Editorial

México en jaque: Trump mueve las piezas

La 4T perdió su narrativa. El país, dividido y exhausto, paga las consecuencias del populismo y la soberbia.

Por: Jorge Arturo Estrada

México está en jaque. Le toca a Donald Trump mover sus piezas, siempre más poderosas. Siempre, con ventaja. La tormenta avanza y amenaza con convertirse en huracán. Desde Washington se dictan plazos y condiciones. La soberbia y la impunidad siguen siendo la marca de la casa en México. Sin embargo, el T-MEC se ha vuelto indispensable para mantener la viabilidad nacional. Somos, otra vez, un país sin petróleo, endeudado hasta el cuello, sin desarrollo y asfixiado por la violencia. Cada día se suman más asesinatos, más desaparecidos, más miedo.

El tejido social está roto y el país polarizado. La demagogia se desgasta. La narrativa épica de la Cuarta Transformación ya no convence a nadie. Los recursos se agotan, los discursos también. El gobierno, que se asumía como redentor, carga ahora con las mismas culpas que denunciaba. La corrupción, el nepotismo y la impunidad ya no son ajenos: son parte de su ADN político. La moral, ese recurso retórico que tanto explotaron, se ha evaporado.

Del otro lado del río Bravo, Trump avanza fortalecido. Su política exterior se endurece, sus alianzas se reacomodan. En casa, los demócratas apenas resisten. En el tablero internacional, Trump mueve con ventaja: China, Rusia, Oriente Medio, y Venezuela son piezas que utiliza con maestría. Mientras tanto, en México, el Estado de Derecho es un cadáver, y la democracia un ritual vacío. Las oportunidades del nearshoring se escapan entre los dedos: la inversión desconfía de un país sin certeza ni ley.

Siete años después, las figuras de Morena ya están más manchadas que sus antecesores. El poder los corrompió igual, o más. Las rutas del dinero conducen a los mismos destinos: Tabasco, es el pantano del poder. En el mundo, México es señalado como narcoestado, gobernado por una élite enriquecida bajo la bandera del pueblo bueno. La izquierda que juró cambiar el sistema, terminó replicándolo. No sólo están embarrados, están hundidos.

El T-MEC se convierte, irónicamente, en la tabla de salvación. Los mismos políticos, “de izquierda”, que lo rechazaron en los noventa hoy lo anhelan, para sostener a su régimen. La historia, como siempre, es una sátira cruel: los autoproclamados “progresistas” dependen del libre comercio. Trump lo sabe, y juega con ello. Al final, será él quien dicte las condiciones. Porque México, otra vez, se encuentra de donde no hemos podido salir: a merced del vecino del norte. Veremos.


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