A pesar de los cambios en los métodos de desinfección, la prohibición europea al pollo estadounidense persiste por diferencias en estándares sanitarios
Washington, 26/04/25 (Más).- En medio de la ofensiva comercial lanzada por Donald Trump desde su regreso a la Casa Blanca, una vieja disputa entre Estados Unidos y Europa ha vuelto a tomar relevancia: la prohibición europea a la importación de pollo estadounidense, vigente desde 1997 por diferencias en estándares sanitarios. Mientras la Unión Europea y Reino Unido mantienen su negativa a aceptar carne avícola de EE.UU., México se consolida como el principal comprador mundial de pollo estadounidense.
El secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, criticó recientemente la postura europea, afirmando que «odian nuestra carne, porque la nuestra es hermosa y la suya débil». La Casa Blanca emitió también un comunicado acusando a Reino Unido de mantener normas «no basadas en la ciencia» que restringen las exportaciones cárnicas estadounidenses.
Desde hace décadas, las diferencias entre los sistemas de control sanitario en ambos lados del Atlántico han impedido la entrada del pollo estadounidense a Europa. Mientras en EE.UU. es habitual el uso de métodos postcosecha, como el rociado de las aves con sustancias desinfectantes, en Europa se privilegian las medidas preventivas en las granjas, como la vacunación de los animales.
La práctica estadounidense más criticada fue el uso de baños de cloro en los pollos, una técnica que, aunque hoy está en desuso, dejó una profunda desconfianza en los consumidores y reguladores europeos. Actualmente, las plantas procesadoras estadounidenses emplean mayormente ácidos orgánicos, como el ácido peracético, en lugar de cloro.
Sin embargo, las autoridades europeas mantienen su veto, argumentando preocupaciones sobre la seguridad a largo plazo del uso de agentes desinfectantes en la carne. «No se trata solo de los químicos, sino de toda una filosofía sobre la producción y el consumo de alimentos», explica Byron Chaves, experto en seguridad alimentaria de la Universidad de Nebraska-Lincoln.
Mientras tanto, en América Latina el panorama es diferente. Según cifras del Departamento de Agricultura de EE.UU., México es el mayor destino de las exportaciones de carne de pollo estadounidense, con compras por unos mil 500 millones de dólares en 2024. Esta cifra sitúa a México no sólo como el principal mercado en la región, sino como el más importante a nivel mundial para el pollo estadounidense.
Las regulaciones mexicanas limitan la importación de pollo solo en casos de brotes de gripe aviar en ciertas zonas de EE.UU., pero en general permiten la entrada del producto. Otros países de América Latina, como Cuba, Guatemala, República Dominicana, Colombia y Costa Rica, también importan pollo estadounidense, aunque en menor volumen.
El éxito del pollo de EE.UU. en América Latina contrasta con su exclusión de Europa, evidenciando las distintas prioridades regulatorias entre ambas regiones. Mientras Europa prioriza métodos de producción más restrictivos, América Latina, y especialmente México, han abierto su mercado, favoreciendo la expansión de la industria avícola estadounidense.La reactivación del conflicto por el «pollo clorado» ilustra los desafíos que enfrenta Trump en su agenda comercial global. Aunque el gobierno estadounidense insiste en que sus productos son seguros y de alta calidad, la negativa europea a cambiar sus normas parece firme, al menos por ahora. En contraste, México reafirma su papel como socio estratégico para el sector avícola de Estados Unidos, en un contexto de crecientes tensiones comerciales internacionales.

