Ciudad de México, 09/03/26 (Más).- México ha utilizado la técnica de fracturamiento hidráulico o “fracking” en más de 8 mil pozos petroleros desde mediados de la década de 1990, acumulando más de 36 mil procesos de fractura en distintas regiones del país, de acuerdo con reportes especializados sobre la actividad de la industria energética.
Según información publicada por El País, esta técnica de extracción –que utiliza grandes cantidades de agua mezclada con arena y compuestos químicos para fracturar rocas profundas y liberar hidrocarburos– se ha aplicado principalmente en proyectos de exploración y explotación de gas y petróleo no convencionales.
El uso del fracking en México se intensificó entre 2003 y 2018, periodo en el que se realizaron alrededor de 30 mil fracturaciones hidráulicas, equivalentes a cerca del 95% del total registrado en el país. Durante esos años, Petróleos Mexicanos (Pemex) impulsó diversos proyectos de exploración y producción en yacimientos no convencionales.
Uno de los principales proyectos fue el Aceite Terciario del Golfo, que abarca el norte de Veracruz y parte de Puebla, donde la empresa estatal utilizó esta técnica para evaluar y explotar hidrocarburos atrapados en formaciones geológicas complejas.
Pemex identifica al menos cinco provincias geológicas con potencial para la extracción de gas y petróleo mediante fracturamiento hidráulico: Chihuahua, Sabinas-Burro-Picachos, Burgos, Tampico-Misantla y Veracruz. De acuerdo con el reporte, estos proyectos han continuado recibiendo financiamiento público incluso en los años en que el Gobierno federal redujo su promoción.
El fracking consiste en perforar inicialmente un pozo vertical y posteriormente desviar la perforación de forma horizontal para alcanzar el yacimiento. Posteriormente se realizan perforaciones en la roca y se inyecta una mezcla compuesta aproximadamente por 90% de agua, arena y aditivos químicos que fracturan la formación geológica, permitiendo la liberación de hidrocarburos.
Especialistas señalan que este método requiere enormes volúmenes de agua y utiliza sustancias químicas que pueden resultar altamente tóxicas, lo que ha generado críticas por parte de organizaciones ambientales y sectores de la comunidad científica.
Un informe reciente de la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte documentó casos de escasez y contaminación de agua relacionados con proyectos de fracturamiento hidráulico en el estado de Nuevo León. El estudio analizó dos pozos exploratorios perforados entre 2013 y 2014, donde se emplearon millones de litros de agua en cada proceso.
Uno de estos pozos utilizó cerca de 12 millones de litros de agua, mientras que otro requirió alrededor de 25 millones de litros. Como referencia, una piscina olímpica contiene aproximadamente 2.5 millones de litros de agua.
El informe también señala que parte de los fluidos utilizados en la fracturación –que regresan a la superficie con aditivos químicos, sales y metales pesados– fueron posteriormente reinyectados en el subsuelo en lo que se conoce como pozos de desecho.
La posible reactivación de esta técnica ha vuelto al centro del debate energético en México luego de que el gobierno federal incluyera en el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 la evaluación de yacimientos de geología compleja, término utilizado para referirse a formaciones donde normalmente se requiere fracturamiento hidráulico.
Durante el sexenio anterior, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador prometió prohibir el fracking, aunque en los hechos la técnica no desapareció completamente. Diversas solicitudes de información señalan que al menos un centenar de pozos en estados como Veracruz y Puebla fueron fracturados durante ese periodo.
Además, aunque se preparó un decreto presidencial para establecer una moratoria sobre el fracking hasta contar con mayor evidencia científica sobre sus impactos ambientales, el documento nunca fue firmado.
Actualmente, el debate continúa en torno al futuro de esta tecnología en México, en medio de las tensiones entre la necesidad de fortalecer la producción energética y las preocupaciones por los impactos ambientales y sociales asociados a su uso.
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