Los esfuerzos gubernamentales no han evitado el reclutamiento de adolescentes por parte de grupos delictivos
Ciudad de México, 12/08/24 (Más / IA).- La violencia en México sigue cobrando víctimas a edades cada vez más tempranas.
En un país donde el crimen organizado ha permeado múltiples niveles de la sociedad, la realidad de los menores presos por delitos revela un panorama en el que jóvenes y niños no solo son víctimas de la violencia, sino también sus perpetradores.
De acuerdo con el Censo Penitenciario 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México hay actualmente mil 274 menores encarcelados por diversos delitos. De estos, 916 (el 72 por ciento) están acusados de crímenes relacionados con el crimen organizado.
Los delitos más comunes entre estos jóvenes son los cometidos contra la seguridad pública, con 377 casos; homicidios, con 299; y delitos relacionados con narcóticos, como el narcomenudeo, que suman 240 casos.
Estos números subrayan una realidad preocupante: el creciente involucramiento de menores en actividades delictivas graves, que en muchos casos los llevan a enfrentarse a penas de internamiento definitivo. Además, el 25 por ciento de estos menores no tiene ningún nivel de escolaridad o solo han cursado estudios básicos, lo que refleja un fuerte vínculo entre la falta de educación y el riesgo de caer en actividades delictivas.
A pesar de los esfuerzos gubernamentales para reducir el reclutamiento de jóvenes por parte de grupos delictivos, los resultados han sido limitados.
Durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se han invertido más de 100 mil millones de pesos en programas de becas destinados a prevenir que los jóvenes caigan en actividades delictivas. Sin embargo, los esfuerzos no han logrado reducir de manera significativa la violencia que afecta a los menores.
El especial periodístico “México Destruyendo el Futuro”, de Animal Político, revela que, en los primeros tres años del actual sexenio, casi 40 mil jóvenes de hasta 29 años fueron asesinados, un incremento significativo en comparación con administraciones anteriores. Esta tendencia evidencia que los intentos por alejar a los jóvenes de la violencia siguen siendo insuficientes.
El caso de Said N, alias “El Chapito”, un adolescente de 14 años que, junto a otros individuos, fue responsable de un ataque armado durante una fiesta en Chimalhuacán en 2023, ilustra la escalada de violencia entre menores. Este ataque dejó ocho muertos y siete heridos, incluidos niños. Este y otros casos similares ponen en evidencia la crueldad de la violencia en la que están inmersos muchos menores en México.
La situación dentro de los centros de internamiento tampoco es alentadora. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha documentado múltiples casos de abusos contra los jóvenes recluidos, incluyendo mala alimentación, falta de higiene y atención médica, y hasta abusos sexuales. Estas condiciones deplorables no solo violan los derechos humanos de estos menores, sino que también dificultan su reintegración a la sociedad, perpetuando un ciclo de violencia y criminalidad.
A pesar de los programas gubernamentales y las iniciativas de diversas organizaciones para proteger a los menores, la realidad demuestra que queda mucho por hacer. La violencia sigue marcando la vida de miles de niños y jóvenes en México, ya sea como víctimas o como victimarios, y hasta que no se aborden de manera integral las causas de este fenómeno, es poco probable que la situación mejore.
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