Ciudad de México, noviembre 19. La migración de las mariposas monarca enfrenta un riesgo creciente durante su tránsito por México debido a la pérdida y deterioro de sus hábitats de hibernación, la deforestación, el cambio climático y la reducción de sus fuentes de alimento.
Cada año, estos insectos recorren más de 5 mil kilómetros desde Canadá y Estados Unidos para llegar al país entre finales de octubre y principios de noviembre, pero especialistas advierten que, de mantenerse las tendencias actuales, este fenómeno migratorio podría desaparecer hacia 2090.
De acuerdo con información de Animal Político, los principales puntos de encuentro de la especie en México son el Estado de México y Michoacán, donde se ubica la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. En esta zona predominan bosques de pino, encino y, sobre todo, de oyamel, especie Abies religiosa considerada clave para la hibernación de las mariposas porque su densa estructura de copas las protege del frío y les ayuda a conservar sus reservas de grasa. Sin embargo, el estudio Establecimiento de sitios de hibernación para la mariposa monarca en climas futuros advierte que, a consecuencia del cambio climático, el hábitat que hoy se encuentra en la reserva podría desaparecer hacia el año 2090, lo que pondría en riesgo la continuidad de la migración hacia México.
Ek del Val de Gortari, bióloga y doctora en ecología, detalla que la aceleración del cambio climático, las sequías más frecuentes, la presencia de partículas de azufre en la atmósfera superior y el aumento del riesgo de incendios por altas temperaturas pueden llevar a los bosques de México y del mundo a un punto crítico de declive forestal. Según la especialista, es probable que en los próximos años los árboles de oyamel en la reserva no puedan mantenerse en los escenarios de cambio climático, lo que genera incertidumbre sobre si las mariposas seguirán migrando al país o si dejarán de hacerlo debido a la ausencia de bosques que les permitan hibernar.
La deforestación provocada por actividades humanas es otro factor que afecta directamente a las mariposas monarca, ya que destruye su hábitat de hibernación en los bosques de oyamel y las zonas de refugio, reduciendo los espacios adecuados para protegerse de la lluvia y el frío. A esto se suma un problema en la etapa larvaria, cuando las monarcas dependen de una planta llamada algodoncillo, considerada maleza en cultivos agrícolas. El uso del herbicida glifosato, uno de los más empleados en Estados Unidos, ha eliminado gran parte del algodoncillo, dejando a las larvas sin alimento. De acuerdo con Ek del Val, las mariposas están siendo afectadas por todos los frentes: cambio climático, deforestación en México y pérdida de alimento, lo que ha reducido su población de forma drástica.
Víctor Sánchez Cordero, doctor en recursos naturales y exdirector del Instituto de Biología de la UNAM, explica que las mariposas monarca son conocidas por una migración multigeneracional entre México y Canadá. Un solo ciclo de ida y vuelta puede abarcar hasta 5 mil kilómetros y requiere varias generaciones para completarse. Las mariposas que nacen en verano no migran hacia el sur con la misma generación de sus abuelos, pero son precisamente las nacidas en esa estación las que emprenden el viaje de regreso a los santuarios de hibernación en México.
Las monarcas que arriban al país provienen de la región ubicada entre las Montañas Rocallosas y los Grandes Lagos. Su ruta desciende por la Sierra Madre Oriental, entra al Altiplano por las montañas más bajas y culmina en los bosques de la Reserva de la Biosfera. Cuando llega la primavera, las mariposas que hibernan en México se reproducen y vuelan hacia el norte para colocar huevos, dando inicio a la siguiente generación que continuará el recorrido migratorio.
Durante la temporada de hibernación 2024-2025, el Fondo Mundial para la Naturaleza reportó la presencia de ocho colonias de mariposa monarca. Tres se localizaron dentro de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca y cinco fuera de este territorio. La ocupación total fue de 1.79 hectáreas de bosque, lo que representó un incremento de 50.2 por ciento en comparación con el periodo 2023-2024, cuando solo se registraron 0.90 hectáreas. No obstante, en la perspectiva de los últimos años, la disminución ha sido significativa. En 2018-2019 se alcanzaron 6.05 hectáreas, mientras que en 2019-2020 la cifra cayó a 2.83 hectáreas. Entre 2020 y 2022-2023 los registros anuales fueron de 2.10, 2.82 y 2.21 hectáreas, respectivamente, antes de caer nuevamente a 0.90 hectáreas en 2023-2024 y recuperarse apenas 0.89 hectáreas para llegar a 1.79 en 2024-2025.

Ek del Val indica que el monitoreo de la mariposa monarca en México comenzó en 1994 y desde entonces la disminución de la especie ha sido muy marcada. Precisa que no existe un número exacto de individuos porque es imposible contarlos uno por uno, por lo que la medición se basa en las hectáreas de bosque ocupadas cada año. Sánchez Cordero puntualiza que, en los últimos años, las mariposas ya no se congregan únicamente en la reserva, pues se han registrado avistamientos en estados como Oaxaca y Yucatán. Sin embargo, la falta de monitoreos precisos impide saber si la disminución de la superficie ocupada se debe a una distribución más dispersa en sitios distintos a los tradicionales o a una reducción real de la población.
Para enfrentar este panorama, Ek del Val señala que pueden implementarse medidas a nivel federal para apoyar la migración. Las colonias que no llegan a la reserva carecen de las protecciones de esta área natural, por lo que una de las iniciativas clave es identificar el corredor migratorio y revisar la vegetación disponible en las zonas de paso. Si no es suficiente, se propone colocar plantas en abundancia para que las mariposas desciendan a alimentarse del néctar. La especialista recuerda que durante su viaje las monarcas atraviesan entidades como Coahuila y San Luis Potosí, por lo que sería necesario consolidar un corredor biológico que les permita descansar, alimentarse y continuar su ruta.
La experta subraya que también hay acciones que pueden realizarse a nivel individual. Una de las más importantes es informarse sobre la situación de la mariposa monarca e involucrarse, en la medida de lo posible, en proyectos de conservación de bosques, ya sea mediante aportaciones económicas o trabajo voluntario. Otra medida es sembrar flores y diversidad de vegetación en jardines y espacios urbanos para que las mariposas tengan puntos de alimentación durante su trayecto, una práctica que ha demostrado ser útil para apoyar la migración.
Por su parte, Sánchez Cordero considera que la sociedad puede sumarse a programas de ciencia ciudadana mediante el registro de avistamientos de mariposas, larvas y huevos. Estos proyectos permiten recopilar datos a gran escala para comprender mejor la ruta migratoria y contribuir a su conservación. En México, uno de los proyectos destacados es el Programa Correo Real, en el que las personas pueden reportar la presencia de la especie y formar parte de una red de monitoreo ciudadano.
Entre las iniciativas científicas se incluye la migración asistida, que consiste en establecer poblaciones de determinadas plantas fuera de su área de distribución natural para anticiparse a los cambios en el clima. Un estudio de la UNAM señala que el movimiento natural de las poblaciones vegetales no es lo suficientemente rápido para alcanzar las zonas donde las condiciones climáticas serán más adecuadas. En el caso del oyamel, el clima apropiado se encuentra en montañas más altas que las de la actual reserva, como el Nevado de Toluca, en el Estado de México, y La Malinche, en la frontera entre Tlaxcala y Puebla. Expertos consideran que el Nevado de Toluca puede convertirse en un nuevo refugio para la mariposa monarca, ya que algunas colonias de la especie ya han comenzado a establecerse en ese lugar.
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