadana, así se establece una contradicción profunda entre su discurso de «superioridad moral» y la realidad del régimen y sus integrantes.
No ess un derrumbe súbito, pero sí un crujido constante. Demasiados excesos, demasiados escándalos acumulados bajo la alfombra del discurso moral. Hoy, la guerrilla interna se desata sin pudor: morenistas contra morenistas, acusaciones cruzadas, expedientes filtrados y un enemigo común que ya no está afuera, sino adentro.
El desgaste no proviene de una estampida ciudadana. La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene niveles de aprobación altos en términos generales. El problema es otro: la legitimidad ética. Según la encuesta de El Financiero al cierre de 2025, el 80% de los mexicanos desaprueba el manejo gubernamental de la corrupción. En apenas seis meses, ese rechazo pasó del 66% al 76%. La corrupción es ya el segundo problema más grave del país, sólo detrás de la inseguridad. Esa cifra es un enorme boquete en la línea de flotación del movimiento.
La “superioridad moral”, bandera fundacional del obradorismo, enfrenta su colapso narrativo. La promesa de “limpiar la casa” terminó estrellada con denuncias de negocios turbios al amparo del poder. Ciudadanos que votaron por un cambio ético observan ahora a funcionarios guindas replicar las viejas corruptelas. La contradicción entre discurso y realidad es grande ya: es la grieta estructural que erosiona la confianza. Veremos.
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